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Economía
Setas

José Ignacio Gómez, micólogo, sobre el auge de la recogida de setas: «Si no se sabe, no se coge»

Ahora que ya estamos en otoño, con las primeras lluvias y un ligero descenso de temperaturas, son muchos los que esperan con ganas que arranque la temporada de setas, para volver al monte con sus cestas, esperando encontrar boletus o algunas de las especies que siempre aparecen en nuestros bosques. Para los más aficionados con experiencia es una tradición más de estos meses, pero también hay quienes se animan por primera vez sin conocer demasiado bien lo que pueden encontrarse.

Y es entonces cuando pueden surgir problemas si no sabemos bien qué cogemos y qué nos llevamos a casa para comer. José Ignacio Gómez, de la Sociedad Micológica de Ciudad Rodrigo, lo explicaba hace un tiempo en La Crónica de Salamanca con una frase que no deja demasiado margen para interpretaciones: «Si no se sabe, no se coge». El consejo puede parecer exagerado pero lo cierto es que puede darse el caso de que tengamos dos especies parecidas y una de ellas sea tóxica.

José Ignacio Gómez, micólogo, sobre el auge de la recogida de setas: «Si no se sabe, no se coge»

No existe un truco que permita mirar una seta y saber inmediatamente si es comestible. De hecho, el experto explica que tampoco existe un determinado color, ni un anillo, y tampoco el lugar donde ha crecido es  suficiente para identificarla. El micólogo habla en cambio de más de 2.000 especies y recomienda algo bastante lógico para quien quisiera empezar: salir acompañado por una persona que realmente conozca la materia. También aconseja acudir a asociaciones micológicas, consultar buenas guías y dedicar tiempo a aprender antes de decidir qué acaba dentro de la cesta.

Porque el parecido puede jugar una mala pasada. Quien lleva años estudiando setas sabe en qué detalles tiene que fijarse, pero para alguien que empieza muchas pueden parecer prácticamente iguales. Guiarse únicamente por una fotografía que hemos visto antes tampoco es una garantía. Por este motivo, las salidas organizadas por asociaciones micológicas son una alternativa para quienes quieren aprender. La Sociedad Micológica de Ciudad Rodrigo, por ejemplo, organiza excursiones en las que después se identificaban los ejemplares recogidos. Así se puede comprobar sobre el terreno qué se ha encontrado y, sobre todo, aprender qué no deberíamos llevarnos para comer.

El peligro de equivocarse al identificar una seta

Una mala elección puede quedarse en un problema gastrointestinal, pero también puede tener consecuencias mucho más serias. No todas las especies tóxicas producen los mismos efectos y algunas intoxicaciones afectan a órganos como el hígado o los riñones. Una de las especies que más respeto merece es la Amanita phalloides. También conocida como oronja verde, puede provocar intoxicaciones muy graves y el problema añadido es que los síntomas no tienen por qué aparecer inmediatamente después de comerla.

Precisamente el tiempo que pasa desde que se ingiere una seta hasta que aparecen las primeras molestias es uno de los datos que los médicos tienen en cuenta cuando existe una posible intoxicación. Por eso, si después de comer setas aparecen síntomas o existen dudas sobre lo que se ha consumido, lo prudente es buscar atención sanitaria y no esperar simplemente a que pase. Tampoco sirve confiar en los trucos que se han transmitido durante años para reconocer las especies peligrosas. La recomendación de Gómez es mucho más sencilla: si no podemos identificar un ejemplar con seguridad, se queda donde estaba.

Las setas que todos quieren encontrar en otoño

No todo son especies peligrosas. El motivo por el que cada otoño tanta gente sale al campo está también en el valor gastronómico de muchas de ellas. Los boletus son probablemente uno de los grandes premios de cualquier salida, aunque las setas de cardo cuentan también con una larga tradición en muchas zonas de España. Gómez menciona además la chantarela, los parasoles o el huevo de rey entre los ejemplares apreciados por los aficionados. Pero conocer el nombre y el aspecto de unas cuantas setas comestibles no es suficiente para lanzarse a recoger cualquier ejemplar parecido.

Además, la temporada cambia mucho de un año a otro. La lluvia, la humedad, las temperaturas e incluso la llegada de las primeras heladas influyen en la aparición de los hongos. De este modo, se dan otoños en los que basta con unos días de lluvia para que el campo cambie rápidamente y otros en los que las condiciones retrasan o reducen mucho la temporada.

No todo consiste en llenar la cesta

Hay otra cuestión que a veces queda en segundo plano cuando empieza la temporada. Las setas no están en el monte únicamente para que las recojamos. Los hongos forman parte del ecosistema y muchos mantienen relaciones con árboles y plantas que resultan importantes para el bosque. De este modo, desde la Sociedad Micológica de Ciudad Rodrigo se advierte de los efectos que puede tener una recogida excesiva ya que si cada vez sale más gente y el objetivo es regresar con la cesta lo más llena posible, la presión sobre determinadas zonas aumenta. Por eso hay que conocer también las normas del lugar al que vamos y recoger únicamente lo permitido.