El BCE sube los tipos al 2,5% y seguirá subiéndolos: Trump y China amenazan con reavivar la inflación
El mercado empieza a descontar que el ciclo de subidas todavía no ha terminado
Ya es oficial, el Banco Central Europeo eleva este jueves en 25 puntos básicos la facilidad de depósito, hasta el 2,5%, mientras el mercado empieza a descontar que el ciclo de subidas todavía no ha terminado. Los mercados anticipan al menos dos aumentos adicionales, aunque dentro del propio BCE existen posiciones divididas sobre los próximos pasos.
El movimiento llega en un momento especialmente incómodo para la institución: el petróleo se sitúa por encima de los 100 dólares y vuelve a presionar sobre la inflación, mientras la economía europea muestra más resistencia de la prevista. El problema es que el origen de parte de ese repunte de precios está en la energía.
En este sentido, desde XTB advierten que encarecer el crédito no resuelve una escasez energética: puede reducir consumo e inversión mientras hogares y empresas ya afrontan una factura de importación más elevada.
Europa corre así el riesgo de pagar dos veces el shock energético: primero a través de una energía más cara y después mediante un crédito más caro. El encarecimiento de la financiación ya afecta a empresas, hogares y gobiernos incluso antes de que se produzcan nuevas decisiones del BCE.
Y esta posibilidad de que el endurecimiento monetario continúe ya no es sólo una hipótesis. Según Crédit Mutuel Asset Management, la curva de tipos descuenta una subida adicional de 25 puntos básicos en septiembre y asigna una probabilidad del 52% a otra subida en diciembre. En conjunto, el mercado anticipa alrededor de 60 puntos básicos de endurecimiento hasta mediados de 2027, lo que llevaría el tipo de depósito hacia el 2,8%.
La firma destaca además que la inflación ya no puede analizarse únicamente desde el frente energético. La inflación de servicios se mantiene en el 3,3% y los salarios crecieron un 3,5% durante el primer semestre de 2026, señales que apuntan al riesgo de que las presiones sobre los precios se extiendan más allá de la energía.
Ahí está una de las claves para el BCE. Si el encarecimiento del petróleo acaba trasladándose a salarios, servicios y expectativas de inflación, el argumento para mantener una política restrictiva ganaría fuerza. Pero si el principal impulso procede del shock de suministro energético, nuevas subidas podrían terminar castigando una economía que ya soporta una financiación más cara.
Trump mete más presión
El problema tampoco termina en Europa ya que al otro lado del Atlántico, EEUU afronta su propia combinación de petróleo caro, deuda elevada y presión sobre los tipos de interés.
Desde XTB señalan que la rentabilidad del bono estadounidense a diez años ronda ya el 4,85% pese a que el Tesoro ha elevado hasta 6.000 millones de dólares el importe máximo de su próxima recompra de bonos. Al mismo tiempo, el petróleo por encima de los 100 dólares vuelve a complicar el escenario inflacionista.
Por si fuera poco, Donald Trump ha prometido un pago de 5.000 dólares a cada ciudadano adulto si los republicanos mantienen el control de ambas cámaras del Congreso. La medida tendría que ser aprobada por el legislativo y todavía no tiene definidos sus detalles de financiación, pero su potencial efecto económico genera dudas.
Con el petróleo por encima de los 100 dólares y restricciones en el suministro energético, un estímulo de este calibre podría impulsar la demanda justo cuando la oferta tiene dificultades para responder al mismo ritmo. En ese escenario, una medida destinada a aliviar la pérdida de poder adquisitivo podría terminar añadiendo presión sobre los precios.
Nuevo dilema para el BCE
Las nuevas previsiones del BCE serán determinantes para saber hasta dónde está dispuesto a llegar. El mercado espera más subidas, pero los análisis de XTB advierten de que el banco central debería evitar comprometerse de antemano con toda la trayectoria que descuentan los inversores.
Crédit Mutuel AM, por su parte, considera que los fondos monetarios siguen teniendo atractivo precisamente por este entorno de tipos elevados. Los activos gestionados por los fondos monetarios de la zona euro han aumentado en 140.000 millones de euros durante 2026, después de cerrar 2025 en máximos de 2,065 billones.
El dilema para Lagarde es, por tanto, especialmente complejo: si el petróleo mantiene la inflación elevada, el BCE puede verse obligado a mantener los tipos altos; pero si responde demasiado agresivamente a un shock de oferta, puede terminar debilitando el crecimiento sin solucionar la causa original de la inflación.
La clave estará en si el shock energético se queda en los componentes más volátiles o termina contaminando salarios, servicios y expectativas. Porque en ese segundo escenario, las bajadas de tipos que esperaba buena parte del mercado podrían quedar todavía más lejos.
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