Así ven al nuevo Mourinho: más tranquilo que nunca pero igual de jefe
Quienes convivieron con el portugués en su primera etapa aseguran que mantiene intacta su autoridad, aunque ahora encuentran un Mourinho mucho más tranquilo y cercano
Respondió 20 preguntas durante 43 minutos y después acercó el entrenamiento a la prensa: confianza absoluta en sus jugadores a cambio de compromiso y sacrificio
Mourinho revela sus llamadas con Florentino en estos últimos años: «Con cada título del Madrid tenía la llamada del presi»
José Mourinho ha vuelto al Real Madrid siendo José Mourinho, pero también siendo un entrenador diferente al que abandonó el Santiago Bernabéu en 2013. Más tranquilo, más cercano y con una idea muy clara desde el primer día: normalizar el día a día de un club en el que vuelve a ejercer como máxima autoridad deportiva. Sin necesidad de levantar la voz, sin buscar enemigos y entregando toda su confianza a unos jugadores que ahora tendrán que responderle sobre el terreno de juego.
Su primera gran rueda de prensa antes de un partido oficial fue una demostración. 43 minutos y 20 preguntas. Mourinho respondió a todo. Sin prisas, cercano, amable e incluso bromista en algunos momentos. Habló del equipo, de Florentino Pérez, de Vinicius, del mercado, de su cuerpo técnico, de su pasado y hasta de cómo ha cambiado personalmente desde aquella primera etapa en el Real Madrid. No esquivó prácticamente nada.
Pero, sobre todo, transmitió confianza. Mourinho ha decidido poner la pelota en el tejado de sus futbolistas. Está contento con ellos, con su actitud y con lo que ha encontrado dentro del vestuario. Ahora son ellos los que deben responder a esa confianza. «Hay cosas que son innegociables», advirtió. Y la principal es el compromiso.
Sigue siendo el jefe, pero es otro Mourinho
Quienes convivieron con Mourinho durante su primera etapa en el Real Madrid y vuelven a hacerlo ahora encuentran una diferencia evidente. Sigue siendo el jefe. Eso no ha cambiado. Su autoridad dentro del día a día es máxima, tiene perfectamente definido cómo quiere trabajar y todo gira alrededor de las exigencias que establece el entrenador. Lo que ha cambiado es la manera.
Personas que conocen al Mourinho de entonces y al de ahora utilizan incluso una expresión muy gráfica para explicarlo: «Es un manso» comparado con aquel Mourinho. Una frase que no pretende describir a un entrenador sin carácter, sino todo lo contrario. El carácter continúa ahí. También la exigencia y el liderazgo. Lo que ha desaparecido es buena parte de aquella permanente intensidad que acompañó su primera etapa.
La edad también cuenta. Mourinho tiene más experiencia y, sobre todo, mucha más tranquilidad. Ya no parece necesitar ganar todas las batallas del día a día. Sabe cuándo intervenir y cuándo dejar pasar. Sabe que es el jefe sin necesidad de recordarlo constantemente.
Él mismo lo explicó perfectamente: «El Mourinho de 2013 no estaba en condiciones de aconsejar nada al Mourinho de hoy». Y añadió una reflexión significativa: «Para mí es mucho más fácil ahora estar tranquilo que hace cinco, diez o veinte años».
Es la tranquilidad que dan los años. La de alguien que ya lo ha vivido prácticamente todo en el fútbol y que vuelve al Real Madrid sin la necesidad de demostrar quién es.
Mourinho acerca el equipo a la prensa
La imagen continuó después sobre el césped de Valdebebas. Y fue un pequeño detalle que explica bastante bien el cambio que Mourinho pretende introducir en el día a día del Real Madrid.
Los campos 1 y 2 de la Ciudad Real Madrid están pegados, pero existe una diferencia importante dependiendo de dónde decida trabajar el equipo. Durante los últimos años, con Ancelotti, Xabi y Arbeloa, la tendencia había sido situar a los futbolistas lo más alejados posible de los medios de comunicación durante los minutos abiertos de los entrenamientos. Con Mourinho sucedió lo contrario.
El portugués acercó a sus jugadores a la zona en la que estaba situada la prensa. Sin barreras innecesarias y sin intentar esconder una sesión de entrenamiento que, durante esos minutos, está abierta precisamente para que pueda ser observada.
Puede parecer una anécdota. No lo es tanto. Es parte de esa normalidad que Mourinho quiere recuperar. El portugués entiende perfectamente el funcionamiento del Real Madrid y también la dimensión mediática que rodea al club. No pretende combatirla. Quiere convivir con ella.
La autoridad es de Mourinho
Que Mourinho sea ahora más tranquilo no significa que haya regresado un entrenador más permisivo. La autoridad deportiva es suya y desde el primer momento está dejando claro cuáles son las normas.
El colectivo estará siempre por encima del individuo. No habrá excepciones por nombres, salarios o condición de estrella. Mourinho quiere un equipo en el que todos trabajen y, especialmente, en el que todos defiendan.
«Hay que defender con once», aseguró durante su comparecencia. Una frase que resume buena parte de lo que pretende construir. Se acabó aquello de futbolistas encargados de defender y estrellas esperando arriba para recibir la pelota. Unos tendrán que presionar y otros cerrar espacios, pero todos deberán participar.
Y el mensaje también sirve para gestionar los egos. Mourinho sabe que pronto llegará el primer problema. Tiene demasiados buenos jugadores y sólo puede alinear a once. Habrá suplentes, enfados y frustraciones. Y ahí aparecerá una de sus grandes pruebas. «El día que uno baje el nivel por frustración, la decisión será fácil para mí», avisó.
Mourinho entrega confianza antes de exigir respuestas. No parte de la sospecha con sus futbolistas. Al contrario. Está satisfecho con lo que ha visto y considera que existe un grupo comprometido y unido. Ahora serán los jugadores quienes tengan que demostrarle que esa confianza estaba justificada.
Más normalidad, la misma obligación
También ahí se aprecia la diferencia con su primera etapa. El Mourinho que regresó al Real Madrid no parece interesado en vivir permanentemente instalado en el conflicto. Quiere entrenar, competir y ganar. Menos ruido alrededor y máxima exigencia dentro.
No necesita demostrar permanentemente quién manda porque su posición dentro del proyecto está perfectamente definida. Sigue teniendo ese punto de Mourinho que controla absolutamente todo lo que sucede a su alrededor, pero lo hace desde otra serenidad. Los años han rebajado las revoluciones, no la ambición.
Porque hay algo que permanece intacto. Mourinho fue especialmente claro cuando explicó cómo medirá el éxito de la temporada. Puede mejorar estructuras, desarrollar jugadores, construir un vestuario más unido y cambiar dinámicas internas, pero sabe perfectamente dónde está.
«Terminar sin trofeos en el Real Madrid no es una temporada exitosa». Ese es el Mourinho que ha regresado. El mismo jefe, pero con otra manera de ejercer el poder. Más cercano con la prensa, próximo a sus jugadores y mucho más tranquilo fuera del terreno de juego. Un Mourinho al que quienes le conocieron entonces califican ahora, exagerando la comparación, como «un manso». La edad le ha dado tranquilidad. El Real Madrid le ha devuelto la responsabilidad. Y la obligación sigue siendo exactamente la misma: ganar.
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