Ramón tenía razón

Un nuevo horizonte para el Real Madrid

Tras dos años de sequía y una eliminación ante el Bayern que ha dejado al madridismo con una sensación de frustración, es imperativo reflexionar sobre la figura del entrenador y cómo el Real Madrid no ha reforzado su autoridad frente a la plantilla.

La eliminación en Champions marca el final de una temporada muy mala, así lo son todas las temporadas en blanco, y abre un periodo de necesaria reflexión. Venimos de una época gloriosa, con hitos irrepetibles como ganar seis Champions en once ediciones, pero el Madrid nunca se escuda por mucho tiempo en los éxitos pasados.

La salida de los grandes jerarcas —jugadores que eran sistemas en sí mismos como Cristiano, Benzema, Kroos o Modric— ha dejado un vacío de liderazgo y calidad que no es fácil de reponer. Sin embargo, mi preocupación no se enfoca en la falta de títulos, algo que puede ocurrir en ciclos deportivos, sino en la cultura y al contexto que el propio Real Madrid está generando alrededor de sus entrenadores.

Lo que realmente debería preocuparnos es que hemos visto un desempeño muy similar en el equipo con tres entrenadores de perfiles totalmente diferentes: Carlo Ancelotti, Xabi Alonso y Álvaro Arbeloa. Cuando un técnico de éxito probado, uno tremendamente ilusionante y otro con menos rodaje pero buenas ideas fracasan de forma parecida, el problema principal deja de estar en el banquillo. El foco debe ponerse en la configuración de la plantilla, en los liderazgos internos y, sobre todo, en cómo el club estructura la relación entre las oficinas, el vestuario y el entrenador.

Es fundamental ponerle la vida más fácil al técnico. No se puede esperar que el equipo funcione si el club no respalda la autoridad del entrenador en momentos críticos. El ejemplo del pasado noviembre es clarificador: tras ganar un Clásico y encadenar una racha triunfal, un desplante de Vinícius al ser sustituido generó un cisma innecesario. ¿Hubo un apoyo real a Xabi Alonso en ese momento? ¿Hubo una reprimenda adecuada al jugador? La sensación es que el entrenador no sintió el respaldo de la institución, lo que termina minando su capacidad de mando y afectando al rendimiento del grupo.

El club parece haber olvidado que el entrenador necesita herramientas para trabajar. Ya lo vimos con Ancelotti en enero de 2024, cuando suplicó refuerzos en defensa ante las lesiones de Alaba y Militao. A pesar de su historial de éxitos, el club no atendió sus peticiones. Un año después, tras las salidas de Nacho y Kroos, se repitió la historia. Entiendo que la exigencia y cultura del Real Madrid no tolere un año en blanco y or tanto suponga la salida del técnico, pero si se exigen resultados, es justo otorgar todas las herramientas posibles y la autoridad necesaria al dueño del banquillo.

El Real Madrid debe recuperar esa cultura. Si un entrenador necesita un perfil específico de centrocampista, el club debe pelear por dárselo. Si un jugador falta al respeto a la autoridad del técnico, no puede existir un dilema en el club entre apoyar a la estrella o al entrenador; la institución debe estar siempre con el responsable del banquillo. Esto no significa renunciar al jugador, sino reconducirlo haciéndole entender que el equipo siempre será lo más importante.

Ahora que ya no contamos con esos genios que solucionaban los partidos por sí solos, la pizarra y el intervencionismo del entrenador son más relevantes que nunca. Es el momento de darle peso a esa figura, permitirle tomar decisiones y, si se equivoca, que asuma las consecuencias, pero siempre desde una posición de fuerza. Solo así recuperaremos la cultura del esfuerzo y la exigencia diaria que se ha perdido en los últimos dos años y que es fundamental para volver a competir por la Liga domingo a domingo y alcanzar la Decimosexta.

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