España se instala en la felicidad
El Mundial conquistado por la selección masculina y el dominio internacional de la femenina confirman el extraordinario momento que atraviesa el fútbol español
El trabajo de la RFEF, la apuesta por las categorías inferiores y la continuidad de un modelo reconocible explican un ciclo ganador que mira también al futuro
El dato que demuestra que España tiene selección para rato: 26,26 años de media
España vive instalada en la felicidad. Hablamos de fútbol, obviamente. El plano político es mejor no mencionarlo. El deporte rey español atraviesa uno de esos momentos que difícilmente podían imaginarse hace apenas unos años. La selección masculina es campeona del mundo y la femenina continúa instalada entre las grandes referencias internacionales, mientras las categorías inferiores siguen produciendo futbolistas preparados para dar el salto prácticamente sin periodo de adaptación.
No parece un éxito aislado. Tampoco una generación irrepetible que haya aparecido de repente. El gran secreto está precisamente ahí: España ha convertido ganar en algo transversal. Cambian las edades, los seleccionadores y los nombres, pero la competitividad permanece.
La última demostración llegó este verano. La selección masculina conquistó su segundo Mundial y prolongó un ciclo extraordinario iniciado con la Liga de Naciones de 2023 y continuado con la Eurocopa de 2024. Una colección de títulos que ha terminado por colocar al equipo de Luis de la Fuente nuevamente en la cima. Y detrás aparece una Federación que durante años ha apostado por conectar las categorías inferiores con las absolutas.
De la Fuente, el gran acierto
La elección de Luis de la Fuente terminó siendo una de las decisiones que explican el actual momento de España. Cuando tomó el mando existían muchas dudas alrededor de su figura, pero había algo que jugaba claramente a su favor: conocía perfectamente la casa. Había trabajado durante años con las categorías inferiores y conocía a buena parte de los futbolistas mucho antes de que alcanzaran la absoluta.
España mantuvo su gusto por tener el balón, pero evolucionó. Aparecieron los extremos, la verticalidad y una mayor capacidad para atacar los espacios. Lamine Yamal y Nico Williams cambiaron la manera de amenazar, mientras Rodri, Pedri o Fabián mantuvieron la capacidad española para controlar los partidos desde el centro del campo. El resultado ha sido una selección reconocible, pero mucho menos previsible.
Una fábrica que no se detiene
El otro gran éxito está debajo. España continúa produciendo futbolistas. Lamine Yamal o Pau Cubarsí son dos ejemplos perfectos. Los dos tienen solamente 19 años y ya están completamente integrados en una selección campeona del mundo. No llegan para completar convocatorias ni para empezar a aprender. Llegan preparados para competir.
Ahí reside una de las principales fortalezas del modelo español. El salto desde las categorías inferiores a la absoluta es cada vez más natural porque existe una continuidad en la manera de entender el fútbol. Y el fenómeno no se limita al equipo masculino.
El fútbol femenino también manda
La selección femenina ha protagonizado otra transformación extraordinaria. España pasó en pocos años de intentar acercarse a las grandes potencias a convertirse en una de ellas.
El crecimiento de las categorías inferiores -campeona del mundo sub-20 hace unas horas en Polonia-, la aparición constante de talento y la mejora de las condiciones alrededor de la selección permitieron construir un equipo capaz de competir por todos los títulos.
Jugadoras como Aitana Bonmatí o Alexia Putellas se convirtieron en referentes internacionales, pero detrás de ellas continúa apareciendo otra generación. Vicky López es uno de los ejemplos de que el relevo tampoco se detiene en el fútbol femenino. La clave vuelve a ser la misma: cuando unas terminan, otras ya están preparadas.
Las Rozas vuelve a hablar de fútbol
Todo esto coincide además con una etapa de mayor estabilidad alrededor de las selecciones. Después de años especialmente convulsos fuera del terreno de juego, la prioridad en Las Rozas vuelve a estar en el fútbol. Y se nota en las concentraciones.
La selección masculina ha construido alrededor de De la Fuente un grupo extraordinariamente unido. Los jugadores llegan felices, disfrutan de las concentraciones y esa naturalidad termina apareciendo también sobre el césped.
España juega sin complejos. Los jóvenes llegan sin miedo, los veteranos mantienen el liderazgo y los futbolistas sienten que pertenecer a la selección es nuevamente algo especial. La fotografía actual difícilmente podría ser mejor.
España es campeona del mundo masculina, el fútbol femenino continúa compitiendo en la élite internacional y las categorías inferiores siguen produciendo talento.
Los títulos pueden terminar mañana porque el fútbol nunca garantiza nada. Pero existe algo bastante más importante que una copa concreta: España ha construido un sistema capaz de sobrevivir a sus propias generaciones. Y ahora mismo, desde las categorías inferiores hasta las absolutas, el fútbol español vive instalado en la felicidad.
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