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Tenis: Masters 1.000 Shanghái 2026

Davidovich es el emperador de Shanghái: remontada épica ante Jódar para derribar la última frontera del tenis español

El malagueño exhibe coraje y determinación para remontar a Jódar

Se convierte en el primer español que gana el Masters 1.000 de Shanghái

Domingo 18 de octubre de 2026. Día y año en el que Alejandro Davidovich soltó el lastre de toda su carrera y el tenis español aterrizó de su mano en territorio inhóspito hasta la fecha. Nunca una raqueta española había conquistado Shanghái. Ni Rafa Nadal ni Carlos Alcaraz. Nadie. Nunca. Hasta que llegó Alejandro Davidovich y su resiliencia. Remontó (6-1, 6-7, 4-6) a Jódar un partido que tenía perdido y al que se agarró con agallas como un ajedrecista, con una defensa siciliana. Abran paso al primer tenista español campeón en Shanghái.

Es Shanghái, junto a París, el Masters 1000 más abierto a los mortales. Su enclave, a final de temporada, llega el depósito en la reserva. La temporada pasada, Vacherot y Rinderknech fueron finalistas; en 2023 Hurkacz y Rublev; en 2018 Coric; 2016 Bautista… Davidovich y Jódar representan ahora a esos protagonistas no invitados. Sin banderas blancas por aquello de compartir la rojigualda, nada. Misiles desde el principio.

A los 25 intercambios se fue el primer punto del partido. Se lo apuntó Jódar, que puso los dos pies en la final como el que lo lleva haciendo toda una carrera. ¿Nervios? Ante la inquietud, potencia. Tanto al saque como con la derecha. Davidovich recurría a su banquillo para tener clarividencia mental. «Saque abierto y le cambias si te deja», le decía Clavet. Y así ejecutó Davidovich, saque abierto y cambió el juego, pero Jódar salió respondón. ‘Por aquí no’.

Subió a la red y cerró el primer break del partido con un revés en el aire. Se destapó entonces la caja de Pandora. Se jugó a lo que quiso el chaval. Si quería más velocidad, aceleraba; si quería más altura, le daba más altura. Siempre abrazado a la potencia. También al resto. Jódar era un huracán. Otro break y más dudas para Davidovich. «Tira un slice», le decía su entrenador. Necesitaba cortar el ritmo y hacerle pensar a un Jódar que no frena, ejecuta. Primer set precintado y el reloj apenas señalaba 27 minutos.

Y todo bajo la atenta mirada de Federer. ¿Quién dijo nervios? La vida ha pasado demasiado rápido para Rafa Jódar. Hace diez meses se batía en el circuito universitario estadounidense y ahora pone patas arriba la élite de la raqueta a base de derechazos. Así estrenó su palmarés -ATP 250 Marrakech- llegó a los cuartos de final en Roland Garros; final en el ATP 500 de Washington y reina en el Masters 1.000 como campeón más joven de la historia del torneo.

Con el récord de Becker en el bolsillo —es también el tenista más joven en pasar del top 100 al top 10— y las ATP Finals prácticamente selladas. Jódar es de sangre fría y cabeza caliente. Contrario se muestra Davidovich, ardiente en todo momento. Su tenis, siempre oscilante entre lo vertiginoso y lo práctico, debía dar el paso. Decir ‘yo también juego esta final’. No es que estuviera a un bajo nivel; es que Jódar rozaba la excelencia. Y ante ello, aplaudir y seguir buscando algún resquicio.

Davidovich no perdió la compostura, algo que sí hubiera dejado escapar la versión beta de este Davidovich. Ahora controla sus fantasmas internos. Abrazó el saque en el segundo set para agarrarse al partido y no dejarse ir. «¡Vamos!», le animaba Clavet. Reactivó a su pupilo, que se revolvió con todo lo que tuvo y le alcanzó para forzar el tie break en medio de la desesperación. «A él le entran todas y a mí se me van», bramó. El grito antes de la liberación porque, tras agarrarse al partido con otra defensa siciliana, provocó el fallo de Jódar y logró el segundo set.

Empezaba otra final. A Jódar, con viento a favor, le había costado lidiar con las emociones y el vértigo del campeón. La cabeza se fue al confeti un poco antes de tiempo. Y la corriente cambió su dirección. Davidovich fluía y Jódar parecía más encorsetado. Las piernas ya no corrían igual y su cabeza pasó a ir más rápido. Trató de seguir jugando igual, a base de potencia, pero su cuerpo le decía que estaba en la reserva. Ni los masajes del fisioterapeuta aplacaron la épica de Davidovich, que culminó la remontada como un ajedrecista, con una defensa siciliana. El triunfo de su vida.