El clásico ‘unocerismo’ del Atlético
Julián Álvarez vuelve a marcar en un partido liguero en el Metropolitano tras casi un año
El Atlético deja su portería imbatida por segundo partido consecutivo
Los rojiblancos verán el Clásico sabiendo que sacarán beneficio de cualquier resultado
El clásico unocerismo del Atlético. Dicho de otra manera, unocerismo y al Clásico. En mayúscula porque los rojiblancos vencieron al Deportivo por la mínima (1-0) con el cuerpo en el Metropolitano y la mente, al menos de pasada, en el Camp Nou. El segundo escenario carecía de importancia si el primero era resbaladizo, como por momentos provocó el Deportivo con una combinación de buena ocupación de los espacios y mejor circulación. Pero el Atlético debía ganar sin importar el cómo. Y ante la exigencia, lo clásico. Gol, portería imbatida y al Clásico. Unocerismo. ¿Existe algo más cholista?
Tiene nombre de corriente filosófica. También de neo partido político, pero ni siquiera existe. Es otro de esos términos futbolísticos que acaban insertándose en la sociedad por repetición. El Atlético ha contribuido gustosamente a ello. La etapa más dorada del cholismo cimentó sus éxitos así, en la maximización de los recursos. En pegada arriba, solidez abajo y colaboración con lo milagroso. Julián Álvarez —después de un año— volvió a marcar un gol liguero en el Metropolitano, Oblak sacó los guantes y Kevin erró el empate cuando en la grada ya se había asimilado.
La propuesta de Hidalgo también fue clásica, como cuando el Deportivo peleaba los campeonatos. Tres centrales de puro hormigón armado, entre ellos un Giménez que hasta hace poco se dejaba las vísceras en rojiblanco, y tres centrocampistas. Como el atasco de los gallegos este curso era la salida de balón, convenía pasar poco tiempo con el balón en el área propia. Así que presión alta y recuperación en campo rival. Cuanto más lejos, mejor. Pubill sufría, Hjulmand dudaba y Yeremay campaba a sus anchas.
El Atlético esperaba que el partido cayera de maduro, pero el Deportivo echó raíces. Oblak, ante el no despeje de Hjulmand, sacó una falta como pudo y el salvó el rechace con un pie milagroso a Amatucci. Se crecieron los gallegos con posesiones largas y jerarquizadas. Cada pase tenía sentido. Y la grada silbaba, vaya si pitaba. El ritmo lo ponía Yeremay con arrancadas, caños y trajes a medida a su marcador.
El Atlético ni corría, ni ganaba los duelos, ni nada. Barrios no rompía líneas, Baena no encontraba el espacio y Lookman ni lo uno ni lo otro. Ni arrancar ni regatear. Es otro respecto al que llegó hace diez meses. La nada con sifón hasta que Grimaldo ganó, al fin, la espalda de su defensa y puso un pase de esos que es gol. O lo marca el delantero o lo hace el defensor en propia. Ocurrió lo primero. Ocurrió que Julián cortó su sequía de casi un año sin marcar en Liga en el Metropolitano. Ya se escuchan menos pitidos a su persona.
Y el gol trajo a un Atlético más vertiginoso. Salió Sorloth y dejó buenas sensaciones. Duelos ganados, desmarques al espacio y sensación de peligro. Leo Román evitó el segundo de Julián. El Atlético carburaba, pero no despegaba definitivamente, y el reloj era un arma de doble filo para los rojiblancos porque a más cercanía del final sin mejor renta, más riesgo existía. Kevin emergió en el segundo palo con Oblak batido para poner el empate. El más sencillo de la historia, pero su disparo salió justo donde andaba Oblak tendido. A sus manos. Un gol y potería precintada. ‘Unocerismo’ y al clásico.