Stephen Hawking: «No sería un gran universo si no fuera el hogar de las personas que amas»
Con ello corroboraba que, a pesar de sus estudios sobre el espacio exterior, ponía en más valor a las relaciones humanas
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Stephen Hawking dejó una huella muy complicada de igualar en la historia de la ciencia contemporánea. Su nombre quedará ligado para siempre por los avances en la comprensión del universo, pero sobre todo por una extraordinaria historia de superación personal.
Se convirtió en una referencia mundial por su capacidad para seguir investigando a pesar de convivir durante décadas con una enfermedad neurodegenerativa extremadamente limitante hasta su fallecimiento el 14 de marzo de 2018. Su figura logró acercar la ciencia a millones de personas que jamás habían abierto un tratado de física, al poder explicar cuestiones complejas con un lenguaje comprensible.
Con 21 años, fue diagnosticado con la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad progresiva que afecta al sistema nervioso y reduce de forma drástica la movilidad. Los médicos le dieron una corta esperanza de vida, pero el físico inglés continuó trabajando durante más de medio siglo.
Su experiencia personal alimentó numerosas reflexiones sobre la mente humana y la capacidad intelectual, con una frase que resume buena parte de su historia: «No sería un gran universo si no fuera el hogar de las personas que amas».
Significado de la frase
La afirmación de Hawking resume en pocas palabras su pensamiento: el cosmos es inmenso, pero carece de sentido si no existen los vínculos afectivos, el amor y las relaciones que se producen entre los seres humanos. Con ello corroboraba que, a pesar de sus estudios sobre el espacio exterior, ponía en más valor a las relaciones humanas.
El científico británico invitaba a entender el tiempo dedicado a investigar, aprender y resolver algunas de las preguntas más profundas de la ciencia, pero ponía por delante las relaciones que se hacen entre las personas. Asi lo aseguró uno de los mejores científicos de la historia, quien vivió 55 años más de lo que inicialmente pronosticaban algunos especialistas tras el diagnóstico de ELA.
Recibió algunos honores de diferentes instituciones como la Copley Medal, considerada una de las distinciones científicas más importantes, y en 2009 obtuvo la Presidential Medal of Freedom de Estados Unidos, uno de los máximos honores civiles concedidos por ese país.
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