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Psicología

Según la psicología, las personas que tratan el día de su cumpleaños como cualquier otro día, a menudo comparten estos 8 rasgos

Celebrar el cumpleaños es algo que a priori, le gusta a todo el mundo. De hecho en ocasiones como cuando se cumplen 18 años o cuando se llega a los 50, se convierte en todo un acontecimiento en el que se suele invitar a familia y amigos. Sin embargo, también hay personas que optan por lo contrario o de hecho, ni tan siquiera reparan en que ha llegado el día de su cumpleaños. Sencillamente no lo celebran y curiosamente, la psicología explica que ese tipo de personas suelen compartir 8 rasgos.

Para algunas personas, cumplir un año más no exige hacer nada extraordinario. Algunos incluso piden expresamente que nadie les prepare una sorpresa inesperada y eso es algo que el entorno no siempre entiende. Basta con decir que este año no habrá celebración para que alguien pregunte si ocurre algo, y es que de alguna manera, se da por hecho que renunciar a la fiesta es señal de tristeza o desinterés. Sin embargo, esa interpretación olvida algo bastante sencillo, que no todos disfrutamos de los mismos rituales.  La psicología no establece que quienes ignoran su cumpleaños tengan una personalidad concreta, pero sí que menciona cuestiones como la autonomía, las expectativas y la necesidad de reconocimiento, que explican esas diferencias.

Los 8 rasgos de quienes prefieren pasar su cumpleaños como cualquier otro día

Detrás de esa decisión puede haber motivos muy distintos. Algunos tienen que ver con el carácter; otros, con las experiencias acumuladas. Se trata de ocho rasgos, que no son reglas ni se comparten todas a la vez, pero permiten enfocar el asunto sin dar por sentado que no celebrar sea un problema.

Son discretos con su vida personal

Las personas que no tratan su cumpleaño como algo especial suelen ser personas bastante discretas con su vida personal. Puede que en su casa y con los suyos sí que hagan una comida especial o soplen las velas, pero no necesitan que todo el mundo lo sepa. No se trata de ocultar su edad o de alejarse de los amigos, sino de conservar para sí mismos momentos que otros prefieren compartir públicamente.

Están cómodos fuera del foco

Para quien no disfruta siendo protagonista, escuchar a un grupo entero cantar «Cumpleaños feliz» puede resultar más incómodo que emocionante. No por eso tiene dificultades para relacionarse. Puede ser quien más conversa durante una cena y, al mismo tiempo, quien menos ganas tiene de ocupar la cabecera de la mesa y abrir regalos delante de todos.

No reservan la felicidad para una fecha

¿Por qué esperar al cumpleaños para reunirse con alguien querido? Hay personas que prefieren aprovechar un domingo libre o improvisar una escapada cuando pueden. Una tarde cualquiera puede dejarles mejores recuerdos que una celebración preparada durante semanas. Lo que valoran es el encuentro, no la obligación de hacerlo coincidir con el calendario.

Evitan cargar el día de expectativas

Una celebración también puede acabar en decepción: un amigo que se olvida, una cancelación inesperada, una cena que no sale como estaba prevista. Quienes no preparan grandes planes se ahorran parte de esa presión. Eso no significa que nunca se ilusionen; simplemente, prefieren que el día no dependa de que todo salga exactamente como habían imaginado.

Deciden sin sentirse obligados por la tradición

Desde pequeños aprendemos que un cumpleaños lleva tarta, velas y regalos. Pero mantener una costumbre no siempre responde a un deseo propio. Los psicólogos Edward Deci y Richard Ryan destacan, en su teoría de la autodeterminación, la importancia de sentir autonomía en nuestras decisiones. Elegir una jornada tranquila puede responder a esa preferencia, aunque a la familia le cueste aceptarla.

No miden el cariño en felicitaciones

Hay quien se emociona con cada mensaje recibido y quien apenas mira el móvil ese día. Para estas últimas personas, la amistad se demuestra también en otra fecha o en cualquier momento difícil. Que alguien olvide una fecha puede molestarles, pero no necesariamente lo interpretan como una prueba de que les quiera menos.

Tienen otra relación con el paso del tiempo

Cumplir años invita a hacer cuentas: lo conseguido, lo pendiente, lo que ha cambiado desde el anterior cumpleaños. A algunas personas les apetece ese balance; otras prefieren hacerlo cuando realmente lo necesitan. Incluso pueden sentir cierta incomodidad ante el paso del tiempo sin querer convertirlo en el tema central de toda una jornada.

Prefieren planes pequeños y sin compromisos

Tal vez no quieran una fiesta, pero sí comprar su pastel favorito, salir a caminar o cenar con su pareja. A veces, el mejor plan consiste en no tener ninguno. Lo que para otros parece una celebración insuficiente puede ser, precisamente, la manera en que más disfrutan de su cumpleaños.

Al final, y al margen de estos rasgos, también cuenta la economía, los recuerdos familiares o una temporada de cansancio. Alguien que antes organizaba fiestas puede dejar de hacerlo sin que haya cambiado su carácter. Por eso, si una persona dice que no quiere celebrar su cumpleaños, quizá lo más acertado sea preguntarle qué le apetece y respetar la respuesta. No todo el mundo necesita una fiesta para sentirse acompañado.