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Neurociencia

Según la psicología, las personas que hacen varias cosas a la vez no es que sean más inteligentes: su cerebro reorganiza físicamente qué zona controla cada tarea

  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Durante años se ha dado por hecho que las personas que hacen varias cosas a la vez tienen una mente más ágil o una capacidad intelectual superior a la media. Y sí, es una idea muy extendida en oficinas y entrevistas de trabajo, donde la palabra multitarea aparece casi siempre como una virtud. La neurociencia, en cambio, ha empezado a mirar el fenómeno desde otro ángulo.

Varios equipos de investigación de Francia, Australia y Hong Kong han analizado con escáneres y técnicas de imagen lo que sucede en el cerebro cuando se reparten dos tareas al mismo tiempo. Sus conclusiones coinciden en un punto que contradice buena parte de lo que se cree sobre esta habilidad. El último de estos trabajos ha permitido observarlo neurona a neurona.

Hacer varias cosas a la vez no hace a las personas más listas: su cerebro reordena qué zona gestiona cada tarea

Parece ser, por empezar, que la diferencia está en cómo se organiza el cerebro con la práctica, no en una capacidad superior.

Un equipo liderado por Yung Wing-ho, catedrático de Neurociencia de la Universidad de la Ciudad de Hong Kong, y Ke Ya, de la Universidad China de Hong Kong, ha comprobado que el cerebro reorganiza físicamente sus neuronas para asignar a cada tarea su propio circuito. El trabajo se publicó en la revista Neuron.

Los investigadores, con la doctora Wang Shuting como primera autora, entrenaron a ratones durante varias semanas en una doble tarea: mantener una palanca en movimiento continuo y, al mismo tiempo, reaccionar a señales sonoras que indicaban si debían actuar o no.

Mediante una técnica llamada imagen de calcio de dos fotones, siguieron la actividad de neuronas concretas de la corteza motora secundaria (M2), una región implicada en planificar y coordinar acciones.

Al principio, las dos tareas compartían las mismas neuronas y competían por ellas, lo que provocaba interferencias y errores. Con el entrenamiento, el cerebro reclutó más células especializadas en cada actividad y separó poco a poco sus representaciones.

Es decir, cada tarea terminó con su propio grupo de neuronas, y esa división redujo el choque entre ambas. Cuando el equipo bloqueó la actividad de M2, el aprendizaje de los animales empeoró.

Para Yung, el hallazgo demuestra que el cerebro no procesa en paralelo desde el primer día, sino que aprende a hacerlo. «Una multitarea eficiente requiere un delicado equilibrio entre coordinación y especialización», ha señalado el investigador en el comunicado de su universidad.

Y según el equipo, estos principios podrían ayudar a entender los fallos multitarea que aparecen en algunas enfermedades neurológicas y a diseñar sistemas de inteligencia artificial capaces de gestionar varias tareas.

¿Qué ocurre en los lóbulos frontales de las personas que hacen varias cosas a la vez?

Los ratones no son los únicos que dividen el trabajo. En 2010, Sylvain Charron y Étienne Koechlin, del Instituto Nacional de la Salud y la Investigación Médica de Francia (Inserm), publicaron en la revista Science un experimento con resonancia magnética funcional.

En este último, los voluntarios debían resolver tareas de emparejar letras, primero por separado y después de forma simultánea, con distintas recompensas en juego según la tarea.

Cuando hacían una sola tarea, ambos hemisferios trabajaban juntos. Sin embargo, al combinar dos, el lóbulo frontal izquierdo se encargaba de una y el derecho, de la otra.

La actividad se concentraba en la corteza cingulada anterior y en la premotora, y la intensidad de cada lado variaba según la recompensa asociada a su tarea. «Cuando hay dos metas simultáneas, el cerebro se divide en dos», resumió Koechlin.

Desde luego, el problema llegó con una tercera tarea. Los participantes olvidaban con frecuencia uno de los tres objetivos y cometían el triple de errores que cuando solo manejaban dos.

Koechlin lo explicó con una frase gráfica: podríamos estar en apuros al intentar hacer malabares con más de dos tareas «simplemente porque solo tenemos dos lóbulos frontales». La división funciona, pero tiene un límite físico muy claro.

¿Puede el entrenamiento separar las tareas dentro del cerebro?

En 2015, Kelly Garner y Paul Dux, de la Universidad de Queensland (Australia), dieron un paso más con un estudio publicado en PNAS. Reclutaron a 100 voluntarios de unos 24 años de media y los dividieron en dos grupos de 50.

Unos practicaron durante tres días dos tareas sencillas (identificar formas y distinguir sonidos) por separado y combinadas; los otros hicieron una búsqueda visual como control.

El grupo entrenado redujo un 24% más el coste de hacer las dos cosas a la vez (la pérdida de rapidez al combinarlas) que el grupo de control. Las imágenes cerebrales mostraron por qué: en una red que une zonas frontales, parietales y subcorticales (incluido el putamen), los patrones de actividad de cada tarea se diferenciaron cada vez más.

Cuanto más se separaban, mayor era la mejora, algo que no ocurrió entre quienes no practicaron.

Los autores lo resumieron así: el cerebro separa las representaciones neuronales de cada tarea para vencer a la multitarea. Es la misma lógica que el equipo de Hong Kong ha observado ahora a escala celular.

Entre tanto, cabe aclarar que la práctica no amplía la capacidad mental, sino que reparte el trabajo en circuitos distintos para que dejen de estorbarse, algo muy diferente a ser más inteligente o más rápido.

El mito de la persona multitarea

Que el cerebro aprenda a dividir tareas no significa que hacer muchas cosas a la vez sea un buen hábito. En 2009, Eyal Ophir, Clifford Nass y Anthony Wagner, de la Universidad de Stanford, compararon a grandes consumidores de medios simultáneos (móvil, televisión, mensajería) con usuarios ligeros.

Los primeros se distraían más con estímulos irrelevantes y rendían peor en pruebas que exigían filtrar información, según su trabajo en PNAS.

Para concluir, existe, eso sí, una minoría que escapa a esta regla. En 2010, los psicólogos Jason Watson y David Strayer, de la Universidad de Utah, pusieron a 200 personas a conducir en un simulador mientras resolvían problemas de memoria y matemáticas por teléfono.

Solo un 2,5% no mostró ningún descenso en su rendimiento, según publicaron en Psychonomic Bulletin & Review. Los autores los bautizaron como supertaskers: apenas uno de cada 40 conductores.