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Psicología

Según la psicología, las personas que entrenan solas en el gimnasio no lo hacen por ser antisociales, sino porque valoran la sensación de control y libertad que les aporta entrenar a su propio ritmo

Llegan al gimnasio, se ponen los auriculares, van directos a su zona y apenas cruzan un par de palabras con nadie hasta que se marchan. Es fácil pensar que quien entrena así es una persona fría o poco sociable. La psicología del deporte, sin embargo, ofrece una explicación muy distinta. Para muchas de estas personas, entrenar solas no tiene nada que ver con evitar a los demás, sino con algo que valoran mucho más: la sensación de tener el control de lo que hacen.

La autonomía, el gran motor de la motivación

Una de las teorías más utilizadas para entender por qué hacemos ejercicio es la teoría de la autodeterminación, desarrollada por los psicólogos Edward Deci y Richard Ryan. Según este enfoque, las personas tenemos tres necesidades psicológicas básicas: sentirnos competentes, sentirnos conectadas con los demás y sentir que somos dueñas de nuestras decisiones. Esta última es la autonomía, y en el deporte tiene un peso enorme.

Una revisión de 66 estudios publicada en el International Journal of Behavioral Nutrition and Physical Activity encontró una relación consistente entre las formas de motivación más autónomas y la práctica de ejercicio. Además, la motivación más interna, la de quien entrena porque disfruta haciéndolo, era la que mejor predecía que una persona siguiera haciendo deporte a largo plazo. Es decir, quien siente que entrena porque quiere, y a su manera, tiene más probabilidades de no abandonar.

Qué significa tener el control cuando entrenas

Entrenar solo permite decidirlo todo. La persona elige la hora, la rutina, el orden de los ejercicios, el peso, los descansos y hasta la música que le acompaña. No tiene que adaptarse al ritmo de nadie ni esperar a que el compañero termine su serie. Si un día quiere ir más fuerte, lo hace; si otro necesita bajar la intensidad, también. Esa libertad convierte el entrenamiento en un espacio propio.

Para muchas personas, además, el gimnasio es uno de los pocos momentos del día en los que nadie les pide nada. Después de horas de trabajo, reuniones y obligaciones familiares, esa hora a solas se convierte en un refugio mental. No es casual que tantas personas describan el entrenamiento como su forma de desconectar: es un tiempo que gestionan por completo ellas mismas.

Concentración y menos presión externa

Hay otro factor que explica esta preferencia: la concentración. Entrenar en solitario facilita centrarse en la técnica, en la respiración y en las sensaciones del cuerpo, sin distracciones ni conversaciones que corten el ritmo. Para quien busca progresar en un ejercicio concreto o simplemente disfruta de ese estado de atención plena, la compañía puede resultar más un obstáculo que una ayuda.

También influye la presión de sentirse observado. A muchas personas, sobre todo cuando están empezando, les incomoda entrenar delante de otros o compararse con quien levanta más peso. Hacerlo a su aire, sin tener que demostrar nada a nadie, les permite avanzar a su ritmo y con más tranquilidad. En ese sentido, entrenar solo puede ser precisamente lo que les ayuda a mantener la constancia.

El entrenamiento en grupo también tiene ventajas

Eso no significa que entrenar solo sea mejor. Un estudio con 69 estudiantes de Medicina, publicado en The Journal of the American Osteopathic Association, comparó a quienes hacían clases colectivas con quienes entrenaban por su cuenta. Los del grupo redujeron su estrés percibido un 26,2 % y mejoraron su calidad de vida, mientras que los que entrenaban solos se esforzaban más, pero apenas notaron cambios en su nivel de estrés. Es un estudio pequeño y los participantes eligieron su grupo, pero apunta a que el componente social aporta beneficios propios.

La clave, por tanto, está en conocerse. Quien necesita motivación externa, disfruta del ambiente o se aburre entrenando solo probablemente se beneficie más de una clase colectiva o de un compañero de entrenamiento. Quien valora su espacio y su ritmo seguramente encuentre en el entrenamiento en solitario la forma de no abandonar.

Al final, la persona de los auriculares que entrena en silencio en una esquina del gimnasio no está siendo antipática. Simplemente ha encontrado su manera de cuidarse. Y si algo dejan claro los estudios es que la mejor forma de hacer ejercicio es la que uno es capaz de mantener en el tiempo.