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Qué significa el proverbio de la filosofía china: «No puedes evitar que el pájaro de la tristeza vuele sobre tu cabeza, pero sí puedes evitar que anide en tu cabellera»

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Hay frases que, pese a su aparente sencillez, esconden una profunda reflexión sobre la manera en que afrontamos las adversidades que se presentan en el camino de la vida. Es el caso de éste antiguo proverbio de la filosofía china: «No puedes evitar que el pájaro de la tristeza vuele sobre tu cabeza, pero sí puedes evitar que anide en tu cabellera».

La tristeza forma parte de la vida y puede aparecer después de una pérdida o una decepción, y es imposible que nunca nos afecte. El mensaje del proverbio apunta en otra dirección: aceptar que habrá momentos de dolor sin dejar que la tristeza se apodere de nuestra mente.

«No puedes evitar que el pájaro de la tristeza vuele sobre tu cabeza, pero sí puedes evitar que anide en tu cabellera»

El proverbio establece una diferencia importante entre dos experiencias que a menudo confundimos: el dolor que aparece de forma inevitable y el sufrimiento que podemos prolongar. El pájaro que sobrevuela nuestra cabeza representa esa tristeza que llega cuando perdemos a alguien, un proyecto fracasa o las circunstancias no salen como esperábamos.

El nido representa algo diferente, ya que construirlo requiere tiempo y, sobre todo, mucha paciencia. Cuando la tristeza termina anidando, puede dejar de ser una emoción pasajera para convertirse en una manera habitual de interpretar lo que nos ocurre.

El neurocientífico António Damásio ha estudiado el papel de las emociones y su relación con los sentimientos. Las primeras forman parte de respuestas biológicas que aparecen de manera automática, mientras que los sentimientos implican una experiencia consciente que puede ser interpretada y modulada. Ahí aparece nuestro margen de actuación.

«Las emociones no nacen, sino que son parte de un sistema automatizado que nos permite reaccionar ante el mundo, de una forma inmediata y sin necesidad de pensar, con el cual ya venimos dotados desde el nacimiento. Son parte del proceso de la regulación de un cuerpo vivo, y se presentan con diferentes «formas y sabores». Hay unas emociones primarias y sencillas como son el miedo, la rabia, la felicidad o la desdicha… Hay emociones sociales, más complejas, como la compasión, el desprecio, la admiración, el orgullo…», explica a Executive Excellence.

Según esta perspectiva, las emociones están relacionadas a una serie de acciones, mientras que los sentimientos se relacionan con el resultado consciente de ese proceso. Ante un peligro, por ejemplo, es la respuesta automática que desencadena nuestro organismo la que nos permite reaccionar y alejarnos de la amenaza, antes incluso de que tengamos tiempo para reflexionar sobre lo que está ocurriendo. Esta relación entre emociones, sentimientos y decisiones también ayuda a comprender por qué determinados objetos, situaciones o experiencias adquieren una determinada carga emocional.

Dicho de una manera más sencilla: no podemos impedir que una mala noticia nos afecte, pero sí podemos decidir cuánto espacio ocupa en nuestra mente. Pero, ¿por qué cuesta tanto ahuyentar al pájaro? La dificultad está, en parte, en que solemos responder a la tristeza de dos formas opuestas. Por un lado, podemos tratar de ignorarla con frases como «hay que estar bien» o «piensa en positivo». Y, por otro lado, podemos quedarnos atrapados en ella y hacer del dolor una parte permanente de nuestra identidad.

El proverbio propone una tercera posibilidad: reconocer que el pájaro está ahí, aceptar su presencia y permitir que continúe su camino, sin luchar constantemente contra él ni construirle un lugar permanente donde quedarse.

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