Psicología

Los psicólogos sugieren que los adultos que sujetan la puerta para que entren otras personas no son sólo educados, en realidad están demostrando un gran grado de empatía

Imagen generada con IA.
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Aitana Pascual
  • Aitana Pascual
  • Aitana Pascual Cuesta (2001) es estudiante de Periodismo en la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid desde el 2023. Escogió esta profesión por su gran vocación con la comunicación y la escritura. Hoy en día, tiene mucho interés por la historia, deportes y actualidad. Su principal objetivo es seguir formándose y aprender a contar los sucesos de forma clara y rigurosa.

Hay gestos cotidianos que apenas duran unos segundos, pero que dicen mucho sobre la forma en la que nos relacionamos con quienes nos rodean. Sujetar una puerta para dejar pasar a otra persona, aunque no la conozcamos, es uno de ellos. Puede parecer una simple norma de cortesía, pero detrás de este comportamiento existe una forma de prestar atención al entorno y tener en cuenta las necesidades ajenas. La investigación psicológica ha estudiado este tipo de interacciones y demuestra que los pequeños favores pueden favorecer la cooperación y las respuestas positivas entre desconocidos.

Mucho más que buenos modales

Abrir una puerta a alguien que viene detrás implica advertir su presencia, calcular la distancia y modificar durante unos instantes nuestro propio comportamiento para facilitarle el paso. No siempre responde a una decisión consciente, ya que en muchas ocasiones se trata de una costumbre aprendida. Sin embargo, también puede expresar consideración por el tiempo y el esfuerzo de otra persona.

Un estudio publicado en 2011 analizó precisamente este comportamiento. Sus resultados apuntaron a que sujetar la puerta puede responder a una lógica de esfuerzo compartido, ya que ambas personas reducen el trabajo que tendrían que hacer si actuaran por separado. La cortesía, por tanto, también puede tener una explicación práctica.

Los pequeños favores favorecen la cooperación

Otra investigación, publicada en 2015, examinó cómo reaccionaban las personas cuando alguien les sujetaba una puerta. Los científicos observaron que los participantes agradecían con mayor frecuencia el gesto cuando quien lo realizaba mostraba más implicación, por ejemplo, manteniendo el contacto visual y sonriendo.

En uno de los experimentos, quienes recibían ese trato más atento también tenían más probabilidades de ayudar después al investigador a recoger unos bolígrafos que se habían caído. El trabajo muestra que una pequeña acción puede favorecer comportamientos de reciprocidad, aunque sus autores advierten que no permite conocer con certeza qué emoción experimentaba cada participante.

La relación con la empatía

La empatía consiste, entre otras dimensiones, en comprender la perspectiva de otra persona y tener en cuenta cómo puede sentirse. Un estudio publicado en 2021 analizó estas experiencias en la vida cotidiana de 246 adultos estadounidenses. Los investigadores encontraron una relación entre las experiencias diarias de empatía y las conductas prosociales, es decir, aquellas orientadas a beneficiar a otras personas.

Esto no significa que todas las personas que sujetan una puerta tengan necesariamente un nivel de empatía superior. Un gesto aislado no permite medir la personalidad ni establecer un diagnóstico. Sí puede ser una muestra de atención y disposición a facilitar la vida de quienes comparten nuestro entorno.

La importancia de los gestos cotidianos

En una sociedad marcada por las prisas, detenerse unos segundos para ayudar a alguien puede mejorar una interacción que, de otro modo, pasaría inadvertida. Sujetar una puerta, ceder el paso o ayudar a recoger algo del suelo son acciones sencillas que contribuyen a crear relaciones más amables. No hacen falta grandes sacrificios para mostrar consideración, ya que a veces la empatía también se expresa en los detalles más pequeños.

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