Psicología

Los psicólogos expertos lo avalan: las personas a las que les gusta la lluvia no son tristes, en realidad sólo se sienten cómodas en los momentos de introspección

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Blanca Espada

Para muchas personas, un cielo completamente gris y una tarde de lluvia son motivos suficientes para quedarse en casa deseando que vuelva a salir el sol. Pero para otras personas los mejores días son precisamente los de lluvia, en los que disfrutan escuchando las gotas contra la ventana, aprovechan para salir a caminar o encuentran especialmente agradable ese momento en el que la lluvia obliga a bajar el ritmo. Incluso hay una palabra que se utiliza para describir esta afición: pluviofilia.

Aunque su nombre pueda llevar a pensar en algún concepto propio de la psicología, no estamos ante una enfermedad ni un diagnóstico clínico. La pluviofilia es una forma popular de referirse al gusto por la lluvia y por todo lo que suele acompañarla. Tampoco significa que a estas personas les guste estar tristes o que tengan necesariamente un carácter melancólico sino que una de las explicaciones apunta en otra dirección, y es que algunos disfrutan de estos días porque se sienten especialmente cómodos con la calma y los momentos de introspección.

Los psicólogos expertos lo avalan: las personas a las que les gusta la lluvia no son tristes

El término se utiliza para definir la atracción o afinidad por la lluvia. Puede manifestarse de muchas maneras: desde disfrutar de su sonido mientras estamos en casa hasta preferir un paseo con el cielo cubierto, apreciar el olor de la tierra mojada o sentirse a gusto observando una tormenta desde un lugar protegido. No existen unos criterios psicológicos que permitan clasificar a alguien como pluviófilo. Tampoco aparece como trastorno o condición clínica. Se trata sencillamente de una palabra que permite poner nombre a una preferencia que algunas personas reconocen con facilidad.

Y no todo el mundo que disfruta de la lluvia lo hace por el mismo motivo. Para unos puede estar asociada al descanso; otros recuerdan momentos agradables de su infancia o disfrutan simplemente del paisaje que deja un día gris. Las experiencias personales tienen mucho que decir en la forma en la que reaccionamos ante un mismo ambiente.

Por qué algunas personas disfrutan tanto de los días de lluvia

Joseph Plummer, autor de Rainy Day Economic, ha abordado esta particular atracción por los días lluviosos y la relaciona, entre otras cosas, con la introspección. Cuando el exterior invita a detenerse y desaparecen algunos de los estímulos habituales, ciertas personas encuentran más sencillo prestar atención a sus propios pensamientos y emociones. Eso ayuda a entender por qué disfrutar de un día gris no tiene por qué guardar relación con la tristeza. Quedarse leyendo mientras llueve, sentarse junto a una ventana o salir a caminar después de una tormenta pueden ser momentos agradables precisamente porque ofrecen una pausa respecto al ritmo habitual.

Plummer también habla de una mayor atención al entorno y del gusto por situaciones tranquilas. Eso no quiere decir que todas las personas a las que les encanta la lluvia sean introvertidas o tengan una personalidad determinada. Convertir una preferencia meteorológica en una especie de test de personalidad sería ir mucho más allá de lo que realmente puede afirmarse.

El sonido de la lluvia también tiene mucho que ver

Parte de su atractivo está en algo tan sencillo como escucharla. El golpeteo continuo de las gotas sobre un tejado o una ventana mantiene un ritmo bastante uniforme y puede enmascarar otros sonidos del entorno. Para algunas personas, esa regularidad resulta especialmente relajante. De hecho Plummer señala que estos sonidos suaves pueden favorecer la relajación e incluso ayudar a algunas personas a dormir. La sensación puede ser todavía más intensa cuando la lluvia se escucha desde un lugar en el que uno se siente protegido y cómodo.

«La lluvia es un estímulo poco exigente que capta la atención, liberando la capacidad cognitiva para la contemplación», explica el autor. Pone como ejemplo la experiencia de escucharla desde el porche de una cabaña rodeada de naturaleza y combinar ese momento de descanso con paseos por el entorno. Hay también un componente aprendido ya que si durante años una persona ha relacionado los días lluviosos con quedarse en casa descansando, leer o pasar tiempo en un lugar seguro, es comprensible que ese sonido termine asociado a sensaciones agradables. Para otra persona, en cambio, puede significar tráfico, desplazamientos incómodos o planes cancelados.

Que te guste la lluvia no significa que seas una persona triste

Quizá ésta sea la asociación más habitual. El cine, la literatura e incluso la música han utilizado durante décadas la lluvia para representar tristeza, nostalgia o soledad. Sin embargo, que esa imagen funcione como recurso narrativo no significa que describa cómo se sienten quienes disfrutan realmente de un día lluvioso. Para alguien que prefiere ambientes tranquilos, la lluvia puede significar justamente lo contrario: descanso, refugio y una oportunidad para estar consigo mismo sin necesidad de llenar cada momento con actividades.

En definitiva, algunas personas que encuentran energía en una mañana soleada y otras que se sienten especialmente cómodas cuando el cielo está cubierto y escuchan caer agua al otro lado de la ventana. Pero ninguna de esas preferencias permite, por sí sola, sacar grandes conclusiones sobre su personalidad aclaran los psicólogos.

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