Psicología

La psicología dice que las personas que se sienten incómodas al recibir elogios, comparten estos rasgos únicos en la infancia

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Laura Mesonero
  • Laura Mesonero
  • Laura Mesonero Ortiz (Madrid, 2002) Periodista especializada en SEO editorial y desarrollo de audiencias digitales, con experiencia en medios nacionales de referencia como La Razón (Grupo Planeta), The Objective media y ahora en OkDiario. Experta en estrategia de contenidos orientada a Google Discover y Google Search. Perfil híbrido entre redacción, análisis de datos y visión estratégica.
Todos hemos vivido alguna vez esa situación en la que alguien nos felicita por algo que hemos hecho o conseguido y, en lugar de disfrutar del reconocimiento, nos invade la vergüenza y una sensación incómoda difícil de explicar. Nos cuesta dar las gracias, restamos importancia a nuestro logro o incluso pensamos que ‘no es para tanto’. Lejos de ser necesariamente una señal de timidez, esta reacción puede estar relacionada con experiencias vividas durante la infancia y con la forma en la que aprendimos a valorar nuestras propias capacidades.

 

Esto no significa que todas las personas que se sienten incómodas ante un cumplido hayan vivido las mismas experiencias, pero sí existen algunos aprendizajes tempranos que pueden ayudar a comprender esta reacción.

Ocho rasgos de la infancia que pueden influir en cómo recibimos los elogios

  • El perfeccionismo. Si los logros se recibían con exigencia en lugar de celebración, la persona puede sentir que nunca hace lo suficiente y que no merece ese halago.
  • La necesidad de aprobación. Crecer pendiente de la valoración de los adultos puede dificultar la autoestima y hacer que los elogios inesperados generen dudas.
  • La hipervigilancia emocional. Quienes crecieron en entornos imprevisibles pueden analizar cada comentario en busca de críticas o segundas intenciones, incluso cuando es positivo.
  • Una imagen negativa de uno mismo. Si alguien aprendió desde pequeño que no era suficientemente bueno, puede tener dificultades para aceptar cumplidos que contradigan esa creencia.
  • El miedo a las expectativas. Cuando los elogios iban acompañados de nuevas exigencias, recibir reconocimiento puede generar presión por mantener el mismo nivel.
  • Minimizar los propios logros. Algunas personas aprenden a quitarse mérito para no destacar o evitar parecer arrogantes, hasta convertirlo en una respuesta automática.
  • La desconfianza ante el reconocimiento. La falta de atención o de afecto durante la infancia puede dificultar que una persona confíe en la sinceridad de los elogios.
  • La sensación de quedar expuesto. Si destacar provocaba críticas o incomodidad durante la infancia, recibir un cumplido, especialmente en público, puede generar vergüenza.

Por qué un elogio puede convertirse en una fuente de presión

La incomodidad ante los halagos no siempre tiene que ver con la modestia o con una personalidad tímida. En ocasiones, aceptar una valoración positiva implica enfrentarse a creencias muy arraigadas sobre uno mismo, sobre lo que se espera de nosotros o sobre la manera en la que los demás nos perciben.

El investigador Eddie Brummelman, de la Universidad de Utrecht, ha estudiado cómo los elogios exagerados dirigidos a niños con baja autoestima pueden resultar contraproducentes y aumentar la presión que sienten. Este trabajo ayuda a entender que no todos los elogios se viven de la misma manera y que su efecto también depende de cómo se reciben.

Reconocer estos patrones puede ser un primer paso para aprender a aceptar los cumplidos sin sentir la necesidad de justificarse, quitarse mérito o buscar inmediatamente los propios defectos. A veces, basta con detenerse un momento y responder con un sencillo «gracias», sin exigirse nada más.

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