El proverbio de la filosofía china sobre el trabajo en equipo que seguimos aplicando hoy día: «Tres zapateros hacen un sabio»

Nunca hay que cometer el error de creer que la filosofía china se limita a los grandes textos de Confucio, Laozi o Mencio. Una parte de su sabiduría circula a través de refranes breves, fáciles de recordar, que resumen en una sola línea una manera de entender la vida. Muchos de ellos se aprenden en la infancia y siguen presentes en el lenguaje cotidiano de millones de personas.
Uno de esos dichos habla de tres zapateros y de un sabio, y a primera vista parece casi un chiste o un acto teatral. No obstante, detrás de la imagen hay una referencia histórica concreta, una posible confusión lingüística que alteró sus palabras y una idea sobre el trabajo en grupo que la ciencia ha puesto a prueba en los últimos cien años.
¿Qué significa «tres zapateros hacen un sabio», el proverbio de la filosofía china?
En chino, la frase original es 三个臭皮匠,赛过一个诸葛亮 (sān gè chòu pí jiàng, sài guò yī gè Zhūgě Liàng), y su traducción literal sería algo así como tres zapateros apestosos superan a un Zhuge Liang. En español suele adaptarse como «Tres zapateros hacen un sabio», una versión que sustituye el nombre del estratega por una figura más reconocible fuera de Asia.
Y dicho esto, sin dar muchos rodeos, el significado queda claro como el agua: varias personas corrientes, si unen sus ideas, pueden igualar a un solo experto.
Ojo, que el refrán no desprecia el talento individual, sino que recuerda que el conocimiento repartido entre muchos suele cubrir más ángulos que el de una única cabeza, por brillante que sea. Por eso, en China se emplea a menudo para animar a un grupo antes de afrontar un problema complicado.
La idea conecta con una de las frases más citadas de las Analectas de Confucio: «Cuando caminan tres personas, entre ellas hay sin duda un maestro». Aunque el proverbio de los zapateros no procede de un texto clásico, sino del habla popular, ambos comparten la misma lógica: nadie lo sabe todo y cualquiera puede aportar algo al conjunto, sea cual sea su oficio.
Zhuge Liang, el estratega que inspiró el refrán
Zhuge Liang (181-234) fue canciller del reino de Shu durante el periodo de los Tres Reinos, una de las etapas más convulsas de la historia de China. Su fama se multiplicó siglos después gracias al Romance de los Tres Reinos, la novela atribuida a Luo Guanzhong en el siglo XIV, que lo convirtió en el símbolo por excelencia de la inteligencia y la astucia.
Uno de los episodios más conocidos de la novela cuenta cómo consiguió 100.000 flechas del enemigo sin disparar una sola: envió barcas cargadas de muñecos de paja hacia el campamento rival en una noche de niebla y esperó a que los arqueros las acribillaran. Con esa fama a sus espaldas, igualar a Zhuge Liang equivale, en la cultura china, a alcanzar la máxima sabiduría posible.
Incluso, sobre el origen del dicho circula además una teoría curiosa. Según un artículo chino publicado en 2024, la versión primitiva hablaba de 裨将 (pí jiàng), los oficiales subordinados del ejército, y no de 皮匠, que suena casi igual.
El pueblo, ajeno a ese término militar, lo habría cambiado por zapateros, aunque no existe una prueba documental definitiva.
Otro punto de vista: ¿Qué plantea la ciencia sobre la inteligencia colectiva?
La ciencia occidental llegó a una conclusión parecida por otro camino. En 1906, el científico británico Francis Galton analizó un concurso de una feria ganadera de Plymouth en el que unas 800 personas intentaron adivinar el peso de un buey. La mediana de todas las apuestas se quedó a menos del 1% del peso real, según describió en la revista Nature en 1907.
Más de un siglo después, un equipo liderado por Anita Woolley (Universidad Carnegie Mellon), junto a investigadores del MIT, publicó en Science un estudio con 699 participantes repartidos en grupos de dos a cinco personas.
Los autores identificaron un factor de inteligencia colectiva que explicaba el rendimiento de cada grupo en tareas muy distintas y que apenas dependía de la inteligencia individual de sus miembros.
Lo que sí influía era la forma de colaborar: los grupos con más sensibilidad social y turnos de palabra repartidos rendían mejor. En cambio, aquellos en los que una o dos personas acaparaban la conversación obtenían peores resultados. También contaba la proporción de mujeres en el equipo, algo que los autores relacionaron con su mayor puntuación en sensibilidad social.
Para abrir el debate: ¿Este proverbio de la filosofía china sigue vigente?
El trabajo en equipo figura hoy entre las competencias más valoradas en las ofertas de empleo, y técnicas como la lluvia de ideas o las metodologías ágiles parten de la misma premisa que el viejo refrán chino.
Justamente, la frase de los zapateros encaja con esa cultura de empresa que prefiere las decisiones compartidas a la figura del líder que lo resuelve todo en solitario.
Eso sí, la psicología también ha encontrado el límite de la idea. A finales del siglo XIX, el ingeniero agrónomo francés Maximilien Ringelmann comprobó que, al tirar de una cuerda en grupo, cada persona se esforzaba menos a medida que el equipo crecía: en grupos de ocho, cada participante aportaba menos de la mitad de su fuerza en solitario.
Quizá por eso el proverbio habla de tres zapateros, y no de treinta.