Álex y Paula (27 y 26 años) viven en las montañas de Cataluña con su bebé de cinco meses: «Bebemos agua del río y producimos nuestras propias verduras»
Si tienes pareja, deberías hacerte estas dos preguntas hoy mismo
Una joven de 20 años compra una casa por 9.000 € en el pueblo de su abuela en Cuenca y sólo reformar el tejado le cuesta más que la vivienda
La psicología dice que las parejas que se lo cuentan absolutamente todo no demuestran una confianza perfecta, sino que caen en un mito romántico destructivo
La vida de una pareja de 27 y 26 años suele seguir un guion parecido: trabajo, vuelta a casa y, los fines de semana, cenas, quedadas con amigos, algún concierto o una tarde de compras. De vez en cuando, unas vacaciones o una escapada de varios días para desconectar.
Pero en este caso Álex y Paula han cambiado ese guion por una masía, la casa de campo tradicional catalana, en plena montaña, con un huerto del que sale casi todo lo que comen y un río del que beben a diario.
Así es el día a día de Álex y Paula en una masía del Montseny
Álex y Paula viven desde enero en una masía alquilada en el Montseny, en la provincia de Barcelona, junto a su hija Amara, de cinco meses, que nació en la propia finca.
El agua llega por una tubería desde un río cercano hasta un depósito de obra. De ahí beben y friegan, y el excedente llena dos depósitos de unos 6.000 litros con los que riegan los cultivos. «Nosotros siempre decimos que bebemos agua viva», explicó Paula, en referencia a que no lleva cloro ni pasa por tuberías viejas.
Del huerto salen puerros, acelgas, remolachas, calabazas, tomates, berenjenas o lechugas, una parte de las cuales venden a clientes de la zona. Sólo compran algunas zanahorias y patatas. La carne todavía la adquieren fuera, aunque crían conejos y un familiar cazador les trae jabalí y corzo.
La finca tiene unas ocho hectáreas de bancales. Gallinas y un gallo, tres ocas que hacen de alarma, un perro y un gato completan la granja, protegida con una valla eléctrica por los zorros y las águilas.
Qué llevó a Álex y Paula a cambiar la ciudad por el campo
Álex creció en el Pallars, cerca de Sort, hasta los 12 años. Después vivió en varias ciudades, entre ellas Londres, en una etapa marcada por las fiestas y las drogas que acabó con medio año en la cárcel de La Roca del Vallès. El cambio llegó cuando se instaló solo en una casa cerca de Montserrat y empezó a pasear por la montaña.
Paula creció en Barcelona y estudió Negocios Internacionales y Marketing. Al terminar la carrera atravesó una crisis y viajó por Latinoamérica, donde descubrió formas de vida más ligadas a la tierra. A la vuelta empezó a cultivar un huerto.
Qué implica dejar la ciudad para vivir en el Montseny
El proyecto no es una desconexión total. La pareja paga 1.000 euros al mes de alquiler, sigue conectada a la red eléctrica y a Internet y usa el coche para ver al hijo mayor de Álex, que vive en Terrassa. Álex trabaja fuera de la finca y Paula está de baja por maternidad.
Paula reconoce que en el campo siempre hay tareas pendientes y que vivir allí supone «mucho más trabajo que trabajar tus ocho horas e ir a comprar al súper». Una plaga, las babosas o las palomas pueden arruinar una siembra, y la pareja no usa productos químicos. El zorro ya se ha llevado una coneja y varias gallinas.
Los errores también cuestan dinero. Un vecino de la zona les cobró 400 euros por un montón de estiércol que ahora compostan con lombrices californianas. Este verano recibieron voluntarios para ampliar el huerto, y Álex rehabilita una sala de 30 metros cuadrados para talleres de agricultura y oficios tradicionales. El siguiente paso son unas ovejas que limpien el sotobosque y reduzcan el riesgo de incendio.
Temas:
- Curiosidades
- Vivienda