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Christina Seilern desvela las claves de Castellana 198, el residencial de lujo de Madrid: «La fachada recupera la tradición española»

Christina Seilern
Christina Seilern. (Foto: Drago)
Lucía Lera
  • Lucía Lera
  • Periodista especializada en viajes, belleza y estilo de vida. Al terminar la carrera entendí que quería convertir mi vocación en mi forma de vida, y desde entonces el periodismo se ha convertido en el lugar desde el que contar historias, descubrir lugares y conectar con personas. A lo largo de este camino he colaborado con distintas cabeceras, confirmando en cada artículo que elegí la profesión adecuada.

La arquitectura es la prueba más evidente de la evolución de una ciudad. Y en esta ecuación, son los edificios la huella más visible y evidente que nos narra esta evolución. Madrid es una ciudad que no para de crecer. Por eso, ubicaciones tan simbólicas para la ciudad, como es el Paseo de la Castellana, son hoy el escenario de una revolución donde la evolución social se mira a través de la arquitectura y el diseño. Conviene hablar de lujo, entonces, ya que esta área se ha establecido como la dimensión más aspiracional para escribir las nuevas líneas de la historia de la ciudad de Madrid. Una consecuencia de la capacidad que ha desarrollado la ciudad en los últimos años para atraer grandes capitales y proyectos más prémium. Uno de los últimos es el de Castellana 198.

Impulsado por la firma independiente de inversión y gestión inmobiliaria Drago, este proyecto, concebido inicialmente como un hotel de lujo en la capital, ha diseñado un nuevo modelo de viviendas de lujo. Comprende 62 viviendas, de uno a cuatro dormitorios y con cinco áticos dúplex. La encargada de llevar a cabo el diseño ha sido Christina Seilern, fundadora de Studio Seilern Architects. Nos hemos sentado a hablar con ella para reflexionar sobre el papel del diseño en la transformación de la ciudad de Madrid y los detalles de este proyecto tan singular.

El nuevo diálogo del lujo residencial

Artífice de proyectos como Gota House, en Zimbabue; la sala de conciertos de Andermatt en los Alpes suizos, el G. W. Annenberg Performing Arts Centre de Wellington College o Ansdell Street en Kensington, Seilern defiende la vivienda como una experiencia completa. «Creo que hoy un edificio residencial tiene que responder a mucho más que al espacio privado de cada vivienda», subraya la experta.

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Castellana 198. (Foto: Drago)

Su visión se alinea a la perfección con la nueva definición que ha ido puliendo en los últimos años el concepto del lujo residencial, cada vez más enfocado en proporcionar soluciones y bienestar a sus habitantes. «La forma en la que vivimos ha cambiado y buscamos también bienestar, ejercicio, espacios de encuentro y lugares donde poder relacionarnos con otras personas, pero sin renunciar a la privacidad y a la tranquilidad dentro de casa», añade.

«En Castellana 198, esa relación forma parte del propio concepto del edificio». Su principio fundamental para poder dar forma a este sistema fue integrar espacios de confort, como el spa, el gimnasio, las zonas de bienestar y el club social, como una parte integral de la experiencia residencial. «La idea es que cada persona pueda conservar plenamente su espacio privado y, al mismo tiempo, tenga la posibilidad de acceder a diferentes espacios comunes cuando quiera relacionarse, trabajar, hacer ejercicio o simplemente pasar tiempo fuera de su vivienda». Añade que, en su opinión, «esa combinación entre privacidad y comunidad es una parte cada vez más importante de la calidad de vida».

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Castellana 198. (Foto: Drago)

Alineado con la ciudad

La filosofía del cambio parte de la regeneración urbana, por eso, Seilern señala que «desde el principio quisimos conservar la mayor parte posible de la estructura existente, tanto por una cuestión de sostenibilidad como por la oportunidad que suponía trabajar con lo que ya estaba construido. Eso condicionó aspectos como las alturas, las distribuciones o la integración de las instalaciones, y nos obligó a buscar soluciones muy precisas para conseguir espacios abiertos, funcionales y con la mayor cantidad posible de luz natural».

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Castellana 198. (Foto: Drago)

Y supuso el mayor reto del proyecto: adaptar el edificio a las necesidades funcionales de una vivienda de lujo. «Partimos de una estructura que había sido diseñada para un uso completamente diferente y conseguimos adaptarla a las necesidades de un residencial contemporáneo», subraya. «La estructura existente limitaba», subraya. Por eso apunta cómo concentraron gran parte de las instalaciones en un mismo eje, «lo que nos permitió liberar otros espacios y conseguir mayores alturas donde realmente importaban. También trabajamos para reducir al máximo los pasillos y evitar espacios oscuros, favoreciendo distribuciones más abiertas y una mayor entrada de luz natural».

Son decisiones que probablemente un residente no identifique de forma consciente, pero que influyen muchísimo en cómo se siente una vivienda: en la amplitud, en las proporciones, en la luz y, en definitiva, en la calidad de vida cotidiana. «Para mí, la verdadera elegancia tiene mucho que ver con eso: con detalles cuidadosamente pensados que funcionan sin necesidad de llamar la atención», sentencia.

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Castellana 198. (Foto: Drago)

Integrar la nueva Madrid con la castiza

En las calles no predomina una sola estética, sino que conviven múltiples corrientes arquitectónicas que abarcan más de cinco siglos de historia, que continuamente se están reinventando. En su identidad está esa evolución constante que hace a la ciudad un crisol de tendencias y transformación. Hacerlo requiere de cierta coherencia por parte de los diseñadores; por eso Christina Seilern señala que este edificio debía ser la respuesta de la propia evolución de un lugar tan simbólico como la Castellana.

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Castellana 198. (Foto: Drago)

«Más que tomar como referencia un edificio concreto de Madrid, nos interesaba responder al lugar. Castellana es uno de los grandes ejes de la ciudad y no queríamos crear un edificio que pudiera estar indistintamente en Londres, Miami o cualquier otra ciudad. Buscamos una arquitectura contemporánea, pero profundamente vinculada a Madrid y a la cultura española. La fachada cerámica nace precisamente de esa idea: recuperar una tradición muy presente en la arquitectura española y reinterpretarla desde un lenguaje actual».