Los signos que denotan el desgaste de la reina Isabel
La reina Isabel busca maestro pastelero
La imagen de la reina Isabel que ha despertado todas las alarmas
La intensa vuelta a la normalidad de la reina Isabel en su año más difícil
La cuidada estrategia de los Cambridge de cara a la sucesión de la Corona
El último año ha sido especialmente complicado para la reina Isabel. La soberana británica no solo ha tenido que enfrentarse a la muerte de su marido, el duque de Edimburgo, sino que la salida de los duques de Sussex de ‘La Firma’ y el escándalo que rodea al príncipe Andrés han sido fuertes quebraderos de cabeza para la monarca. Una situación que recuerda en cierta manera al que ella misma calificó como su ‘Annus horribilis’, el de 1992, con los varios divorcios en la familia real y el incendio en el Castillo de Windsor, entre otras cuestiones. A todo esto hay que sumar la situación de emergencia sanitaria por la pandemia del coronavirus, que ha tenido al mundo entero en vilo y que, además, afectó a algunos miembros de la familia de manera directa, como es el caso del príncipe Carlos o del duque de Cambridge.
A pesar de las circunstancias adversas a las que ha tenido que hacer frente en estos últimos meses, la monarca continúa manteniendo un firme compromiso con la institución. A sus 95 años, Isabel II no tiene intención alguna en dejar paso a las nuevas generaciones y renunciar a su papel oficial, aunque sí es cierto que cada vez cobran más protagonismo figuras como las de los duques de Cambridge, en quienes muchos ven a sus sucesores naturales, por encima de Carlos de Inglaterra.
Después de unos meses de descanso en las tierras de Balmoral -donde se ha ido a refugiar el príncipe Andrés tras conocerse la noticia de la demanda de Virginia Giuffre-, Isabel ya se encuentra de nuevo instalada en Windsor, donde ha ubicado su residencia permanente frente a Buckingham. Solo se traslada de manera puntual a Londres para cumplir con algunos compromisos, pero prefiere que Windsor, donde, por cierto, descansan los restos del duque de Edimburgo, sea su base de operaciones.
Sin embargo, la Reina no ha renunciado a su agenda. Aunque es una realidad el hecho de que muchos de sus compromisos han pasado a llevarse a cabo de manera telemática, todavía participa en algunos de forma presencial. Desde que iniciara el nuevo curso ha asistido a numerosos compromisos, algunos de ellos en compañía de su hija, la princesa Ana, y otros con el príncipe Carlos. Pero hay algo que ha cambiado en la monarca.
A sus 95 años nadie duda del buen estado de la soberana, pero el paso del tiempo es algo inevitable, máxime cuando nos enfrentamos a circunstancias tan complicadas como las que ha tenido que vivir ella en los últimos tiempos. Hace algunos meses, antes incluso de la muerte del príncipe Felipe, unas imágenes de la monarca con los Cambridge, Carlos y Camilla y los Wessex hicieron saltar todas las alarmas por el aspecto de la Reina. Fotografías de un reencuentro navideño en Windsor en el que no se perdió de vista la distancia de seguridad, pero donde la delgadez de la monarca acaparó toda la atención.
Isabel II nunca ha sido una persona gruesa, pero, de un tiempo a esta parte, su figura se ha afinado aún más. A pesar de que no es algo de lo que a simple vista podamos ser conscientes en todos los actos en los que participa, si miramos con detalle, podremos apreciar cómo la Reina está más delgada, algo que, en su rostro, pese a la sonrisa que siempre intenta mantener, se hace especialmente evidente. A esto hay que añadir los hematomas que a veces presenta en las manos -que ya se le han visto en el pasado, pero que ahora son más llamativos- o el hecho de que recientemente se acompañe de un bastón, algo muy inusual en ella.
Partidaria de la naturalidad, la Reina puede presumir de no recurrir a profesionales para que la maquillen o la peinen -tal como reveló Angela Kelly- salvo el día que ofrece el discurso de Navidad, fecha en la cual desde hace años cuenta con los servicios de la maquilladora televisiva Marilyn Widdess. Sin embargo, de un tiempo a esta parte luce el rostro algo más pálido de lo habitual y recarga sus mejillas con colorete.
No hay duda de que el paso del tiempo es inexorable para todos y de que la monarca es firme en su compromiso con la Corona, pero quizás haya llegado el momento de tomarse un pequeño descanso. Al fin y al cabo, Felipe de Edimburgo también anunció su jubilación a la misma edad que ella acaba de alcanzar. Descubre en nuestra galería la evolución de la soberana en estos últimos tiempos.
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