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El palacete de ‘El Pablo’ en Palma escondía una piscina con cascada, un bar privado y un túnel de casi 75 metros para escapar

Mansión de El Pablo
Imagen del interior del palacete de 'El Pablo' facilitada por la Policía Nacional durante una intervención.
Julio Bastida

Tras sus imponentes puertas blindadas no había una vivienda convencional. El palacete de ‘El Pablo’, señalado como uno de los puntos neurálgicos del narcotráfico en La Soledad, estaba concebido como una auténtica fortaleza: una construcción de varias plantas que ocupaba una manzana entera y que combinaba medidas de seguridad extremas con todo tipo de lujos.

El primer detalle llamaba la atención desde el acceso. Las puertas estaban fuertemente blindadas, con unas medidas de protección incluso superiores a las utilizadas en algunos de los puntos de venta de droga. Entrar no era sencillo y, sobre todo, salir de allí tampoco dependía únicamente de las puertas principales.

En el interior, el lujo contrastaba con el aspecto de búnker. Suelos de mármol, numerosos cuartos de baño, electrodomésticos de última tecnología, enormes pantallas y un sistema de videograbación formaban parte de las instalaciones.

Y había espacio también para el ocio. El palacete disponía de un bar privado con barra, preparado para atender reuniones y celebraciones. Una estancia pensada para recibir a invitados y servir bebidas durante los eventos que se organizaban en el inmueble.

Pero uno de los elementos que más sorprende estaba en el exterior: una piscina de aproximadamente seis metros de largo por tres de ancho. Cuando el inmueble fue intervenido, en la piscina se estaba construyendo además una cascada ornamental, un detalle que elevaba todavía más el nivel de lujo de la propiedad.

Sin embargo, el verdadero secreto de la construcción estaba bajo tierra. Un túnel subterráneo de casi 75 metros había sido preparado como posible vía de escape. Una salida alternativa que permitía abandonar el complejo sin tener que atravesar las puertas principales y que convertía el inmueble en algo más que una residencia de lujo.

Era, en la práctica, una fortaleza preparada para resistir y escapar. La distribución del edificio, sus diferentes plantas, las medidas de seguridad y el sistema de videovigilancia permitían mantener un amplio control sobre el inmueble. Mientras arriba se acumulaban los elementos propios de una vivienda de lujo —mármol, piscina, bar, pantallas y equipamiento de última generación—, bajo tierra se encontraba una infraestructura pensada para una situación muy distinta: la huida.

El resultado era un inmueble de dimensiones extraordinarias en el que convivían dos realidades aparentemente opuestas. Por un lado, el lujo y la ostentación. Por otro, el blindaje y la necesidad de contar con una salida de emergencia.

Piscina con cascada, bar privado, puertas blindadas y un túnel de casi 75 metros. El palacete de ‘El Pablo’ era mucho más que una vivienda: era una construcción levantada alrededor de la seguridad, el lujo y la posibilidad de escapar.

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