Parece Noruega, pero está en España: la cascada de aguas cristalinas que cae por un agujero en la roca y se accede tras 2 km de ruta senderista idílica en otoño

En otoño, cuando las lluvias regresan, un torrente catalán escondido entre bosques de robles y hayas despierta de su letargo estival. Su agua baja con fuerza entre paredes grises cubiertas de musgo hasta precipitarse en una poza de color esmeralda. Es una cascada cristalina que muchos visitantes comparan con los fiordos noruegos, aunque está a menos de dos horas de Barcelona.
Y lo más llamativo no es solo la transparencia del agua, sino la forma en que el salto aparece ante quien llega: enmarcado por la propia roca, como si alguien hubiera abierto una ventana en la montaña. En su alrededor se ha tejido además una leyenda que los vecinos de la zona aún cuentan, y que aconseja evitar el lugar en determinadas noches.
La Foradada, la cascada de aguas cristalinas que cae por un agujero en la roca
La belleza natural que aquí nos convoca se trata de La Foradada, un salto de agua situado junto a Cantonigròs, núcleo del municipio de L’Esquirol, en la comarca barcelonesa de Osona. Forma parte del Collsacabra y del entorno del Espacio Natural de las Guilleries-Savassona.
Su nombre (que en castellano significa agujereada) procede del gran agujero que la erosión ha abierto en una de las rocas que rodean la caída, a través del cual se contempla la cascada.
En este marco, el agua procede de la riera de les Gorgues y se precipita en una poza profunda rodeada de paredes verticales. Las guías senderistas calculan unos 15 metros de caída, aunque el inventario de patrimonio de la Diputación de Barcelona eleva la cifra a cerca de 30. El color de la poza, entre el turquesa y el verde, cambia según la luz y el caudal de cada época del año.
Detrás y por debajo del salto, la roca forma una cavidad que funciona como un anfiteatro natural, y en las zonas más sombrías el musgo tapiza las paredes.
Esa combinación de piedra gris, vegetación húmeda y agua esmeralda justifica al pelo la comparación con los paisajes noruegos. En invierno, tras varios días de heladas, la cascada puede llegar incluso a congelarse.
Así es la ruta de dos kilómetros hasta la Foradada
El sendero arranca junto al campo de fútbol municipal de Cantonigròs, donde hay un aparcamiento gratuito que se llena con rapidez los fines de semana.
Nos topamos aquí con un recorrido lineal de unos dos kilómetros entre ida y vuelta, con algo más de 150 metros de desnivel acumulado. El primer tramo es llano y después desciende de forma gradual hasta el fondo del barranco, sin posibilidad de pérdida.
Por un lado, la mayoría de guías la califican de fácil y calculan unos 30 minutos, aunque conviene tomárselo con calma.
El terreno tiene raíces, piedras resbaladizas y algunos tramos empinados con barandillas de madera, por lo que se recomienda llevar calzado de montaña y extremar la precaución con niños pequeños o personas con problemas de movilidad. Tras días de lluvia, el barro complica el último tramo.
Por otro lado, cabe anticipar que el acceso está regulado. Antes de iniciar la ruta hay una caseta de madera donde se paga una ecotasa de 2,5 euros, y los fines de semana entre Semana Santa y octubre el aforo se limita a 50 personas a la vez. Dentro del espacio está prohibido bañarse, hacer pícnics, fumar, encender fuego o poner música, y los perros deben ir atados.
La leyenda de las hadas que vivían en la poza de la Foradada
Como ocurre con muchos rincones del Collsacabra, la Foradada tiene su propia leyenda. Según la tradición popular, en las profundidades de la poza vivían unas hadas que salían a la superficie para cantar y peinarse al atardecer, y que en las noches de luna llena disfrutaban de la luz reflejada sobre el agua. Son las llamadas mujeres de agua, unos seres muy presentes en el folclore catalán.
El relato cuenta que dos hermanos de Cantonigròs quisieron espiarlas a escondidas. Las hadas los descubrieron y, como castigo, los convirtieron en piedra.
Por eso, según la tradición, se desaconseja visitar el lugar en noches de luna llena. Hoy, sin embargo, el mayor riesgo para la poza no viene de la magia, sino de la afluencia de visitantes, que ha llevado a controlar el aforo.
¿Qué hay para ver en Collsacabra, cerca de esta cascada de aguas cristalinas?
La ruta es breve, así que se puede combinar con otras visitas en el entorno. A pocos metros de la poza se conservan las ruinas del molino de la Foradada, un antiguo molino harinero con una pequeña fuente en su interior. En los alrededores hay además otras paradas habituales del Collsacabra:
- Rupit, un pueblo medieval de calles empedradas y casas de piedra.
- Tavertet, encaramado sobre los riscos que dominan el embalse de Sau.
- El mirador del Morro de l’Abella, con vistas al pantano de Sau.
- El monasterio benedictino de Sant Pere de Casserres, en un meandro del río Ter.
Y para quien busque más kilómetros, existe una ruta circular de unos doce kilómetros desde L’Esquirol que suma el dolmen de Puigsespedres y el puente de la Gorga.
Para concluir, los senderistas que conocen bien la zona añaden otro consejo: en ciertas horas del día, el sol se cuela por el agujero de la roca e ilumina la poza, un efecto que se aprecia mejor tras varios días de lluvia intensa.