Las dos mujeres que recolectan algas en las gélidas islas Lofoten y las venden a los restaurantes más prestigiosos de Europa
Angelita Eriksen y Tamara Singer dejaron atrás sus carreras como fisioterapeutas para emprender una aventura en el círculo polar ártico
Uno de los pueblos más bonitos de España tiene un Sendero Azul con vistas que dejan sin aliento: es corto y accesible
En 1907, un gallego que hizo fortuna en Cuba regresó para construirse una mansión en Galicia: hoy es un hotel de lujo del Camino de Santiago
La mejor carretera paisajística de Extremadura está a 260 km de Madrid y atraviesa una Reserva de la Biosfera
La historia de Angelita Eriksen y Tamara Singer es uno de esos relatos que, al escucharlos, inspiran. En pleno círculo polar ártico, estas dos mujeres recolectan algas que después procesan y comercializan para llevarlas a algunos de los restaurantes más prestigiosos de Europa.
Ambas son fisioterapeutas y se conocieron en Australia. Angelita creció en un pueblo pesquero noruego, ayudando a su padre con las tareas relacionadas con la pesca, mientras que Tamara, de ascendencia japonesa, se crió en Nueva Zelanda familiarizada con las algas gracias a la cocina de su madre.
De una pequeña barca a la alta gastronomía
La idea surgió cuando Angelita empezó a investigar sobre las propiedades nutricionales y la sostenibilidad de las algas. «¿Por qué no las comemos? Están aquí, son gratis», se preguntaba. Sin embargo, necesitaba descubrir qué especies podían aprovecharse y cómo cocinarlas. La respuesta llegó con la visita de la madre de Tamara a Lofoten, quien reconoció variedades como el wakame, el kombu y el nori, y comenzó a prepararlas en la cocina.
Así nació Lofoten Seaweed, una empresa que ha conseguido recuperar la antigua lechería del pueblo y genera empleo en una comunidad que está transformando la pesca tradicional.