Turismo interior

En 1619 alguien ideó una extraña construcción de piedra para guardar la nieve del invierno en la sierra de Mallorca: 4 siglos después son BIC y aún se conservan 11 en pie

joya arquitectónica que solo existe en Mallorca
Casa de neu en Coma de n'Arbona. Foto: Joan Gené en Wikimedia Commons.
Alejo Lucarás
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

En lo más alto de la Sierra de Tramontana, donde el turismo de playa nunca llega, Mallorca guarda celosamente una joya arquitectónica que muy pocos conocen. Se trata de un conjunto de construcciones de piedra en seco, escondidas entre roquedales a más de mil metros de altura, que durante siglos cumplieron una función esencial para la vida en la isla.

Estas estructuras nacieron de una necesidad muy concreta: conservar el frío del invierno para poder usarlo en pleno verano. Antes de repasar cómo se lograba semejante hazaña sin ningún tipo de tecnología moderna y sin electricidad, conviene situar dónde se encuentran exactamente los restos que todavía sobreviven de esta singular pieza arquitectónica.

¿Cuál es la joya arquitectónica de Mallorca que quedó reducida a once ejemplares?

Se trata de las casas de neu, o casas de nieve, repartidas por el macizo de Massanella, dentro del municipio de Escorca, en plena Sierra de Tramontana.

De todas las que llegó a haber en la isla, hoy solo quedan once en esta zona, siete en fincas públicas y cuatro en propiedades privadas, la mayoría situadas por encima de los mil metros de altitud.

Algunas de estas construcciones, según los registros históricos, datan de 1619, cuando ya se documentaba la actividad de recoger nieve en la montaña para transformarla en hielo.

Además de la zona mencionada, se concentran también en el término municipal de Bunyola. Las más comprometidas se pueden apreciar en laderas y cumbres de los picos más altos de Mallorca, como el Puig Major, el Puig Tomir y el Puig de Galileu.

Lo que se puede apreciar en la imagen destacada del artículo es una de las cuatro casas de neu radicadas en la Coma de n’Arbona, en una hondonada natural en el municipio de Fornalutx.

¿Quiénes eran los nevaters y cómo convertían la nieve en hielo?

El funcionamiento de estas casas era tan ingenioso como laborioso. Los nevaters, los trabajadores encargados de esta tarea, subían a la montaña durante el invierno para recoger la nieve acumulada y la arrojaban dentro de pozos excavados en la roca.

Una vez dentro, la pisaban y compactaban con los pies hasta convertirla en un bloque de hielo sólido, que después cubrían con capas de paja, cañas y cenizas para aislarlo del calor y evitar que se derritiera antes de tiempo.

Ese hielo se guardaba en las casas de neu durante meses, a la espera de la llegada del verano, cuando su valor se multiplicaba.

Entonces, los nevaters cargaban los bloques en mulas y carros para transportarlos hasta Palma y otros pueblos de la isla, donde el hielo se vendía para usos tanto medicinales como gastronómicos: desde bajar la fiebre a los enfermos hasta conservar el pescado o enfriar bebidas en las casas más pudientes.

Un negocio con impuesto propio que desapareció con el frigorífico

El comercio de la nieve llegó a tener tanta importancia económica que estaba sujeto a un impuesto específico, y el propio alquiler de las cases de neu, así como el precio de venta del hielo, estaba regulado de forma estricta.

Esta actividad se mantuvo activa entre los siglos XVII y XIX, y solo empezó a decaer con la llegada de los primeros frigoríficos industriales a comienzos del siglo XX, que volvieron obsoleto un oficio que había sobrevivido casi trescientos años.

Algunos comerciantes hicieron fortuna gracias a este negocio, como recuerda la tradición popular de la isla en torno a establecimientos que se enriquecieron precisamente vendiendo nieve en Palma durante generaciones.

Cada casa de nieve, además, no era una construcción aislada, sino que formaba parte de un pequeño complejo con bancales para recoger la nieve, muros de contención, porches donde se refugiaban los nevaters durante las noches más frías, fuentes y pozos, todo conectado por una red de cinco caminos históricos que todavía pueden recorrerse hoy.

Patrimonio protegido y en proceso de recuperación

Hoy, esta joya arquitectónica de Mallorca está protegida como Bien de Interés Cultural desde 2004, y algunas de sus construcciones más emblemáticas, como la conocida Casa de Neu d’en Galileu, se encuentran en proceso de restauración gracias a proyectos financiados con fondos europeos.

Recorrer los caminos históricos que conectaban estas casas de nieve con los pueblos de la isla sigue siendo, a día de hoy, una de las formas más singulares de descubrir un oficio que desapareció hace más de un siglo, pero que dejó una huella de piedra imposible de ignorar en lo más alto de la montaña mallorquina.

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