¿Hay una cueva en la Luna bajo el pozo de Marius Hills? La NASA elige la misión GIMLI para averiguarlo y saber si podría servir de refugio a los astronautas
GIMLI viajará en un módulo de aterrizaje y un rover del programa CLPS, con instrumentos de Honeybee Robotics y un radar de la Agencia Espacial Noruega, aunque aún no tiene fecha de lanzamiento ni presupuesto público.
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Descubrimiento de cuevas lunares ocultas: posibles refugios para futuras misiones

En 2009, un equipo japonés descubrió en las imágenes de la sonda Kaguya un agujero oscuro y casi redondo en las colinas de Marius, una región volcánica de la cara visible de la Luna. Diecisiete años después, la NASA ha seleccionado una misión para averiguar si ese pozo es la entrada a una cueva en la Luna lo bastante grande como para servir algún día de refugio a los astronautas.
La agencia anunció el 30 de septiembre de 2026 que GIMLI (siglas en inglés de Instrumentos Geofísicos para la Investigación del Pozo Lunar de Marius) es una de las tres cargas científicas elegidas dentro de su programa PRISM. Según la nota de la NASA, el equipo instalará sus instrumentos junto al pozo de Marius Hills «para buscar tubos de lava subterráneos» y ver si el agujero «conduce a un gran tubo de lava bajo tierra».
Un radar, sensores sísmicos y un gravímetro junto al pozo
El proyecto lo dirige Nathaniel «Than» Putzig, director asociado y científico sénior del Planetary Science Institute (PSI), un centro de investigación con sede en Tucson (Arizona). La misión viajará en un módulo de aterrizaje y un rover del programa CLPS, con el que la NASA contrata a empresas privadas para llevar carga a la superficie lunar.
Según la nota del PSI del 1 de octubre, GIMLI llevará un radar de penetración en el suelo, sensores sísmicos y un gravímetro para mirar bajo la superficie, además de cámaras para fotografiar el terreno y las paredes del pozo. «Juntos, estos instrumentos no solo buscarán un hueco subterráneo que se extienda desde el pozo, sino que, si existe, también ayudarán a determinar su tamaño», detalla el instituto.
Un radar de penetración envía ondas electromagnéticas al subsuelo y registra los ecos que rebotan en cada capa. Un gravímetro mide pequeñas variaciones de la gravedad, que bajan donde falta masa, como ocurre sobre una cavidad vacía.
La empresa Honeybee Robotics, filial de Blue Origin, construirá el sistema sísmico, el gravímetro y las cámaras, integrará todo en el módulo y el rover y dirigirá las operaciones en la superficie junto al PSI. El radar lo aporta la Agencia Espacial Noruega.
Un agujero que se estudia desde la órbita desde 2009
El pozo está en una de las regiones más diversas de la Luna en cuanto a vulcanismo, según el PSI. La NASA calcula que mide unos 34 metros de profundidad y entre 65 y 90 metros de ancho, y la cámara de la sonda LRO (Lunar Reconnaissance Orbiter) lo ha fotografiado varias veces con iluminaciones muy distintas.
La agencia lo describe en su archivo de imágenes como «una posible claraboya de un tubo de lava en una antigua región volcánica de la Luna». La imagen de mayor resolución que la NASA tenía del pozo en 2010 abarca 500 metros de ancho, con 0,5 metros por píxel.

Un tubo de lava se forma cuando la superficie de un río de lava se enfría y crea un techo mientras la roca fundida sigue corriendo por debajo. Cuando el flujo se vacía, queda un túnel, y si una parte del techo se hunde aparece un agujero que se abre a esa galería.
En 2017, un equipo de la agencia espacial japonesa JAXA publicó en Geophysical Research Letters el análisis de los datos del radar de Kaguya cerca del pozo. Según la nota de la JAXA, encontraron un eco fuerte bajo la superficie, a 100 metros de profundidad o menos, y una serie de posibles cavidades alineadas con un canal de lava que se prolongaría unos 50 kilómetros hacia el suroeste.
Los datos de gravedad de la misión GRAIL de la NASA señalaban faltas de masa en la mayoría de esos sitios. «Sabían que existía la claraboya de Marius Hills, pero no tenían ni idea de hasta dónde podía llegar esa cavidad subterránea», explicó entonces Jay Melosh, coinvestigador de GRAIL y catedrático de la Universidad Purdue, en una nota de esa universidad. «Nuestro grupo en Purdue usó los datos de gravedad de esa zona para deducir que la abertura formaba parte de un sistema más grande».
Por qué una cueva lunar interesa a la NASA
La superficie de la Luna se calienta hasta unos 127 °C de día y baja a unos -173 °C de noche, según la NASA. Un estudio de 2022 con datos de la LRO halló que, en las zonas en sombra de un pozo del Mar de la Tranquilidad, la temperatura se mantenía cerca de 17 °C durante todo el día lunar.
«Unos 16 de los más de 200 pozos son probablemente tubos de lava colapsados», dijo entonces Tyler Horvath, doctorando de la Universidad de California en Los Ángeles que dirigió aquel trabajo. Su coautor David Paige lo resumió así: «Los humanos evolucionaron viviendo en cuevas, y a las cuevas podríamos volver cuando vivamos en la Luna».
La NASA sostiene ahora que, si el pozo de Marius Hills da paso a un tubo, esos espacios podrían ofrecer a los astronautas «protección ya hecha frente a temperaturas extremas y radiación dañina». Según la nota, «confirmar ahora estos huecos podría cambiar la planificación de los futuros hábitats», algo que encaja con el plan de la agencia para levantar una base en la Luna.
Vídeo de la NASA con imágenes de la sonda LRO de los pozos lunares, que podrían servir de refugio frente a la radiación, los impactos de meteoritos y las temperaturas extremas. Vídeo: NASA Goddard
La sísmica de las misiones Apolo vuelve a la Luna
GIMLI usará sísmica de fuente activa, en la que el propio equipo genera vibraciones y mide cómo viajan por el subsuelo.
«Desde hace tiempo deseaba reintroducir en la ciencia planetaria los métodos sísmicos de fuente activa intencionados, ya que prácticamente no se ha hecho desde que los astronautas del Apolo realizaron las primeras prospecciones sísmicas en la Luna», contó Putzig. «Combinar ese método con el radar de penetración en el suelo y las medidas de gravedad lo hace todavía más emocionante, porque juntos nos permitirán entender mucho mejor las propiedades del subsuelo, incluida la detección prevista de un tubo de lava que se extiende desde el pozo de Marius Hills».
«Confirmar un tubo de lava considerable nos daría una idea de cómo funcionó el vulcanismo en la Luna», explicó Gareth Morgan, científico sénior del PSI e investigador principal adjunto de GIMLI. «Los tubos de lava son un rasgo común del vulcanismo basáltico en la Tierra, así que identificarlos en la Luna significa que podríamos usar lo que sabemos de esas cuevas terrestres para entender mejor la historia lunar».
Lo que GIMLI todavía no tiene
Ni la NASA ni el PSI han dado una fecha de lanzamiento ni un presupuesto para la misión, y la nota de la agencia no asigna todavía GIMLI a un módulo de aterrizaje concreto.
La existencia de la cueva tampoco está demostrada. Las pruebas del radar de Kaguya y de la gravedad de GRAIL son indirectas: aunque la JAXA tituló su nota como la detección de un tubo de lava intacto, en el texto habla de «lugares candidatos» a albergar cuevas. En 2024 otro equipo halló indicios por radar de una galería bajo un pozo del Mar de la Tranquilidad, como ya contamos al hablar de las cuevas lunares ocultas, pero en Marius Hills nadie ha medido todavía desde el suelo.
El PSI recuerda que, «incluso si GIMLI no encuentra una cueva o un tubo de lava bajo la superficie», los datos podrían responder a otra pregunta: cómo se formó el pozo.
Crédito de la imagen: NASA/GSFC/Arizona State University.
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