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PALEONTOLOGÍA E IA

100 millones de años antes que los murciélagos: reconstruyen con IA y 20 fósiles el canto de los insectos del Jurásico y uno ya cantaba en ultrasonidos

Cinco de las nueve especies emitían tonos puros de entre 5 y 7 kHz, y Sigmaboilus peregrinus ya usaba ultrasonidos casi 100 millones de años antes de que aparecieran los murciélagos, según el estudio publicado en PNAS el 25 de agosto de 2026.

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Un equipo internacional de 12 investigadores ha reconstruido, con 20 alas fósiles y un modelo de inteligencia artificial, el canto de nueve especies de insectos del Jurásico que vivieron hace entre 157 y 165 millones de años en lo que hoy es Daohugou, en Mongolia Interior (China). Una de ellas, Sigmaboilus peregrinus, ya cantaba en ultrasonidos 100 millones de años antes de que aparecieran los murciélagos, según el estudio publicado en PNAS el 25 de agosto de 2026.

El trabajo lo encabezan, a partes iguales, Jun-Jie Gu, de la Universidad Agrícola de Sichuan y la Universidad Normal de la Capital (Pekín), Fernando Montealegre-Z, de la Universidad de Lincoln (Reino Unido), y Thorin Jonsson, del Instituto de Biología de la Universidad de Graz (Austria). Combinaron genética, medidas con láser en insectos vivos, simulaciones por ordenador y aprendizaje automático. Según Jonsson, en la nota de la Universidad de Graz, el resultado demuestra que el mundo del Jurásico era «acústicamente mucho más rico y diverso» de lo que se suponía.

Veinte fósiles de una misma aldea china

Los fósiles proceden de la formación Jiulongshan y pertenecen a ensíferos, el grupo de los grillos, los saltamontes de antenas largas y sus parientes. Siete especies son profalangópsidos, una familia con unas 100 especies descritas de la que solo sobreviven nueve, y dos son háglidos, una familia que se extinguió en el Cretácico.

Los machos de estos insectos cantan frotando las alas. Una vena con dientes, la lima estriduladora, pasa sobre un borde duro del ala contraria, el plectro, y cada cierre de alas produce una sílaba, la unidad básica del canto. El tono depende del número y la separación de esos dientes y de cómo vibra el ala. En los fósiles de Daohugou se pueden contar los dientes uno a uno.

Esas piezas son duras y fosilizan bien, algo que rara vez ocurre con las cuerdas vocales o la laringe de los vertebrados. Como las nueve especies vivieron en el mismo lugar y en la misma época, los autores sostienen que forman «un verdadero conjunto paleoacústico, el más antiguo reunido hasta ahora».

A la izquierda, la lima estriduladora fosilizada de Bacharaboilus curvus; a la derecha, Tarragoilus diuturnus, un pariente vivo, con el oscilograma y el espectro de su canto, de 4,6 kHz. (Imagen: Gu et al., PNAS 2026, CC BY 4.0)

Del láser en insectos vivos a las alas de piedra

Lo primero fue comprobar el método con especies actuales. El equipo midió con un vibrómetro láser Doppler, las alas de grillos y saltamontes vivos de tres familias, y verificó que sus modelos por ordenador reproducían esas medidas.

Después aplicó el mismo método a las alas fósiles: dibujó su contorno, simuló cómo resonaban y aplicó a la lima una fuerza de entre 0,0013 y 0,0025 newtons, la que se calcula a partir de vídeos a alta velocidad de insectos cantando. Para estimar el tono de cada especie usó además un árbol genealógico de 147 especies actuales, construido con 1.077 genes, y la relación entre la longitud de la lima y la frecuencia del canto en las 95 cuyo canto se conoce.

Lo que aportó la inteligencia artificial

El ritmo de un canto no queda grabado en el ala. Para acercarse a él, el equipo entrenó un modelo de aprendizaje automático, una regresión de procesos gaussianos, con cuatro rasgos de especies vivas: la longitud de la lima, el número de dientes, la frecuencia dominante y la duración de cada sílaba.

Con ese modelo predijeron cuántas sílabas por segundo emitía cada especie fósil. Según el estudio, el modelo mostró un buen ajuste y un error de predicción bajo, y con sus resultados los autores montaron un paisaje sonoro hipotético del Jurásico, que acompaña al artículo en forma de audio y vídeo.

La inteligencia artificial ya se usa en otros campos de la paleontología, como en la aplicación que identifica huellas de dinosaurio, y en el estudio del canto de animales actuales, como el sistema que analiza el canto de los canarios.

Cinco especies graves y una en ultrasonidos

Cinco de las nueve especies emitían tonos puros y graves, de entre 5 y 7 kilohercios (kHz), como los grillos de campo actuales. Según los autores, esos tonos se atenúan menos cerca del suelo.

Las otras cuatro cantaban más agudo, y los investigadores creen que las que superaban los 10 kHz podían hacerlo desde la vegetación baja o los árboles. Sigmaboilus peregrinus cantaba por encima de los 20 kHz, el límite del oído humano: las estimaciones del estudio van de 20,4 a 22,5 kHz.

Una carrera acústica con los primeros mamíferos

Hoy, en torno al 70 % de las especies conocidas de saltamontes de antenas largas usa ultrasonidos, y durante años se ha relacionado ese rasgo con los murciélagos, que cazan mediante ecolocación y aparecieron en el Eoceno, hace unos 55 millones de años.

Un saltamontes de antenas largas actual, posado sobre una flor. (Foto: Uni Graz/Jonsson)

El nuevo trabajo rechaza que los murciélagos fueran el único motor de la evolución de los ultrasonidos y señala a los primeros mamíferos y a sus antepasados, que ya escuchaban a estos insectos. Según el artículo, cantar ante depredadores que escuchaban a escondidas era peligroso, y estrechar la banda del canto era una forma de llamar con seguridad, porque los tonos puros son difíciles de localizar para el oído de un mamífero.

Los autores lo describen como «la carrera armamentística acústica más antigua conocida». Según el estudio, los murciélagos surgieron casi 100 millones de años después que estos insectos cantores, en «un paisaje sonoro ya lleno de ultrasonidos».

Lo que el estudio no puede saber

La reconstrucción solo recupera la sílaba básica de cada canto. Las modulaciones de amplitud y frecuencia y los patrones temporales dependen de variables neuronales y de comportamiento que no fosilizan, reconocen los autores, y por eso el ritmo procede de un modelo y el paisaje sonoro es hipotético.

Los modelos de las alas son bidimensionales y tratan la membrana como un material homogéneo. Tampoco se sabe cómo oían, porque el conducto auditivo no se conserva en los fósiles, y el equipo deja abiertas dos hipótesis. Por ahora, concluyen, solo se puede confirmar que los ensíferos del Jurásico se comunicaban con una amplia gama de frecuencias, desde las audibles graves hasta ultrasonidos moderados.

Las geometrías de las alas y los modelos del nuevo estudio están en el repositorio Zenodo.

Crédito de la imagen: Gu et al., PNAS 2026 (CC BY 4.0).