Sin un río permanente y desde 1968: la capital de Namibia bebe agua potable reciclada de sus aguas residuales y produce 21.000 m³ al día en 10 etapas
La planta, renovada en 2002 y explotada por Veolia y VA Tech Wabag, aplica 10 etapas de tratamiento y cubre entre el 20 % y el 35 % del agua de la ciudad según la fuente.
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En 1968, el Ayuntamiento de Windhoek, la capital de Namibia, puso en marcha en Goreangab una planta que tomaba el efluente de su depuradora, lo trataba de nuevo y lo mezclaba con el agua de la presa para mandarlo directamente a la red. Fue la primera vez que una ciudad bebía de forma continuada sus propias aguas residuales sin pasar antes por un río o un acuífero.
Cincuenta y ocho años después, la planta que sustituyó a aquella en 2002 tiene una capacidad de 21.000 metros cúbicos diarios y somete el agua a diez etapas de tratamiento, según la ficha del proyecto de Veolia, la empresa que la explota junto a un socio. Cuánta agua potable reciclada aporta a la ciudad es otra cuestión, porque las fuentes oficiales no dan la misma cifra.
Una capital sin ríos permanentes
Namibia es uno de los países más áridos de África. La nota de Veolia de 2018 habla de 250 milímetros de lluvia al año de media en el país y su ficha de 2023, de entre 300 y 350 en Windhoek, pero las dos coinciden en lo esencial: el calor evapora el 83 % y solo el 1 % se infiltra en el suelo.
Windhoek depende de pozos y de tres presas situadas a entre 60 y 200 kilómetros. El informe sobre el caso que firmaron en 2014 L. Onyango, G. Leslie y James Wood, de la Universidad de Nueva Gales del Sur (Australia), enumera los motivos que empujaron a la ciudad: «la crisis del agua de 1957», el crecimiento de la población, la caída de las lluvias y la mayor evapotranspiración.
Con esas condiciones, la ciudad dejó de ver el agua residual como un desecho, igual que han hecho después otros países que la usan para llenar embalses en verano o para alimentar un río artificial que nace en una depuradora.
De la planta de 1968 a la de 2002
Según el informe de la universidad australiana, tras «rigurosas pruebas piloto (1960-1968)», en 1968 el efluente secundario se recuperó, se mezcló con agua de la presa y se añadió a la red «para cubrir hasta el 12 % de la demanda diaria». Un artículo de la Universidad de Namibia sitúa la capacidad inicial en 4.800 metros cúbicos al día.
Veolia, la universidad australiana y la de Namibia coinciden en la fecha: la planta empezó a mandar agua a la red en 1968.
La vieja planta recibió cuatro mejoras antes de que se proyectara una nueva. La New Goreangab Water Reclamation Plant la inauguró en 2002 el presidente de Namibia. Su diseño y su construcción costaron unos 12,5 millones de euros, aportados por el Banco Europeo de Inversiones, el Ayuntamiento y el banco alemán KfW. La planta antigua produce hoy agua para regar parques, jardines y campos de deporte, según la Universidad de Namibia.
La explota WINGOC (Windhoek Goreangab Operating Company), participada por Veolia (67 %) y VA Tech Wabag (33 %), con un contrato que firmó con el Ayuntamiento en 2001.
Diez barreras entre la depuradora y el grifo
El agua llega de la presa de Goreangab y de la depuradora de Gammams. Veolia enumera las diez etapas: oxidación y preozonización, dosificación de carbón activo en polvo, coagulación y floculación, flotación por aire disuelto, filtración en doble lecho, ozonización principal, filtración por carbón activo biológico, filtración por carbón activo granular, ultrafiltración y, por último, desinfección y estabilización.

El ozono es un gas muy oxidante que destruye microbios y materia orgánica. El carbón activo es un material poroso que retiene compuestos disueltos, y la ultrafiltración hace pasar el agua por membranas con poros diminutos que frenan bacterias y parásitos como Cryptosporidium y Giardia.
«Todo se hace por vía biológica. Las bacterias ayudan a digerir los residuos humanos y a sacarlos del agua, imitando básicamente lo que ocurre en la naturaleza, pero mucho más rápido», explicó Justina Haihambo, ingeniera de procesos de la planta, en la nota de Veolia por el 50 aniversario.
Los vertidos industriales van por otro lado: se tratan en la depuradora de Ujams y no entran en la planta. Un sistema automático toma y refrigera muestras después de cada etapa cada 24 horas, y desde 2005 la certificadora independiente Bureau Veritas audita la planta cada año.
Si algún valor se dispara, la planta pasa a modo de recirculación y devuelve el agua a la presa. Para cuando el agua de entrada supera los límites de diseño hay previsto un cierre, y el informe australiano precisa que «esto nunca ha ocurrido en la historia de la planta».
Entre el 20 % y el 35 % del agua de la ciudad
La nota de Veolia de 2018 hablaba de 350.000 habitantes y del «35 % de las necesidades» de la aglomeración. La ficha de 2023 baja a «alrededor del 25 % de la demanda total» de una capital de más de 400.000 habitantes.
El informe australiano de 2014 da un rango: «según la demanda estacional», hasta un 35-50 % de agua regenerada se usa para reforzar el suministro de agua superficial. Y el artículo de 2022 de Earl Lewis, Mayday Haulofu y Nguza Siyambango, de la Universidad de Namibia, rebaja la cifra al 20 % en condiciones normales, con otro 20 % de aguas subterráneas y un 60 % de NamWater, la suministradora nacional de agua en bloque.
Las cifras no cuadran porque miden cosas distintas: años, poblaciones de referencia, épocas de sequía o de lluvia y capacidad frente a producción real. En la sequía de 2015 y 2016, según el artículo namibio, la capacidad de reciclaje casi se duplicó.
«La planta de Goreangab se ha convertido en una referencia internacional, un modelo de gestión del agua innovador y sostenible y un ejemplo de colaboración público-privada de éxito que atrae a expertos de Australia, Singapur y Estados Unidos. Y si en el futuro el clima se vuelve aún más seco, reciclar el agua será más importante que nunca», afirmó en 2018 Pierre van Rensburg, jefe del servicio de aguas de Windhoek.
Ningún brote atribuido al agua reciclada
Entre agosto de 1976 y marzo de 1983, M. Isaäcson, del Instituto Sudafricano de Investigación Médica, y A. R. Sayed analizaron más de 15.000 episodios de diarrea en Windhoek. En su estudio de 1988 concluyen que el consumo de agua regenerada «no aumenta el riesgo de enfermedades diarreicas causadas por agentes infecciosos transmitidos por el agua».
El informe australiano añade que no se han registrado brotes «relacionados con la reutilización potable desde el inicio de la planta», y que el sistema «goza de amplia aceptación entre la población, que se enorgullece de saber que su país lidera el mundo» en este tipo de reutilización.
Para Veolia, Windhoek es «una de las poquísimas ciudades del mundo» que aplican la reutilización potable directa, «y todavía la única que lo hace a esta escala». El agua reciclada sale siempre más barata que traerla del río Okavango o desalar agua de mar del Atlántico, según la ficha de la empresa.
En un vídeo publicado en abril de 2026, el Ayuntamiento de Windhoek mostró la visita de sus concejales a la planta, donde los recibió el director general, Thomas Honer.
Visita de los concejales de Windhoek a la planta de reciclaje de agua de WINGOC, publicada en abril de 2026. Vídeo: City of Windhoek
Lo que los datos públicos no permiten comprobar
El propio informe australiano reconoce que en sus tablas «lamentablemente, la planta no pudo facilitar datos reales de calidad del agua» y que los informes internos solo se hacen públicos «ocasionalmente, previa solicitud». Las cifras que publica son valores de diseño y objetivos, no mediciones.
Esas tablas indican también que el cloruro, los nitratos y los sulfatos no se eliminan en el proceso, al menos cuando se redactó el informe. El estudio de salud, por su parte, se limitó a las diarreas y terminó en 1983, con la planta antigua.
Los autores namibios concluyen que el modelo funciona, pero «requiere una mejora continua, una planificación global, formación y un compromiso permanente para asegurar su éxito continuado».
Los datos de la planta se han publicado en la web de Veolia y en el informe de la Universidad de Nueva Gales del Sur de noviembre de 2014.
Crédito de la imagen: Veolia.
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