Milagro sindical: vuelve la huelga a tiempo para el 29-N
Hay huelgas que llegan por necesidad y huelgas que llegan por calendario. Y luego está la que han anunciado UGT y CCOO para el 11 de noviembre: la huelga general por la vivienda que aparece, casualmente, a las puertas de unas elecciones generales. Catorce años después de la última huelga general respaldada por las dos grandes centrales, los sindicatos han vuelto a descubrir que España tiene un problema social. Y vaya por dónde: lo han descubierto justo cuando vuelven a sonar las urnas.
La vivienda, naturalmente, es un problema. Uno enorme. Los jóvenes tienen dificultades para emanciparse, los alquileres se han disparado y comprar una casa se ha convertido para muchos en una carrera de obstáculos. Nadie sensato debería negar esa realidad. La pregunta es otra: ¿por qué una huelga general ahora y no durante los ocho años anteriores de gobierno de Pedro Sánchez?
Porque durante ese tiempo también había alquileres imposibles, falta de vivienda asequible, salarios que no alcanzaban y jóvenes que seguían viviendo con sus padres. La crisis de la vivienda no nació el día en que se convocaron las elecciones del 29 de noviembre. Tampoco apareció mágicamente después del último Consejo de Ministros.
Y aquí aparece la frase que convierte la convocatoria en una auténtica pieza de museo sindical. María Jesús Montero ha explicado que, en esta ocasión, la huelga se convoca «contra la oposición» porque PP, Vox y Junts rechazaron decretos de vivienda del Gobierno. La propia Montero reconoció que se trata de una situación inédita porque las huelgas generales suelen dirigirse contra los gobiernos. Gobiernos que, como el suyo, no han hecho nada para mejorar la situación y mucho para tapar la corrupción.
Hemos llegado al prodigio democrático de una huelga general que no protesta contra quien gobierna, sino contra quienes están en la oposición. El sindicato, convertido en una especie de oposición de la oposición. El mundo al revés: en lugar de pedir cuentas al Ejecutivo por lo que hace o deja de hacer, se moviliza porque el Parlamento no aprueba lo que el Ejecutivo propone.
Y los protagonistas son los mismos que llevan años compartiendo mesa con el poder. Pepe Álvarez dirige UGT desde 2016 y Unai Sordo está al frente de CCOO desde 2017. Ellos son ahora quienes recuperan una herramienta que las dos organizaciones no utilizaban conjuntamente desde 2012.
Antes estuvieron otros. En UGT, Nicolás Redondo lideró la organización desde la reconstrucción democrática hasta 1994; después llegó Cándido Méndez, que permaneció más de dos décadas, hasta 2016. En CCOO, la historia democrática pasó por Marcelino Camacho, Antonio Gutiérrez, José María Fidalgo, Ignacio Fernández Toxo y, desde 2017, Unai Sordo. No todos ellos tuvieron la misma relación con los gobiernos ni plantearon las mismas estrategias, pero dejaron una tradición sindical en la que la huelga general era una herramienta de presión frente al poder político.
Marcelino Camacho y Nicolás Redondo pertenecían a otra escuela. Aquella en la que el sindicato podía sentarse con el Gobierno, negociar y también enfrentarse a él cuando entendía que había razones para hacerlo. Hubo huelgas contra gobiernos socialistas y populares: contra Felipe González, contra José María Aznar y contra Mariano Rajoy. La de 1988, convocada por UGT y CCOO contra el Gobierno de González, se convirtió en una de las grandes movilizaciones de la democracia.
Por eso resulta difícil no sonreír ante la pedagogía sindical de 2026. Durante ocho años no hubo una huelga general de UGT y CCOO contra el Gobierno de Sánchez. Ahora sí hay una, contra la oposición. Y llega después del adelanto electoral y a pocas semanas del 29-N. Que la convocatoria sea legítima no impide hacerse preguntas sobre su oportunidad política.
Porque hay otra paradoja difícil de esquivar. Sánchez convirtió la vivienda en una de las grandes banderas de su Gobierno y llegó a definirla como «el gran reto constitucional», prometiendo 184.000 viviendas públicas y de alquiler asequible. Nada de eso ha cristalizado. Sánchez no ha gobernado, de hecho, llevamos 3 años sin presupuestos, sosteniendo al peor gobierno de la historia de España y la sociedad más empobrecida.
Sin embargo, y como última reflexión, vean cómo los sindicatos médicos, a pesar del ataque frontal contra la profesión de la ministra Mónica García, han decidido no intervenir en la campaña y han pospuesto su huelga indefinida. Eso es dignidad democrática; que lo vean como quieran CCOO y UGT, que España paga, por cierto.
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