Huelga de Amyts: ese espejo incómodo de Ángela Hernández
El sindicalismo es imprescindible cuando defiende a los trabajadores, negocia condiciones dignas y exige a las administraciones que respondan por los servicios públicos. Precisamente por eso debe someterse a una exigencia elemental: la coherencia. Defender a los médicos no debería convertirse en una coartada para eludir preguntas incómodas ni en una herramienta al servicio de la confrontación partidista.
Madrid afronta cuatro bloques de huelga médica de 72 horas entre octubre y diciembre. Hay reivindicaciones laborales concretas, negociaciones pendientes y profesionales que reclaman mejoras. Nada de eso debe minimizarse. Pero tampoco cabe presentar el conflicto como si toda la responsabilidad tuviera una única dirección.
Una parte sustancial de las reivindicaciones exige la participación del Ministerio de Sanidad, especialmente las relacionadas con el marco estatal de las condiciones profesionales y retributivas. La carrera profesional, las retribuciones básicas y su repercusión en las pagas y la jubilación no pueden analizarse al margen de ese marco, aunque las comunidades autónomas también tengan competencias y responsabilidades en su aplicación y financiación. ¿Por qué, entonces, toda la presión parece concentrarse en la Comunidad de Madrid? Si el problema requiere interlocutores en varios niveles de la Administración, señalar sólo a uno resulta, cuando menos, insuficiente.
La paradoja alcanza a Ángela Hernández, secretaria general de Amyts. Reclama estabilidad para los médicos y combate la movilidad forzosa, pero su propia trayectoria profesional plantea preguntas que merecen una respuesta pública. La dirigente explicó que dejó el quirófano en 2016 para dedicarse al sindicato. Si su plaza de origen está fuera de Madrid y su actividad se desarrolla a tiempo completo en Amyts, ¿cuál es hoy su situación administrativa y asistencial? ¿Dónde ejerce la medicina y cómo se articula la cobertura de su puesto? No se trata de insinuar una irregularidad, sino de reclamar la transparencia que cualquier responsable público o sindical debería considerar natural. La coherencia, como la caridad, empieza por uno mismo.
La pregunta política tampoco puede ignorarse. La huelga estatal contra la reforma del Estatuto Marco se ha aplazado tras la convocatoria de elecciones generales para el 29 de noviembre, mientras los paros autonómicos madrileños siguen adelante. Son conflictos distintos, con reivindicaciones y ámbitos de negociación diferentes. Precisamente por eso conviene exigir claridad: ¿qué demandas corresponden al Ministerio y cuáles dependen de la Consejería? ¿Qué propuestas concretas permitirían desbloquear cada una? Los médicos no son figurantes de una campaña y sus problemas no deberían convertirse en decorado electoral.
Mónica García, ministra de Sanidad y referente de Más Madrid, Sumar, Podemos, no sé…, ha decidido centrarse en la candidatura autonómica de su formación para 2027. Es legítimo concurrir a unas elecciones; también lo es examinar con rigor la gestión de quien dirige el Ministerio. Si una parte de las demandas médicas afecta al marco estatal, la responsabilidad ministerial debe ocupar el centro del debate, no quedar convenientemente fuera de plano. A pesar de que nadie la quiera, ni Sánchez en la OMS, o Sumar y demás familias en el Frente Amplio, ese logo que ha copiado el logo de una formación colombiana afín al comunista Petro.
Pero no debemos despistarnos. Y ahí también merece atención la relación de Hernández con Tomás Merina en el contexto de la disputa por el Colegio de Médicos de Madrid. En junio de 2026, un juzgado avaló la anulación de su candidatura por no acreditar el requisito de ejercer la medicina en activo. La resolución no debe utilizarse como descalificación personal, pero sí recuerda que las reglas y los requisitos profesionales importan también en las instituciones médicas, pero eso sí, somos líderes sindicales, ¡toma nota!
Frente a la controversia, está la consejera de Sanidad de la Comunidad de Madrid. Fátima Matute aporta una trayectoria como especialista en Radiodiagnóstico en el Hospital Clínico San Carlos antes de asumir la Consejería. La experiencia clínica no exime a ningún gestor de rendir cuentas, pero constituye una parte relevante de su conocimiento del sistema sanitario. Y en ese sentido, ha llevado a la sanidad madrileña a los mejores ranking de la sanidad Europea.
La sanidad madrileña tiene fortalezas y problemas que deben abordarse con datos, inversión y diálogo. Una huelga puede ser legítima; una consejera debe responder por su gestión y un ministerio por sus competencias. Y un sindicato que exige explicaciones a los demás debería estar dispuesto a contestar las suyas. La defensa de los médicos merece algo más que pancartas: merece responsabilidades bien delimitadas, negociación real y coherencia, mucha coherencia. Pero bueno ya sabemos lo que dicen: «No va a haber paz en las calles», para Manuela Bergerot.
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