Nueve plaguicidas en una fresa belga y sólo dos en una española: el mapa tóxico de esta fruta en Europa
El 58% contiene PFAS —los llamados químicos eternos— y el 56% de plaguicidas que deberían estar prohibidos según PAN Europe
El estudio ha analizado 41 muestras de fresas en once países de la UE
El truco sencillo para saber si las fresas vienen de España
Las fresas de producción europea cargan con un cóctel de plaguicidas. Un nuevo estudio de PAN Europe, una red de organizaciones no gubernamentales que promueve alternativas sostenibles a los plaguicidas, ha detectado residuos en el 88% de las muestras recogidas en once países de la Unión Europea.
La foto española, sin embargo, se despega del mapa continental. Sólo una de las dos muestras convencionales analizadas en España contenía plaguicidas, ambos autorizados y por debajo del límite legal. El dato encaja con las cifras oficiales de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria (AESAN) de 2024, según las cuales el 64% de las fresas españolas de agricultura convencional estaban libres de residuos.
Un análisis en 11 países
El mapa tóxico de la fresa en Europa se ha dibujado con 41 muestras recogidas en Austria, Bélgica, Croacia, Francia, Alemania, Hungría, Irlanda, Italia, Países Bajos, Eslovenia y España: 36 de cultivo convencional, cuatro ecológicas y una etiquetada como «libre de plaguicidas». La producción intensiva responde a una demanda muy elevada, con un consumo especialmente alto entre los niños.
Los resultados son elocuentes. En Bélgica, una única muestra concentró hasta nueve residuos distintos; en Hungría, ocho; en Irlanda, siete. Los cócteles de sustancias tóxicas se acumulan en un producto de gran consumo infantil que los organismos reguladores siguen evaluando pieza a pieza, sin metodología clara para las mezclas.
El 58% de las fresas analizadas contenía plaguicidas PFAS, los llamados químicos eternos por su enorme persistencia en el suelo y el agua. Además, el 56% del total de sustancias identificadas pertenece al grupo de las más peligrosas autorizadas por la UE, los denominados candidatos a la sustitución, que deberían haberse retirado del mercado de forma progresiva desde 2011.
España en el otro extremo
El escenario español rompe con el patrón continental. En las dos muestras convencionales analizadas solo se identificaron dos residuos, ambos por debajo del límite legal. Ninguna de las muestras ecológicas europeas —tampoco la española— presentó rastro alguno de plaguicidas.
«No sólo están libres de plaguicidas las fresas ecológicas, sino también un porcentaje elevado de las cultivadas en convencional, lo que demuestra que España puede y debe cultivar sin plaguicidas», señala Kistiñe García, coordinadora del grupo de sustancias tóxicas de Ecologistas en Acción.
España es el primer productor de fresas de la Unión Europea, con Huelva concentrando la mayor parte de la producción. En el mismo bloque de países con menos residuos aparecen Francia y los Países Bajos, un dato que los autores conectan con la extensión del manejo integrado de plagas, una técnica que reduce hasta un 90% el uso de plaguicidas en campo.
Disruptores endocrinos en el plato
Los dos plaguicidas más frecuentes detectados en el análisis, fludioxonil y ciprodinilo, son disruptores endocrinos según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), que los identificó como tales en 2024 y 2025. Ese reconocimiento debería haber conducido a su prohibición automática, en aplicación de la normativa comunitaria.
Tampoco ha ocurrido con el TFA, el metabolito principal de los PFAS agrícolas, clasificado hace pocos meses como «tóxico para la reproducción» de categoría 1B, un estatus que obliga a retirar del mercado los productos que lo generan.
«Lo especialmente preocupante es que los plaguicidas identificados están entre los más tóxicos que se venden en la UE: la ciudadanía está expuesta a cócteles de PFAS, disruptores endocrinos o sustancias neurotóxicas a través de la comida», advierte Martin Dermine, director ejecutivo de PAN Europe.
Ómnibus alimentario
La publicación del estudio coincide con el debate en Bruselas de la propuesta Ómnibus Alimentario y de Piensos, un paquete legislativo que flexibiliza las normas de plaguicidas en lugar de reforzar su aplicación, según denuncian las organizaciones firmantes del informe.
«En vez de seguir el juego a la industria de los plaguicidas, la Comisión, el Parlamento y el Consejo deberían centrarse en aplicar mejor las normas existentes, no en debilitarlas», sostiene Dermine, que califica el actual borrador de «escándalo» y de «traición» hacia los grupos más vulnerables, especialmente niños y embarazadas.
Ecologistas en Acción añade una capa más al problema: la presión sobre las jornaleras. «No debemos olvidar otros impactos asociados al cultivo intensivo de fresas, como el gran consumo de agua y las condiciones de semiesclavitud de las trabajadoras de los campos de fresa», recalca Koldo Hernández, coordinador del Área de Agua de la organización.
La conclusión de las ONG firmantes apunta al carrito de la compra. Consumir fresas locales y, siempre que sea posible, de agricultura ecológica es la vía más segura para esquivar los residuos, ya que ninguna de las muestras ecológicas analizadas en el continente presentó rastro de plaguicidas.
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