Shira Gabriel, psicóloga: «Los conciertos de música en vivo crean una felicidad duradera al conectarnos con los demás»

Ir a un concierto es una experiencia que, si te dejas llevar, cambia cómo vives ese momento

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Recreación de una mujer en un concierto.

Recreación de una mujer en un concierto.

Cuando vas a un concierto y notas cómo sube la energía, cómo cantas con desconocidos y sales con otra sensación, no es casualidad. Esa conexión inmediata con quienes te rodean deja algo más que un buen recuerdo.

Aunque muchas veces pensamos que es una sensación personal, un estudio reciente confirma que la música en directo puede generar una felicidad que se mantiene hasta varios días después.

Por qué los conciertos generan una felicidad que dura días, según Shira Gabriel

La psicóloga Shira Gabriel y su equipo de la Universidad de Buffalo analizaron por qué los conciertos en directo resultan tan intensos y qué efectos dejan más allá del momento. Publicaron sus resultados en Personality and Social Psychology Bulletin tras estudiar a 789 personas en cuatro investigaciones distintas.

Gabriel centra su trabajo en los llamados procesos de pertenencia colectiva. Parte de una idea clara: las personas necesitan conectar con otros, y los conciertos ofrecen un contexto directo para lograrlo. Durante esas horas, miles de asistentes comparten ritmo, emociones y atención, lo que diluye la sensación individual y refuerza la identidad de grupo.

Los investigadores identificaron un fenómeno clave llamado efervescencia colectiva. Este concepto describe ese momento en el que el público se sincroniza emocionalmente, canta al mismo tiempo y percibe que está viviendo algo especial. Los participantes en el estudio no sólo hablaron de disfrute. Muchos describieron la experiencia como significativa, incluso trascendente.

El equipo comparó esta sensación con otros estados emocionales como el asombro o el llamado «flow«, esa concentración total en una actividad. La efervescencia colectiva destacó por encima del resto como el principal factor que explicaba tanto el disfrute como el sentido personal durante el concierto.

Los datos no se quedaron en el momento del evento. Los investigadores contactaron con los asistentes una semana después. Quienes habían experimentado niveles más altos de conexión colectiva seguían mostrando más felicidad y una mayor sensación de propósito en su vida diaria.

No todos los conciertos generan lo mismo. El estudio señala varios elementos que intensifican esa conexión: asistir con amigos, implicarse en las letras o sentir cercanía emocional con el artista. Cuando esos factores coinciden, la experiencia gana peso y deja huella.

Cómo el vínculo con el artista refuerza la felicidad que genera el concierto

El vínculo con el artista juega un papel central en este proceso. Gabriel lo define como una relación parasocial, una conexión emocional en la que el espectador siente cercanía con alguien que no le conoce personalmente.

Ese vínculo no es superficial. Los investigadores comprobaron que quienes se sentían más conectados con el artista vivían el concierto con mayor intensidad. Percibían el evento como algo único y aumentaba su conexión con el resto del público.

La explicación es directa, el artista actúa como punto de unión. Su música, su historia o sus mensajes generan una identidad compartida entre los asistentes. Ese sentimiento convierte al grupo en algo más cohesionado durante el evento.

El estudio también apunta a un efecto más duradero. Esa conexión funciona como una especie de reserva emocional. Cuando la persona recuerda el concierto, revive parte de esa sensación de pertenencia, lo que contribuye a mantener el bienestar días después.

Gabriel añade otro matiz relevante. El cerebro procesa este tipo de vínculos de forma similar a las relaciones reales. Escuchar a un artista con el que alguien se identifica puede activar sensaciones parecidas a las de una interacción social cercana.

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