La psicología dice que las personas que necesitan tener todo bajo control no es que sean maniáticos, sino que son incapaces de confiar en las circunstancias

La psicología dice que las personas que necesitan tener todo bajo control no es que sean maniáticos, sino que son incapaces de confiar en las circunstancias

Hay personas que necesitan tener todo bajo control, una característica que puede aparecer en muchas personas y en diferentes momentos de la vida. Aunque en ocasiones se relaciona con la organización, la responsabilidad o la previsión, cuando esta tendencia se vuelve excesiva puede generar un importante desgaste emocional. Las personas que sienten que deben anticipar cada situación, prever todos los posibles problemas y evitar cualquier imprevisto suelen vivir en un estado constante de vigilancia. Lo que inicialmente parece una estrategia para sentirse más seguros acaba convirtiéndose en una fuente de estrés, ansiedad y frustración que afecta tanto al bienestar personal como a las relaciones con los demás.

Según explican los especialistas de ALIV Psicólogos, la necesidad de control suele surgir como una respuesta ante la incertidumbre. «Muchas personas creen que, si consiguen prever todos los escenarios posibles, estarán mejor preparadas para afrontar cualquier dificultad», mencionan. De este modo, dedican gran parte de su energía mental a imaginar problemas futuros, analizar riesgos o buscar soluciones para situaciones que todavía no han ocurrido. Aunque esta anticipación puede proporcionar una sensación temporal de tranquilidad, en realidad mantiene a la persona atrapada en una preocupación constante. «Además, esta necesidad puede estar presente desde etapas tempranas de la vida o aparecer tras experiencias difíciles e inesperadas que hayan generado una sensación de vulnerabilidad», comentan. En ambos casos, el deseo de control se convierte en un intento de protegerse frente al miedo y la incertidumbre.

Cómo son las personas que necesitan tener todo bajo control

Las personas desarrollan esta tendencia porque el cerebro busca constantemente protegernos de posibles amenazas. En este sentido, anticipar riesgos y prepararse para ellos es una capacidad útil para la supervivencia. Sin embargo, cuando este mecanismo se intensifica demasiado, la persona comienza a interpretar la incertidumbre como algo peligroso.

Desde ALIV Psicólogos señalan que quienes necesitan controlar todo suelen creer que únicamente estarán seguros si conocen cada detalle de lo que puede suceder. Esto provoca una rumia constante de pensamientos relacionados con posibles errores, problemas o catástrofes. Y puede acabar siendo perjudicial para salud mental y física de quien lo piensa.

«Aunque estos pensamientos generan malestar, también crean la sensación de que se está haciendo algo para prevenir dificultades futuras», sostienen los expertos. En algunos casos, la necesidad de control está relacionada con experiencias pasadas que fueron especialmente dolorosas o inesperadas.

Los profesionales advierten que, tras atravesar situaciones para las que no se tenían recursos suficientes, puede aparecer el deseo de evitar que algo similar vuelva a ocurrir para sentir más tranquilidad.

¿Cómo se manifiesta en el día a día la necesidad de control?

Las personas que necesitan tener todo bajo control suelen mostrar comportamientos y pensamientos muy característicos. Uno de los más frecuentes es la aparición constante de preguntas del tipo “¿y si…?”, que generan numerosos escenarios hipotéticos.

También suelen experimentar dificultades para tomar decisiones si no disponen de toda la información que consideran necesaria. Así, necesitan sentirse completamente seguras antes de actuar, lo que puede retrasar proyectos, cambios o decisiones importantes.

Otro rasgo habitual de las personas que necesitan tener todo bajo control es el malestar intenso cuando los planes se modifican. Los cambios inesperados pueden generar ansiedad, irritación o sensación de pérdida de control. Asimismo, muchas personas encuentran complicado delegar tareas porque temen que los demás no las realicen de la forma correcta.

La revisión constante de errores pasados es otra manifestación frecuente. Analizan repetidamente situaciones anteriores intentando descubrir qué podrían haber hecho mejor para evitar resultados negativos.

¿Cuál es la relación entre el control y la ansiedad?

Aunque controlar proporciona una sensación inmediata de alivio, los especialistas coinciden en que no reduce la ansiedad a largo plazo. De hecho, puede reforzarla. Los profesionales de ALIV Psicólogos explican que cuanto más depende una persona de la anticipación para sentirse tranquila, más difícil le resulta confiar en sus propios recursos. De esta manera, aparece la creencia de que solo estará preparada si analiza todas las posibilidades, lo que incrementa la dependencia del control.

Por su parte, InSight Psicólogos Valladolid señala que esta conducta funciona como un mecanismo de defensa frente al miedo. «La persona intenta controlar el entorno para evitar sorpresas desagradables, pero al final acaba viviendo en un estado permanente de alerta», aseguran.

Esta vigilancia constante consume una gran cantidad de energía emocional y mental. Además, como resulta imposible controlar todos los factores de la vida, la frustración aparece con frecuencia cuando las cosas no salen según lo previsto. La ansiedad puede aparecer en cualquier momento y es algo que se puede manifestar de diferentes maneras.

¿Cómo aprender a vivir con más flexibilidad?

Los expertos coinciden en que el objetivo no es renunciar completamente a la planificación, sino aprender a convivir con la incertidumbre de una manera más saludable.

Desde Self Psicólogos recomiendan perder el miedo al fracaso y permitirse salir de la zona de confort mediante pequeñas acciones cotidianas. Entre las opciones se encuentran probar actividades nuevas o modificar algunas rutinas para ayudar a desarrollar una mayor tolerancia a lo desconocido.

También resulta útil identificar qué aspectos están realmente bajo nuestro control y cuáles no. Las emociones, decisiones y comportamientos propios sí dependen de nosotros, mientras que factores externos como el clima, la economía o las acciones de otras personas escapan a nuestra influencia.

Además, aprender a delegar, gestionar los pensamientos negativos y practicar una mayor flexibilidad ante los cambios puede contribuir a reducir la ansiedad y mejorar el bienestar emocional.

«Aceptar que la incertidumbre forma parte inevitable de la vida permite desarrollar una confianza más sólida en la propia capacidad para afrontar los desafíos cuando realmente aparezcan», concluyen.

¿Cómo dejar de ser una persona obsesionada con el control?

En Self Psicólogos destacan algunas cosas que se pueden hacer para ser personas con menos control por todo.

Hay que intentar con pequeños actos de tu vida cotidiana acoplarte a los cambios y dejarte sorprender por las nuevas experiencias. Dejar de planear al menos un día a la semana, modificar tus horarios y tareas, tener un encuentro casual o espontáneo con un amigo o pareja podría ayudarte a ver la vida y sus cambios de otra manera

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