El ayuno intermitente se ha convertido en una de las estrategias alimentarias más comentadas de los últimos años. Su propuesta no consiste necesariamente en decidir qué alimentos comer, sino en establecer cuándo hacerlo y cuándo dejar espacio al ayuno. El cardiólogo José Abellán lo define como una estrategia de alimentación y señala que no debe entenderse como una dieta convencional. En este sentido, considera que se trata de un patrón basado en límites de tiempo que alterna periodos de alimentación normal con otros en los que se reducen mucho las calorías o se dejan de consumir.
Más allá de su popularidad, el ayuno intermitente despierta interés porque modifica la manera en que el organismo utiliza sus reservas energéticas. La Sociedad Española de Cardiología recoge las explicaciones del cardiólogo Alberto Esteban Fernández, quien destaca que existen distintas modalidades y que sus posibles beneficios podrían ir más allá de la pérdida de peso. La Clínica Mayo también señala mejoras a corto plazo en algunos indicadores, como la glucosa, el colesterol, la presión arterial, el peso y la inflamación crónica. Por eso, más que una fórmula única, conviene entender cómo funciona y qué modalidades existen antes de incorporarlo a la rutina.
¿Qué es el ayuno intermitente?
Según la Clínica Mayo, el ayuno intermitente alterna periodos en los que se mantiene una alimentación normal con otros en los que se consume muy poca comida o ninguna. No existe una única forma de practicarlo.
“Una posibilidad es el ayuno en días alternos, en el que se come con normalidad un día y se ayuna al siguiente. Dentro de esta categoría aparece el esquema 5:2, que concentra dos jornadas de ingesta muy reducida o nula y cinco días de alimentación normal”, mencionan los especialistas.
Otra modalidad es el ayuno modificado en días alternos, que permite consumir alrededor del 25% de las calorías habituales durante la jornada de ayuno. También está la alimentación con restricción horaria, que concentra las comidas en una parte limitada del día.
“Algunas personas pueden permanecer hasta 16 horas sin comer, aunque también existen ventanas de ayuno más cortas, de entre seis y ocho horas”, sostienen los profesionales.
¿Qué ocurre en el organismo durante el ayuno?
El Grupo de Hospitales Acibadem explica que uno de los procesos centrales es el llamado cambio metabólico. Durante las primeras horas después de comer, el organismo utiliza principalmente la glucosa disponible y, posteriormente, el glucógeno almacenado en el hígado.
“Cuando esas reservas disminuyen, aumenta la utilización de la grasa y el hígado comienza a producir cuerpos cetónicos, que pueden servir como combustible para el cerebro y los músculos”, explican.
La Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición describe este proceso desde el funcionamiento energético de las células. Durante el ayuno, los triglicéridos almacenados en el tejido adiposo se descomponen en ácidos grasos y glicerol.
El hígado transforma parte de esos ácidos grasos en cuerpos cetónicos, que proporcionan energía a distintos tejidos. Además, estos compuestos actúan como moléculas señalizadoras capaces de influir en proteínas y procesos celulares relacionados con la salud y el envejecimiento.
¿Qué beneficios señalan los expertos sobre el ayuno intermitente?
La Clínica Mayo indica que las investigaciones han observado mejoras a corto plazo en determinados marcadores de salud. Entre ellos aparecen la glucosa en sangre, el peso, el colesterol, la presión arterial y algunos indicadores relacionados con la inflamación crónica. Esto no significa que todos los beneficios estén garantizados ni que la respuesta sea idéntica para todas las personas.
Desde la Sociedad Española de Cardiología, Alberto Esteban Fernández subraya que el posible efecto positivo del ayuno intermitente no tendría que explicarse únicamente por adelgazar.
Según su análisis, también podrían intervenir mecanismos relacionados con la inflamación y con una mayor resistencia frente al estrés y la oxidación. Estos procesos tienen relevancia en enfermedades crónicas y en el envejecimiento.
¿Qué conviene tener en cuenta antes de practicarlo?
El ayuno intermitente no es una dieta única ni exige necesariamente periodos extremos sin comer. Las modalidades son variadas y algunas contemplan ventanas relativamente breves, lo que permite plantear una adaptación progresiva.
Precisamente por esa diversidad, no debería valorarse únicamente por su nombre, sino por la forma concreta en que se realiza y por cómo encaja con los hábitos de cada persona.
El mensaje del cardiólogo José Abellán apunta en la misma dirección: el ayuno intermitente puede considerarse una estrategia alimentaria, pero su utilidad depende de cómo se plantee y se integre en la alimentación habitual. Por tanto, no se trata simplemente de pasar hambre, sino de organizar los periodos de alimentación y ayuno.






