El pilates ayuda a fortalecer el core, pero los fisioterapeutas apuntan a un ejercicio distinto para corregir el síndrome de las rodillas tristes, el término coloquial con el que se conoce al genu valgo o a las rodillas en X. La descompensación entre los isquiotibiales y el cuádriceps explica buena parte del dolor y la inestabilidad que sufren quienes padecen esta desalineación.
Las rodillas valgas aparecen cuando, al estar de pie, ambas rodillas se tocan mientras los tobillos permanecen separados. La genética, la debilidad muscular, el sobrepeso o una pisada con pronación excesiva figuran entre las causas más habituales, según los traumatólogos.
Cómo se detecta el síndrome de las rodillas tristes
Un autoexamen sencillo permite detectar la desviación en casa. La persona debe colocarse frente a un espejo, con ropa corta y descalza, juntar los tobillos y comprobar si las rodillas chocan entre sí mientras los tobillos internos quedan separados varios centímetros. Una distancia superior a 5 o 7 centímetros entre los tobillos indica una desviación moderada o marcada.
La marcha también delata la desalineación. Los pies tienden a apuntar hacia afuera al caminar, las rodillas se rozan entre sí de forma incómoda y aparece una sensación de inestabilidad al realizar actividad física de impacto, como correr o subir escaleras.
Los traumatólogos advierten de que la desalineación acelera el desgaste del cartílago y los meniscos, sobre todo en la cara externa de la rodilla, y favorece la aparición de tendinitis en la banda iliotibial y en el tendón de la pata de ganso. La rótula, además, tiende a desplazarse hacia afuera de su carril natural, lo que provoca esa sensación de rodilla débil o inestable que describen muchos pacientes.
El dolor de pies, los juanetes y las molestias lumbares terminan apareciendo como consecuencia de la compensación postural del resto del cuerpo, según explican los especialistas en biomecánica. El peso obliga al pie a vencerse hacia adentro, y la pelvis y la columna ajustan su posición para mantener el equilibrio.
Los ejercicios que fortalecen la rodilla frente al síndrome de las rodillas tristes
Los fisioterapeutas recomiendan reforzar la cadena muscular posterior de la pierna antes que recurrir al pilates. Los isquiotibiales estabilizan la rodilla y controlan la rotación de la tibia cuando la pierna se flexiona, una función que el pilates trabaja de forma más superficial y que resulta insuficiente cuando la descompensación ya está instaurada.
El peso muerto rumano, el curl femoral, las elevaciones de cadera con los pies elevados y la flexión nórdica de isquiotibiales figuran entre los ejercicios que más fortalecen esta musculatura, siempre con una técnica supervisada por un profesional. El peso muerto rumano, por ejemplo, se ejecuta con una ligera flexión de rodillas, descendiendo el tronco con la espalda recta hasta sentir el estiramiento en la parte posterior del muslo.
La debilidad de los isquiotibiales se relaciona con un mayor riesgo de lesión del ligamento cruzado anterior, según recoge la literatura especializada en fisioterapia deportiva. Fortalecer esta cadena muscular mejora además la capacidad de la rodilla para absorber carga durante el ejercicio y la vida diaria.
Los especialistas insisten en acudir a un fisioterapeuta o a un traumatólogo ante cualquier dolor o inestabilidad persistente. Un diagnóstico a tiempo, apoyado en una tele-radiografía que mida el ángulo del fémur y la tibia, evita que el problema se cronifique y limite la actividad física diaria.
