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La marcha acuática es una modalidad deportiva que consiste en caminar por el litoral marino con el agua a la altura de la cintura o el pecho. Originaria de la costa de Normandía y Bretaña (Francia), donde cuenta con federaciones organizadas, es todavía una disciplina minoritaria en España.
Se trata de un deporte de muy bajo impacto articular, puesto que la presión del agua reduce hasta un 80 % el peso corporal percibido durante el movimiento. Eso permite trabajar la musculatura y el sistema cardiovascular sin la carga articular que implica el ejercicio en tierra, lo que la convierte en una alternativa especialmente indicada para personas a partir de los 60 años.
¿Qué es la marcha acuática y cómo se practica en la playa?
La práctica consiste en caminar dentro del mar con el agua entre el ombligo y las axilas, en una playa de fondo arenoso y con el mar en calma. La postura recomendada incluye la espalda recta, la vista al frente y zancadas amplias. Las sesiones pueden realizarse de forma individual o en grupo, y los practicantes más avanzados añaden remos o bastones para aumentar la resistencia en los brazos.
Según recoge la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), el objetivo central de la actividad es el «reforzamiento muscular y cardiovascular». La disciplina también recibe los nombres de aquawalking, sea walking y senderismo acuático, y puede adaptarse a piscinas de profundidad suficiente cuando no se dispone de acceso al mar.
La AECC ya la incorpora en sus programas de ejercicio físico y organiza sesiones en playas como la de la Arrabassada, en Tarragona.
¿Qué beneficios aporta la marcha acuática a los mayores de 60 años en España?
El agua actúa como resistencia natural que obliga a trabajar más a los músculos que en tierra, lo que genera ganancias progresivas de fuerza en piernas, brazos, abdomen y espalda. Al mismo tiempo, los ajustes constantes del cuerpo para mantener el equilibrio en el medio acuático mejoran la coordinación y el control postural, un aspecto crítico en la prevención de caídas en personas mayores.
Desde el punto de vista cardiovascular, la marcha acuática eleva la frecuencia cardíaca sin impacto articular, y la presión hidrostática del agua activa la circulación venosa de las piernas. Una sesión de una hora puede suponer un gasto de entre 300 y 500 calorías.
Una revisión sistemática de la Universidad de Castilla-La Mancha, publicada en la revista SciELO en 2022, evaluó la eficacia del ejercicio acuático en personas mayores de 50 años. Los resultados confirmaron mejoras significativas en fuerza, estabilidad postural, calidad de vida y parámetros cardiovasculares como la presión arterial, el colesterol y la glucemia.
¿Cómo empezar a practicar marcha acuática en España?
Los especialistas recomiendan comenzar con sesiones de 20 a 30 minutos en aguas tranquilas y aumentar de forma gradual la duración y la profundidad. El calzado específico (zapatillas de agua o escarpines) protege el pie, mejora el agarre y facilita el movimiento, según recoge el portal especializado Sport-it.
La disciplina se practica tanto en el mar como en piscinas de profundidad suficiente, aunque la versión en playa es la más extendida en la costa francesa, donde tiene sus raíces. En España, se incorpora en programas de actividad física para personas en tratamiento o rehabilitación. Además, y para la población general mayor de 60 años, lo que apunta al potencial de expansión de un deporte aún poco conocido.
