Un guardia civil que asesoró a afganos en 2013: «Podían haber aguantado el envite talibán»
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Decepción, tristeza, frustración. Es lo que siente el teniente coronel de la Guardia Civil Ramón Clemente después de ese paso atrás que ha dado Afganistán, después de que todo lo que se había avanzado se haya desmoronado tan rápidamente. Tenían preparación y medios suficientes para aguantar el envite, asegura.
«Te duele, te frustra, te decepciona que no hayan sido capaces de aguantar el envite», dice a Efe este mando del instituto armado que en 2013, y durante seis meses, formó parte del contingente español que asesoraba policial y militarmente a las fuerzas de seguridad y al Ejército afganos.
Clemente no deja de preguntarse cómo en tan poco tiempo la insurgencia, los talibán, han conseguido hacerse con todo. Porque el otro Afganistán, el que dejaron en 2013, tenía «instrucción, armamento y adiestramiento para poder haber aguantado sin problema».
¿Qué ha pasado? Es difícil dar una única respuesta pero el teniente coronel resume así una de ellas: «Hay un arma poderosísima, que es la moral y la voluntad de vencer»; «si no hay alguien que te anime, te lidere o te convenza de que puedes hacerlo, puedes hundirte».
Los españoles en Afganistán
Ramón Clemente formó parte de los 17 guardias civiles que entre mayo y octubre de 2013 recalaron en la base avanzada operativa de Qala i Naw. Fueron los últimos en esa zona, donde había un contingente militar español muy importante con dos misiones: asesoramiento militar (por parte del Ejército) y asesoramiento policial (por parte de la Guardia Civil).
Cuando él y sus compañeros llegaron, la Policía afgana, que venía siendo asesorada desde hacía años, ya no necesitaba una continua mentorización. Todavía iban de la mano de los guardias civiles, pero, según relata el teniente coronel, eran ya capaces de coordinar y conducir sus propias operaciones policiales.
«Salvando las distancias del país que era, el nivel de instrucción de la Policía afgana era aceptable», recalca.
E insiste en que tanto militares como guardias civiles fueron allí con «la ilusión y el convencimiento de que lo que aportáramos contribuía a que algo cambiara en la sociedad, de que seríamos capaces de que algo fructificase en ese país».
«Muchos afganos -reconoce este mando- no querían que estuviéramos allí, pero otros muchos confiaban en que su país pudiera avanzar y mejorar. Esta es realmente la gente que te da pena. Y que al final todo eso se haya derrumbado tan rápidamente, que es otra de las cosas que de alguna manera te sorprende».
Un paso atrás
A este guardia le preocupa el gran paso atrás que supone el avance talibán. Porque no le cabe la menor duda de que se va a volver a la aplicación «estricta» de la sharía, la ley islámica.
Con tristeza, relata a Efe dos episodios que vivió y que pueden servir de ejemplo para ilustrar ese retroceso que se avecina.
En su estancia en la base, el contingente se encargó del proyecto de construcción de un módulo para las mujeres en la cárcel de Qala i Naw dado el lamentable estado del existente. Cuando fueron a comprobar el resultado de la obra, a Clemente le llamó la atención que una menor estuviera recluida.
Preguntó y le respondieron que había cometido un delito: no quiso casarse con el hombre con el que la prometieron.
Solo habían pasado tres días y Clemente acudió a un pueblo aislado, regido aún por sus normas ancestrales, por el anciano sabio que impone su ley.
También allí una menor se había escapado para huir de un matrimonio no consentido, pero fue descubierta. Su padre acudió al anciano para pedir consejo y este solo le dio uno: lapidarla.
Ante la desesperación del padre, el anciano le dio otra solución. Si no quería que su hija sufriera, podía pegarle un tiro en la cabeza. Y eso hizo.
Los españoles del contingente acudieron a ese lugar para explicar a la población que ya había leyes en Afganistán, que eso ya no se podía hacer.
Mejor la cárcel que la lapidación. Aun respetando sus creencias y tradiciones, algo se había avanzado, porque muchos «querían un Afganistán mejor».
«No iba a ser un país al uso de Occidente, pero algo mejor sí. Y lo conseguimos. Durante el tiempo que estuvimos allí fueron muchas las mejoras», enfatiza el teniente coronel. Ahora, con los talibán en el poder, «el paso atrás será aún mayor».
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