RAMÓN TENÍA RAZÓN

El problema del Real Madrid no es la calidad de su plantilla

Ayer el Real Madrid fracasó frente al Albacete. No hay paños calientes posibles. Cuando el Madrid cae ante un rival así, en la situación en la que está el club y con las aspiraciones que siempre lo acompañan, hablamos de un fracaso. Pero sería un error imperdonable buscar atajos fáciles y señalar al banquillo como si ahí estuviera la raíz de todos los problemas. No lo fue ayer Arbeloa, que acaba de llegar y apenas ha tenido un entrenamiento, como tampoco lo fue antes Xabi Alonso, ni lo fue Ancelotti cuando esta misma plantilla firmó una temporada muy por debajo de lo exigible.

El fútbol moderno tiene una peligrosa tendencia a personalizar los fracasos. Necesitamos un rostro al que apuntar, una cabeza visible para canalizar la frustración. Pero en este caso sería profundamente injusto dado los sistémico y global del problema. Arbeloa hereda una situación compleja, con inercias negativas y con una plantilla que no está rindiendo ni de lejos al nivel que puede. Pretender que en cuestión de días un entrenador recién llegado transforme dinámicas que vienen de meses atrás es desconocer cómo funciona el fútbol de verdad.

Porque el problema del Real Madrid no es la calidad de su plantilla. Es más: esta plantilla es buena, quizás no tan buena como cree el club o yo mismo creía, peor es buena. Hay talento, hay juventud, hay jugadores contrastados, aunque cada vez menos, y debería haber potencial para competir contra cualquiera. Lo que falta no es nivel individual, sino equilibrio colectivo. La construcción del equipo presenta carencias evidentes en determinadas zonas, descompensaciones que obligan a los entrenadores a hacer malabarismos constantes para sostener el sistema. Y cuando un equipo vive permanentemente en ese ajuste precario, acaba siendo frágil.

Ahí está la clave que muchas veces se quiere ignorar. Un entrenador puede mejorar automatismos, puede ordenar, puede dar identidad y puede potenciar rendimientos. Pero no puede obrar milagros cuando la plantilla no está diseñada de manera coherente. Xabi Alonso es un gran entrenador. Lo demostró fuera y estaba llamado a demostrarlo en el Real Madrid. Sin embargo, se le exigía competir al máximo nivel con un grupo que ya había evidenciado límites estructurales con Ancelotti, uno de los técnicos más exitosos de la historia del club. Si con Ancelotti la temporada fue mala, ¿de verdad era razonable pensar que el problema residía únicamente en el banquillo?

Por eso el club debía haber apoyado más a Xabi Alonso. Apoyar no es solo una cuestión de palabras o de respaldo institucional, que también se echaron de menos en su momento, es atender a alguna de sus peticiones o darle jerarquía ante los conflictos que hubo con algunos miembros de la plantilla.

Ahora el testigo lo recoge Arbeloa, otro hombre de la casa, otro perfil comprometido y con conocimiento profundo de lo que significa el Real Madrid. Sería injusto y contraproducente cargarle desde el primer día con la mochila de un fracaso que es colectivo y que viene de lejos. El partido de ayer es la consecuencia de una mala dinámica, no un punto de partida o el inicio de un proyecto.

El Real Madrid necesita reflexión. Necesita asumir que el problema no es la falta de entrenadores capaces, sino la falta de una planificación más equilibrada y reactiva ante los evidentes problemas físicos que acucian a jugadores muy importantes de la defensa. La pérdida de calidad y jerarquía sólo se puede suplir con más trabajo y una búsqueda incesante de jugadores que puedan devolverle la identidad ganadora al equipo. Mientras no se corrija eso, los nombres del banquillo cambiarán, pero las sensaciones se repetirán. Y el club, que siempre ha sido grande por su capacidad de autocrítica en los momentos difíciles, haría bien en empezar esta vez mirando más arriba que al área técnica.

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