En el Clásico

Así fue la lección de Mourinho al Barcelona de Flick: Bernardo piensa y Mbappé ejecuta

El portugués ganó la batalla táctica con Bernardo para superar la presión, las ayudas a Cucurella para contener a Lamine y Camavinga para decidir el tramo final

El triunfo evoca el golpe de 2012 al Barcelona de Guardiola: organización, personalidad para resistir el empate y un delantero implacable para castigar los espacios

Mbappé asalta el Camp Nou

Mourinho tenía un plan para conquistar el Camp Nou y sus jugadores lo hicieron funcionar. El portugués encontró respuestas para la presión del Barcelona, redujo la influencia de Lamine Yamal con un esfuerzo colectivo y acertó al recurrir a Camavinga cuando el encuentro necesitaba piernas. Mbappé puso los dos goles de una victoria que tuvo mucho trabajo detrás. El Real Madrid supo dónde podía hacer daño y mantuvo la confianza para buscarlo incluso después del empate.

La noche dejó un recuerdo inevitable de su primera etapa. En abril de 2012, el Real Madrid también ganó por 1-2 al Barcelona de Guardiola en el Camp Nou. Entonces marcó primero Khedira, empató Alexis y Cristiano resolvió después de un pase de Özil. Aquel triunfo encaminó una Liga que acabaría siendo la de los 100 puntos. Esta vez, el golpe llega mucho antes en el campeonato, pero comparte la idea de competir con orden y atacar con decisión el espacio que deja el rival.

Bernardo dio sentido a la sorpresa

La primera decisión importante apareció en la alineación. Mourinho eligió a Bernardo para acompañar a Tchouaméni y dar al Madrid una herramienta con la que superar el acoso azulgrana. Necesitaba un futbolista capaz de recibir con un rival encima, proteger la pelota y encontrar una salida sin precipitarse.

El portugués cumplió esa función y participó en el origen del primer gol. Aguantó, levantó la cabeza y cambió el juego hacia Cucurella. El lateral tocó de primeras para Diomandé y el costamarfileño aceleró hasta la línea de fondo. Su centro terminó a los pies de Mbappé después del despeje defectuoso de Gerard Martín. Hubo fortuna en el rechace, pero antes hubo una secuencia bien ejecutada. El Real Madrid atrajo la presión, encontró el lado contrario y atacó antes de que el Barcelona pudiera reorganizarse. Bernardo había dado sentido a la apuesta de Mourinho.

Cucurella tuvo un equipo detrás

La otra gran tarea estaba en contener a Lamine. Cucurella asumió el primer duelo, acercándose en cuanto recibía para impedir que pudiera girarse y elegir con comodidad. Su agresividad necesitaba respaldo y el Madrid lo organizó alrededor de él.

Tchouaméni vigiló la diagonal interior y la cobertura protegió el espacio a la espalda del lateral. El objetivo era reducir las posibilidades del extremo después de superar al primer defensor. Obligarlo a descargar, alejarlo del área y evitar que cada recepción se convirtiera en una ocasión.

Ese principio recuerda a los esfuerzos colectivos con los que Mourinho intentó limitar a Messi en su primera etapa. Los protagonistas y sus posiciones eran diferentes, pero se mantenía la exigencia de cerrar los caminos hacia el jugador más desequilibrante y sostener al compañero encargado de enfrentarse a él.

Camavinga cambió las piernas del partido

El empate de Raphinha puso a prueba el planteamiento. El Barcelona encontró impulso y el Real Madrid necesitó recuperar energía. Mourinho recurrió a Camavinga por Bernardo para reforzar el centro del campo, ayudar en el costado de Cucurella y disponer de una salida mediante la conducción.

El francés respondió en la jugada decisiva. Recuperó en campo propio, superó la primera presión y encontró la carrera de Mbappé. El delantero atacó el espacio y resolvió el 1-2 en el minuto 86. La sustitución había añadido al equipo justo lo que necesitaba para ese tramo: recorrido para defender y potencia para avanzar.

El recuerdo de Cristiano y Guardiola

En 2012, el Madrid también tuvo que responder al empate del Barcelona. Lo hizo con el pase de Özil y el desmarque de Cristiano, una acción que castigó al rival cuando el Camp Nou acababa de recuperar la esperanza. Ahora fueron Camavinga y Mbappé quienes encontraron el camino hacia la victoria. Sin olvidarnos de Bellingham y su preciosa ruleta y de Güler, que estuvo sensacional.

La conexión entre ambas noches está en esa capacidad para mantener la amenaza mientras el equipo se defiende. Mourinho volvió a preparar un Madrid que sabía sufrir sin renunciar a ganar. Y, como entonces, encontró en su delantero la precisión necesaria para completar el trabajo.

Después frenó la euforia: «El Real Madrid no juega para ganar en el Camp Nou, sino para ganar el campeonato». Había ganado una batalla importante a Flick. Su siguiente obligación era conseguir que el equipo entendiera cuánto camino quedaba.

Lo último en Real Madrid

Últimas noticias