Lluvia, retrasos y acento español en la noche de Kane
La lluvia, el frío y una organización desbordada marcaron una gala que empezó con 45 minutos de retraso y acabó coronando al delantero inglés
España encadenó los seis primeros premios en una noche con emoción para De la Fuente, una flor XXL para Lamine y caras largas en el desenlace
Harry Kane se hace de oro

Londres cumplió con la lluvia, con el frío y con el tráfico. Con la puntualidad británica ya fue otra cosa. El Balón de Oro se llevó su fiesta al London Palladium y debió de dejarse el reloj en París. Primero fueron treinta minutos de retraso. Después, cuarenta y cinco. Entre medias, preguntas sin respuesta, esperas sin explicación y una organización que convirtió la noche más importante del fútbol en un ejercicio de paciencia. El tráfico fue la explicación del atasco. Para el atasco informativo no hubo explicación.
La mudanza tenía su sentido. El galardón celebraba su 70.º aniversario en Londres como homenaje a Stanley Matthews, el inglés que ganó la primera edición en 1956. Un regreso a las raíces con todo preparado para una gran noche. Todo salvo algunos detalles menores, como empezar a la hora y contar a los que esperaban qué estaba pasando.
Luis de la Fuente había llegado poco antes de las 19:15 horas, elegante y con el aura del hombre que ha llevado a España a conquistar el mundo. Le acompañaban Rafael Louzán y Aitor Karanka. Firmó autógrafos, atendió y entró con la tranquilidad de quien ya había hecho los deberes en el césped. Le faltaba recoger el reconocimiento como mejor entrenador del planeta. Viendo lo que tardó en arrancar aquello, tuvo tiempo para preparar otra convocatoria. También llegaron elegantes Alexia Putellas y Unai Simón. España empezó desfilando bien y terminó recogiendo casi todo.
Mbappé agitó la alfombra y Lamine puso la flor
A las 20:53 horas apareció el Real Madrid y la espera encontró una distracción de verdad. Kylian Mbappé provocó un gran revuelo, firmó autógrafos y dejó una sonrisa pequeña, algo nerviosa. A su lado, Cucurella y Diomande. El francés había viajado con la ilusión del que puede salir con el Balón de Oro debajo del brazo, aunque primero había que conseguir que empezara la gala.
Seis minutos después llegó Harry Kane y Londres se vino arriba. Jugaba en casa. El recibimiento ya tenía algo de celebración anticipada, aunque el secreto seguía a salvo.
El desfile continuó: Vozinha, uno de los protagonistas del Mundial, a las 21:11; Arteta, tres minutos después; David Raya, acompañado de su mujer, un minuto más tarde. A las 21:22 apareció Joan Laporta al frente de la expedición del Barcelona. Aquello avanzaba por entregas.
El padre de Lamine posó con el presidente azulgrana mientras el hermano pequeño del futbolista, con pajarita y de la mano de sus padres, disfrutaba de su propia noche de estrella. Le sobraba naturalidad en una alfombra donde no todos sabían muy bien qué hacer con las manos.
Después apareció Lamine, acompañado de su novia, Inés García, y de una flor rosa que merecía acreditación propia. El conjunto llevaba chaqueta negra corta, pantalón amplio, camisa y pajarita del mismo color. Pero cualquier análisis del corte terminaba inevitablemente en aquella enorme dalia prendida en el pecho. Había ido a por el Balón de Oro y, por si acaso, llevaba ya el ramo. Soha y Moha, sus amigos inseparables, estuvieron a su lado.
España recogía y el resto aplaudía
A las 21:45 horas, por fin, empezó la ceremonia. Cuarenta y cinco minutos después de lo previsto. Lamine recogió el primer premio, el Kopa, y abrió una sucesión de triunfos españoles que por momentos convirtió el Palladium en una entrega de premios de casa.
Después llegaron Vicky López y Pere Romeu. Y entonces, De la Fuente. El seleccionador arrancó en inglés mientras Lamine y Cucurella no podían evitar las risas. Un instante de complicidad antes de que el discurso cambiara de temperatura.
Luis recordó a sus padres y a su hermano fallecidos, se emocionó y dejó una reflexión de Marco Aurelio. El hombre que había llegado con porte de campeón del mundo acabó hablando desde un lugar mucho más íntimo. Entre tanto traje, tanto foco y tanta pose, apareció una emoción que no necesitaba producción.
Cata Coll y Unai Simón prolongaron la racha: seis premios, seis españoles. A ese paso, más que una gala internacional parecía que habían fletado un avión para recoger encargos.
Saka recibió el Sócrates; el Barcelona, el premio al mejor club femenino; y Dembélé subió a recoger el del PSG como mejor equipo masculino. Kane se llevó el de goleador, una decisión que con sus cifras tampoco exigía convocar un gabinete de expertos.
Y entonces llegó una actuación musical. Porque, al parecer, después de empezar con 45 minutos de retraso, alguien consideró que lo que necesitaba la noche era otra pausa.
Michael Owen apareció para entregar el Balón de Oro a Alexia Putellas, que conquistó el tercero de su carrera. Otra española arriba. Otro viaje al escenario. Y entonces, ya sólo quedaba el nombre que todos esperaban.
Kane se levantó; Mbappé y Lamine, muy serios
Cuando se anunció Harry Kane, el teatro rompió en una ovación. El inglés se levantó, fue saludando y recibió el reconocimiento de una sala entregada. Mbappé le extendió la mano desde su asiento, sin ponerse en pie. El francés y Lamine mantuvieron el gesto serio. Habían llegado para ganar y les tocaba contemplar cómo el premio se quedaba en casa del anfitrión.
Kane encontró su noche. Londres, después de tantas horas de agua, frío y desorden, encontró a su campeón. Y la organización pudo apuntarse al menos un éxito: el secreto había aguantado hasta el final. La puntualidad británica no llegó a tiempo para verlo.