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Arrasa en la televisión y en los estadios

España ya no molesta

La selección de Luis de la Fuente ha conseguido acabar con la tradicional fobia al "virus FIFA": arrasa en televisión y vuelve a llenar los estadios allá donde juega

Los 5,16 millones ante Croacia, los 4,35 de Wembley y los 3,89 frente a República Checa confirman que el idilio generado durante el Mundial continúa en la Liga de Naciones

Debutar con España vale dinero

España ya no molesta. Hubo un tiempo en el que la llegada de un parón de selecciones era recibida casi como una mala noticia. Se detenía la Liga, aparecía el temido «virus FIFA», los clubes cruzaban los dedos para recuperar sanos a sus jugadores y buena parte del aficionado contaba los días para volver al fútbol de cada fin de semana. Luis de la Fuente ha conseguido cambiar hasta eso. La Selección campeona del mundo engancha, llena estadios y arrasa en televisión. El parón ya no es un trámite. España lo ha convertido en un acontecimiento.

El Mundial terminó, pero la fiebre no. Esa es posiblemente la mejor noticia para la Federación. España alcanzó su punto máximo en la final contra Argentina, con 14,07 millones de espectadores de media y un 79% de cuota de pantalla. Durante la prórroga se llegó a los 15,22 millones y un espectacular 81,8%. Unas cifras propias de los grandes acontecimientos de la televisión española. Lo difícil venía después.

Del Mundial a la Liga de Naciones

El gran interrogante era saber si aquel fenómeno sobreviviría cuando desapareciera el Mundial y regresaran los partidos de Liga de Naciones. La respuesta está siendo contundente. España sigue arrasando.

El partidazo de Wembley contra Inglaterra reunió a 4.356.000 espectadores de media, alcanzó un impresionante 43% de share y consiguió que 8.036.000 personas conectaran en algún momento con La 1. La cadena terminó el sábado como líder con un 17,5% de cuota diaria.

Tres días después, el fenómeno creció todavía más. El España-Croacia disputado en el Sánchez-Pizjuán alcanzó los 5.158.000 espectadores de media y un 40% de cuota de pantalla. Unas cifras extraordinarias para un encuentro de la fase de grupos de la Liga de Naciones. Y Oviedo confirmó que no había sido casualidad.

El duelo contra República Checa reunió a 3.890.000 espectadores de media, un 36,5% de share y 7.450.000 espectadores únicos. El pico llegó en el tramo final, cuando la emisión alcanzó alrededor de 4,85 millones de espectadores y superó el 44% de cuota. Tres partidos de Liga de Naciones. Tres noches con millones de personas delante de la televisión.

España llena allá donde va

Pero el fenómeno no se queda en casa. El Carlos Tartiere presentó contra República Checa una imagen espectacular. 28.515 espectadores poblaron las gradas del estadio ovetense en una jornada en la que Asturias se volcó completamente con la campeona del mundo.

El ambiente comenzó muchas horas antes. Camisetas de España, banderas por las calles y una ciudad pendiente de la Selección. Lo que hace años podía parecer un partido incómodo colocado en mitad del calendario terminó convertido en una fiesta.

Sevilla había vivido algo parecido apenas unos días antes. El Sánchez-Pizjuán presentó una entrada espectacular para recibir a Croacia y disfrutar del 4-1 de España. La apuesta por llevar a la Selección por diferentes puntos de España está funcionando. La campeona del mundo se acerca al aficionado y el aficionado responde.

Una España que garantiza diversión

Hay otra explicación que no aparece en ninguna hoja de audiencias: España divierte. El equipo de De la Fuente tiene la pelota, pero ya no necesita eternizar las posesiones para controlar un encuentro. Tiene velocidad, desborde y jugadores preparados para atacar los espacios. Lamine Yamal y Nico Williams simbolizan ese cambio. Dos extremos capaces de romper cualquier partido y acelerar el juego en cuestión de segundos. Y España ha adquirido además la costumbre de empezar golpeando.

Marcó a los dos minutos en Wembley. Contra Croacia necesitó apenas 104 segundos. Frente a República Checa, Lamine volvió a aparecer prácticamente al comienzo del encuentro. Encender la televisión para ver a España significa saber que pueden pasar cosas inmediatamente.

De la Fuente también cuida a los clubes

Hasta el temido «virus FIFA» empieza a perder argumentos. De la Fuente ha establecido durante este parón una política de riesgo cero con sus futbolistas. Nadie ha completado los tres encuentros y el seleccionador ha realizado rotaciones masivas para repartir los esfuerzos.

Ante República Checa cambió ocho jugadores respecto al encuentro anterior. Lamine, único titular en los tres partidos, fue sustituido al descanso. Cubarsí quedó fuera de la convocatoria después de acumular 180 minutos. Pedri, Rodri, Olmo o Baena también han sido dosificados.

«No hacemos distinciones. A todos les cuidamos por igual», explicó De la Fuente en Oviedo. Una gestión que también reduce el tradicional enfrentamiento entre clubes y Selección. Los internacionales llegan, compiten y regresan sin necesidad de ser exprimidos cuando el contexto permite administrar sus minutos.

Siempre aparece alguien

Y cuando descansan unos, aparecen otros. Esa es otra de las grandes virtudes de esta España. De la Fuente cambia ocho futbolistas y aparecen Iván Fresneda y Roberto Fernández para debutar. Descansa un titular y otro jugador aprovecha la oportunidad.

El aficionado también quiere descubrir quién será el siguiente. España ha construido una rueda en la que prácticamente todos se sienten importantes y en la que la renovación generacional parece permanente. Los campeones continúan y, por detrás, siguen apareciendo futbolistas.

Todo ayuda a explicar una transformación que va bastante más allá de los resultados. España gana. España divierte. España llena estadios. España reúne a cinco, cuatro o casi cuatro millones de espectadores delante de la televisión en una Liga de Naciones.

Durante años, cuando llegaba septiembre u octubre, el aficionado miraba el calendario para comprobar cuánto faltaba para que terminase el parón. Ahora mira cuándo vuelve a jugar España. Y es que, el equipo dirigido por Luis de la Fuente, el hombre que une a todos y llena de orgullo a un país que lo necesita, ya no molesta.