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Con sólo 24 años y mientras estudia Ingeniería Agrícola, Iker ha abierto un bar en un pueblo de 450 habitantes: «Nos gusta que la gente tenga un lugar al que ir»

Mientras muchos jóvenes se marchan de sus pueblos para estudiar o buscar trabajo en una ciudad, Iker Sánchez es un joven que ha decidido probar suerte justo donde nació. Tiene 24 años, estudia Ingeniería Agrícola y, junto a su familia, acaba de ponerse al frente de un bar en Belinchón, un pequeño municipio de Cuenca de alrededor de 450 habitantes. El establecimiento se llama La Parroquia y abrió sus puertas el pasado 18 de julio después de que la familia detectara que al pueblo le faltaba un lugar donde los vecinos pudieran reunirse.

La historia la ha dado a conocer la cadena COPE, donde Iker ha explicado cómo surgió una idea que llevaba tiempo rondando en casa. No tenían experiencia previa en hostelería y poner en marcha el negocio suponía asumir un riesgo, pero coincidió con un momento en el que tanto él como su hermano estaban buscando trabajo. Decidieron intentarlo y poco más de dos meses después de la apertura, asegura que la respuesta de los vecinos ha superado sus expectativas.

Iker Sánchez abre un bar con 24 años en Belinchón

La familia llevaba tiempo observando que en Belinchón faltaban alternativas y que se estaba perdiendo parte de esa costumbre de encontrarse alrededor de la barra de un bar.»Últimamente notábamos que faltaba un poco esa cultura de bar en el pueblo, y justo coincidió una época en la que tanto yo como mi hermano buscábamos trabajo y dijimos, pues, vamos hacia adelante», ha contado Iker a COPE.

El proyecto tenía una dificultad añadida y era que ninguno de ellos procedía profesionalmente de la hostelería así que abrir un establecimiento desde cero significaba aprender sobre la marcha todo lo relacionado con un negocio de estas características, desde la atención al público hasta la organización diaria. Ahí fue especialmente importante que La Parroquia naciera como un proyecto familiar. «Al principio estás un poco perdido y no sabes cómo hacerlo, pero, al fin y al cabo, lo que tiene es que, al quedarse todo en familia, nos apoyamos unos a otros y lo sacamos adelante», explica. El bar finalmente levantó la persiana el 18 de julio.

Los vecinos de Belinchón «se han volcado» con el nuevo bar

La respuesta del pueblo era una de las grandes incógnitas cuando comenzaron. En un municipio de alrededor de 450 habitantes, conseguir que un negocio de hostelería funcione depende en buena medida de los propios vecinos y del movimiento que exista durante la semana, no únicamente de fines de semana o épocas de vacaciones. Por ahora, Iker está satisfecho. Cuenta que los vecinos «se han volcado» con La Parroquia y que desde la apertura han pasado por allí durante las mañanas, las tardes y las noches. El establecimiento ha conseguido así convertirse en ese punto de encuentro que la familia echaba en falta antes de iniciar el proyecto.

Y es que un bar tiene un papel algo diferente cuando se encuentra en un municipio pequeño. Además de servir cafés, comidas o bebidas, puede convertirse en uno de los pocos lugares en los que coinciden habitualmente vecinos de distintas edades. La familia buscaba precisamente recuperar parte de esa vida social. «Nos gusta que la gente tenga un lugar al que ir», explica el joven sobre el propósito que hay detrás de La Parroquia.

Emprender en un pueblo también es posible

Iker compagina ahora el negocio con sus estudios de Ingeniería Agrícola y defiende que quedarse en un municipio pequeño puede ser una opción para los jóvenes, aunque tampoco intenta presentar el emprendimiento rural como un camino fácil. Poner en marcha La Parroquia ha requerido dinero, horas de trabajo y asumir un riesgo sin tener experiencia anterior en el sector. Él mismo reconoce el esfuerzo que supone: «·Es sacrificado, requiere una inversión, un sacrificio, pero yo pienso que sí, que se puede, y que más personas deberían hacerlo».

Su reflexión va más allá de su propio negocio. En un momento en el que muchos pequeños municipios intentan conservar población y servicios, Iker reivindica el papel que pueden seguir teniendo los pueblos. ««Al fin y al cabo, los pueblos es lo que ha dado vida siempre a este país, y pienso que en el futuro también van a volver a hacerlo», asegura a COPE.

Una apuesta familiar que acaba de empezar

La Parroquia apenas lleva unos meses abierta, por lo que la familia todavía está en una primera etapa. El objetivo ahora es aprovechar todo lo aprendido desde julio para mejorar la gestión y conseguir que el establecimiento se mantenga en el tiempo. Para el joven, esa experiencia está transcurriendo además mientras continúa estudiando su carrera y por el momento la apuesta de abrir un bar ha encontrado respuesta entre los vecinos de Belinchón. La familia optó por este negocio porque echaba en falta un lugar donde reunirse y terminó creando precisamente eso. Una barra, unas mesas y un establecimiento abierto durante el día pueden parecer poca cosa en una gran ciudad, pero en un pueblo de 450 habitantes, pueden significar bastante más.