Sabíamos que el congelar el pan era cómodo, barato y estaba de moda. Lo que no tenemos claro es que sea «tan bueno» para la salud
La nutricionista Nuria Romero asegura que "podemos estar tranquilos, porque el pan, al congelarlo, no pierde propiedades nutricionales"
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El mundo está en constante cambio y, si hay algo que lo ejemplifica mejor, es el pan. En los últimos años, aunque se han hecho muchos intentos por revitalizarla (en los 80, se identificaron 315 variedades), se ha observado que está en decadencia.
Las personas compran cada vez menos pan y miles de ellos se preguntan si es buena idea congelarlo. Y la respuesta, por sorprendente que sea, es que sí, aunque hay que saber hacerlo bien. La nutricionista Nuria Romero asegura que «podemos estar tranquilos, porque el pan, al congelarlo, no pierde propiedades nutricionales», aunque reconoce que «sí que a veces puede verse afectada su textura o sabor».
Romero afirma que los mejores panes son «aquellos menos tostados, ya que son los que aguantan mejor el equilibrio de humedad entre la corteza y la miga». Por ello, es buena idea congelar panes grandes o los que están hechos de harina integral o centeno.
Congelar y descongelar un pan
Congelar un pan es sencillo y solo se necesitan tres pasos para hacerlo, aunque muchas personas no lo aplican de forma sistemática. Lo primero es escoger un pan fresco; si se está empezando a poner duro o aún no se ha enfriado del todo, el resultado podría ser peor. A continuación, es recomendable cortarlo en porciones para facilitar su descongelación para, finalmente, empaquetarlo de forma hermética para que la humedad no entre en contacto con las rebanadas.
Para descongelarlo, hay que hacerlo a temperatura ambiente. Se coloca en una rejilla para que la humedad no se acumule, para que tenga buen resultado. Si alguien va mal de tiempo, se puede descongelar en el horno (a unos 160 grados, envuelto en papel de aluminio durante unos 10 o 15 minutos) o directamente en la tostadora si lo tenemos en rebanadas.
Con esta práctica, se ha demostrado que se reduce el índice glucémico, aunque no afecta al almidón resistente (un tipo de carbohidrato difícil de procesar por nuestro organismo). Es por ello que el efecto será «prácticamente nulo; importa mucho más el total de la dieta y los hábitos diarios».
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