¿Por qué mucha gente lleva una castaña en el bolsillo en otoño? Lo que dice la leyenda y cómo saber cuál es la adecuada
Un gesto que puede resultar curioso para quienes lo observan desde fuera, pero que esconde una antigua superstición
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Cuando llega el otoño, las temperaturas se desploman, caen las primeras hojas, sacamos el abrigo y se venden las castañas, el fruto por excelencia de esta estación que muchos recordamos no por su sabor, sino por el olor que desprenden cuando se asan.
Tan características que se han convertido en protagonistas de creencias y leyendas populares que han pasado de generación en generación a lo largo del tiempo.
En este tiempo, es habitual ver cómo algunas personas, especialmente las de avanzada edad, recogen las castañas del suelo cuando pasean por parques o caminan por las aceras y se las guardan en el bolsillo. Un gesto que puede resultar curioso para quienes lo observan desde fuera, pero que esconde una antigua superstición.
La creencia popular detrás de las castañas en el bolsillo
Esta costumbre tiene su origen en la tradición de llevar una castaña de Indias, también conocida como castaña loca, en el bolsillo del abrigo o del pantalón para protegerse de los resfriados, la tos y otras molestias asociadas al frío.
Según esta creencia, basta con recoger una de estas semillas y conservarla durante los meses otoñales. En algunas familias se sustituía cada año, mientras que otras personas la guardaban hasta que se secaba y arrugaba, interpretando simbólicamente que había absorbido las enfermedades.
La tradición se transmitía especialmente de abuelos a nietos y se extendió por distintas regiones europeas. Como es lógico, no existen pruebas científicas de que llevar una castaña en el bolsillo prevenga los resfriados, pero el gesto ha perdurado como una costumbre vinculada a los recuerdos familiares y a las supersticiones otoñales.
¿Cómo distinguirlas de las castañas comestibles?
Aunque a primera vista pueden parecer iguales, las castañas de Indias y las castañas que se venden en los mercados proceden de árboles diferentes. Las primeras crecen en el castaño de Indias (Aesculus hippocastanum), habitual en parques y jardines, mientras que las segundas proceden del castaño común (Castanea sativa).
Hay varias diferencias que permiten reconocerlas. Las castañas comestibles suelen estar protegidas por una cubierta con numerosas espinas largas y densas, mientras que las de Indias presentan una cáscara verde con espinas más cortas y separadas. Además, estas últimas tienden a ser más redondeadas y tienen una superficie lisa y brillante.
Es importante no confundirlas, ya que las castañas de Indias no son comestibles y pueden resultar tóxicas si se ingieren. Tampoco deben darse a niños pequeños ni a mascotas.
Así, lo que para algunos es un simple fruto recogido durante un paseo otoñal, para otros sigue siendo un pequeño amuleto.