Psicología

La psicología concluye que las personas que compran el número de Lotería de Navidad del trabajo no son codiciosos, sino que temen quedarse fuera

Lotería Navidad
Laura Mesonero
  • Laura Mesonero
  • Laura Mesonero Ortiz (Madrid, 2002) Periodista especializada en SEO editorial y desarrollo de audiencias digitales, con experiencia en medios nacionales de referencia como La Razón (Grupo Planeta), The Objective media y ahora en OkDiario. Experta en estrategia de contenidos orientada a Google Discover y Google Search. Perfil híbrido entre redacción, análisis de datos y visión estratégica.

Comprar lotería de Navidad es para muchas personas una tradición que se repite año tras año, cuando empiezan a aparecer los primeros décimos en los escaparates de las administraciones, los comercios y los restaurantes.

El llamado ‘impuesto de los pobres’ suele llegar con agosto y, hasta diciembre, son múltiples las ocasiones en las que los españoles se encuentran con uno de estos décimos entre las manos.

Sin embargo, para quienes no tienen costumbre de jugar, resistirse puede convertirse en todo un reto. A veces pesa más el pensamiento de ‘¿y si toca?’ que la decisión de no comprar ninguno.

No obstante, hay una ocasión en la que resulta difícil decir que no. Se trata del décimo del trabajo. Aunque las probabilidades de ganar son muy pequeñas, siempre existe esa posibilidad y pensar que todos tus compañeros celebran un premio mientras tú te quedas fuera no debe ser plato de buen gusto.

Un ejemplo ocurrió el año pasado en una tienda de Bimba y Lola de Vigo, donde varios empleados resultaron agraciados con el segundo premio  mientras quienes no habían comprado el número se lamentaban. Por eso, participar en el décimo de la empresa se ha convertido en una costumbre incluso entre quienes preferirían no jugar.

El miedo a quedarse fuera de la Lotería de Navidad

Detrás de esta decisión no siempre hay una gran ilusión por ganar dinero. En muchos casos, entra en juego el conocido como FOMO, siglas de Fear of Missing Out, una expresión inglesa que hace referencia al miedo a perderse una experiencia positiva que otras personas sí disfrutan. 

En el entorno laboral, este sentimiento puede aparecer cuando los compañeros deciden comprar un número conjuntamente. Aunque una persona no tuviera intención de participar, imaginar que el décimo resulta premiado y que todos los demás celebran la noticia puede hacer que cambie de opinión.

A esta sensación se suma el arrepentimiento anticipado. Es decir, el temor a lamentar en el futuro una decisión que ahora parece poco importante. En este caso, comprar el décimo puede interpretarse como una forma de evitar el posible malestar de no haber participado si finalmente toca.

La presión social también influye en la decisión

La compra compartida de décimos tiene una dimensión social que va más allá del sorteo. Participar permite formar parte de una tradición colectiva, compartir la ilusión con los compañeros y sentirse integrado en el grupo. 

Por eso, algunas personas terminan comprando un número aunque no crean demasiado en sus posibilidades de ganar o prefieran destinar ese dinero a otra cosa. No quieren tanto participar en el juego como evitar la sensación de ser los únicos que se han quedado fuera si llega el premio.

Esta conducta no significa necesariamente que exista un problema psicológico. En muchos casos, se trata de una decisión cotidiana influida por las emociones, las expectativas y las relaciones con quienes nos rodean. Sin embargo, conviene distinguir entre participar porque realmente apetece y hacerlo por miedo a lo que podría ocurrir si no se compra el décimo.

Cuánto dinero gastamos en la Lotería de Navidad

La tradición está muy extendida en España y la compra de números compartidos forma parte de los preparativos navideños de numerosas familias, grupos de amigos y empresas. Según los datos recogidos en la información de Radio Mitre, una encuesta de YouGov sobre la Lotería de Navidad de 2025 señalaba que el 78,6 % de los consultados había participado en el sorteo.

Entre los encuestados, el 65,5 % había compartido números con familiares, el 25,1 % con amigos y el 19,2 % con compañeros de trabajo. Los porcentajes reflejan que la compra colectiva es una parte importante de esta costumbre, aunque una misma persona puede compartir décimos con varios grupos.

Ante esta situación, una de las recomendaciones es establecer de antemano cuánto dinero se quiere destinar a la lotería y evitar comprar décimos por encima de ese límite únicamente por presión social. Al fin y al cabo, la posibilidad de ganar no debería convertirse en una obligación ni en una fuente de preocupación económica.

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