Las paredes lisas de siempre tienen los días contados: los expertos en interiorismo confirman la nueva tendencia que aporta textura y va a ser lo más visto en 2027
La tendencia que elimina el uso de un solo color en las paredes y añade textura y relieve
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Durante décadas, pintar las paredes de un solo color y dejarlas perfectamente lisas fue la solución que casi todo el mundo daba por buena al terminar de amueblar un piso. Ya fuera que se eligiera un blanco roto, un gris suave o un beige discreto, con ese único color era más que suficiente para que la casa pareciera ordenada y algo más grande de lo que era, y a casi nadie se le ocurría pensar que esa superficie uniforme pudiera resultar monótona. Sin embargo, esas costumbre empieza ahora a perder terreno entre los profesionales del interiorismo, que apuntan a un cambio de tendencia para las paredes, de cara a 2027.
La propuesta que gana adeptos consiste en dar relieve a las paredes con acabados que se aprecian tanto a la vista como al tacto y que aportan a las estancias un aire más cálido y menos aséptico. Para muchos propietarios, lo más atractivo es que permite transformar el aspecto de un salón o un dormitorio sin la necesidad de comprar muebles voluminosos ni sacrificar metros útiles, algo muy importante en viviendas pequeñas. Es decir, que en lugar de renovar toda la decoración, basta con intervenir en una sola pared y convertirla en el detalle que da personalidad al conjunto. Además, la oferta de materiales, terminaciones y colores es tan amplia que la idea se adapta a estilos muy distintos, desde el más clásico hasta el más industrial, y a casas de cualquier tamaño.
Las paredes lisas de siempre tienen los días contados
Durante años en España, la tendencia para darle relieve a las paredes era la del estucado que todos conocemos como gotelé. Sin embargo, lejos de pensar que esa tendencia regresa ahora, lo que explican los expertos en interiorismo es que las paredes de 2027 van a tener mayor profundidad. Una pared lisa siempre se percibe como un plano continuo que apenas llama la atención, mientras que una con cierto relieve genera zonas de luz y sombra que varían a lo largo del día, según entre el sol por la ventana o se enciendan las lámparas por la noche. Ese juego visual hace que la superficie tenga más presencia y que la habitación resulte más acogedora, sobre todo cuando se quiere aportar carácter sin llenar estanterías y mesas de objetos decorativos.
Los especialistas destacan precisamente esa capacidad de la textura para sustituir a los adornos, porque una pared bien resuelta ya funciona como elemento decorativo por sí sola y permite que el resto de la estancia se mantenga despejada. Para quien vive en un espacio reducido, esa ventaja resulta especialmente interesante, ya que evita la sensación de recargamiento que suele aparecer cuando se acumulan piezas pequeñas por todas partes.
Materiales y acabados para todos los gustos
Las posibilidades son numerosas y cada una produce un resultado distinto. Los paneles de madera y los listones verticales por ejemplo, aportan calidez y un aire casi artesanal, y colocados en vertical ayudan a que el techo parezca más alto. Los revestimientos textiles, que recuerdan a un tapizado, suavizan el ambiente y combinan bien con dormitorios y zonas de descanso. Pero quien prefiera algo más contemporáneo puede decantarse por superficies de piedra o con apariencia de cemento, o por pinturas de acabado texturado, que logran un efecto de relieve sin necesidad de instalar materiales pesados. Por eso la elección depende sobre todo del estilo que se persiga y del mobiliario que ya tengamos. De este modo, una pared de listones encaja con una decoración nórdica o natural, mientras que el aspecto de cemento va mejor con espacios de aire industrial. Conviene entonces decidir con calma, mirar muestras con la luz real de la habitación y pensar cómo convivirá la nueva superficie con los suelos, las cortinas y los muebles.
Cómo sumarse a la tendencia sin hacer una obra
Para seguir esta moda no hace falta emprender una reforma. Lo más habitual es trabajar sobre una de las paredes principales, la que queda frente a la entrada del salón o detrás del cabecero de la cama, y dejar el resto lisas para que el contraste sea evidente. La pintura es el recurso más sencillo para crear un efecto diferente, mientras que elegir los paneles, los listones y los revestimientos autoadhesivos están pensados para quienes quieren un resultado más llamativo sin complicarse con trabajos de albañilería. Por otro lado, el color también marca el resultado final: los tonos claros conservan la luminosidad y la sensación de amplitud, y los más oscuros o los relieves muy marcados atraen la mirada y convierten la pared en el foco de la estancia. En definitiva, elegir tonos y materiales que dialoguen con los que ya existen en la habitación ayuda a que la pared no parezca un añadido, y permite actualizar el ambiente con un cambio puntual que le da un perfil propio.
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