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Miguel Induráin, ciclista español (62 años): «Antes en las etapas comíamos bocadillos de jamón y queso, nada de barritas»

Hablar de ciclismo en los años 90, es hacerlo de uno de los nombres propios que copó titulares y premios. En aquella época cualquier aficionado a este deporte, y los que no lo eran tanto, siempre tenían a Miguel Induráin como referente. El ciclista navarro fue uno de los que dominó el Tour de Francia ganando hasta cinco veces esta competición y lo hizo además con una base nutricional que distaba mucho de lo que hoy se ofrece a los participantes, con bebidas, geles, bebidas con carbohidratos y una serie de estrategias diseñadas para cada etapa forman parte de la rutina de los equipos actuales.

En tiempos de Induráin, en cambio, la forma de recuperar fuerzas sobre la bicicleta era bastante más sencilla. Está claro que también se necesitaba reponer fuerzas pero cómo el propio ciclista de 62 años ha explicado, se hacía con un bocadillo o algún dulce. Algo que hoy en día ni tan siquiera se contempla. Sin embargo, parece que aquella alimentación tan básica era algo que funcionaba si tenemos en cuenta que el navarro ganó  los mencionados cinco Tours de Francia entre 1991 y 1995, además de dos Giros de Italia y el oro olímpico contrarreloj en Atlanta 1996. 

Miguel Induráin: «Antes en las etapas comíamos bocadillos de jamón y queso, nada de barritas»

Los bocadillos de jamón y queso y los pasteles que recuerda Induráin servían para recuperar parte de la energía consumida mientras se acumulaban kilómetros. Y fuera de la bicicleta también cuidaba especialmente lo que comía. Como él mismo ha explicado en varias entrevistas, su dieta durante sus años como profesional tenía una importante presencia de carbohidratos, con pasta y arroz, además de fruta y verdura. Las carnes rojas y los huevos, por el contrario, tenían un espacio mucho menor dentro de su alimentación.

Induráin también ha hablado de las conocidas «pájaras», esos momentos en los que el ciclista pierde repentinamente las fuerzas y mantener el ritmo se vuelve especialmente complicado. En su caso, no siempre tenían el mismo origen. «¿Por qué me entraban? Uff, por motivos diferentes», ha contado. La ropa técnica de la época podía hacer que sudara en exceso y terminara deshidratado o que después se quedara frío. En otras ocasiones, el problema era mucho más sencillo: estaba tan pendiente de la carrera que se olvidaba de comer. Retrasar demasiado la ingesta durante un esfuerzo tan prolongado podía acabar pasando factura.

La alimentación en el ciclismo ha cambiado desde la época de Induráin

La imagen de un corredor sacando un bocadillo en mitad de una etapa contrasta con el grado de planificación que existe actualmente. La nutrición deportiva ha avanzado y los equipos profesionales controlan qué comen sus corredores antes, durante y después de competir. Los alimentos específicos para el deporte permiten además ingerir carbohidratos de manera cómoda mientras se pedalea, algo especialmente útil cuando se compite durante varias horas y no hay demasiado margen para detenerse a comer.

Eso no significa que la alimentación de la generación de Induráin estuviera descuidada. El navarro debía mantener un peso que le permitiera rendir durante toda la temporada y su dieta estaba controlada por el equipo. Las diferencias están sobre todo en el conocimiento y los medios disponibles. Actualmente, la nutrición forma parte de una planificación en la que se tienen en cuenta el recorrido, la duración del esfuerzo y las necesidades de cada corredor. En los años noventa había menos productos específicos y alimentos cotidianos como los bocadillos, el arroz, la pasta o los pasteles tenían un protagonismo mucho mayor.

Miguel Induráin también tenía que controlar su peso

Mantener el peso era otro de los aspectos que preocupaban al navarro durante su carrera. Induráin llegó a compartir habitación con Pedro Delgado, compañero en Banesto y ganador del Tour de Francia en 1988, aunque terminó pidiendo un cambio. Según ha recordado, una de las razones era la diferente relación que ambos mantenían con la comida después de competir, ya que Perico «se atiborraba a comida tras las etapas», mientras él debía vigilar especialmente su alimentación.

La dieta tenía que permitirle afrontar carreras de enorme desgaste sin añadir un peso que pudiera perjudicarle, sobre todo en la montaña. Induráin medía alrededor de 1,88 metros y su físico era muy diferente al de muchos escaladores de su generación, de modo que controlar este aspecto formaba parte de su preparación. No se trataba simplemente de comer poco, sino de disponer de energía suficiente para soportar entrenamientos y etapas de varias horas mientras mantenía las condiciones físicas necesarias para competir al máximo nivel.

Así se alimenta Miguel Induráin después de retirarse

La retirada del ciclismo profesional cambió inevitablemente sus necesidades. Induráin ya no tiene que alimentarse pensando en ganar un Tour, aunque continúa haciendo ejercicio. En una entrevista con el diario Sport reconoció además una circunstancia que le ha acompañado durante muchos años: «Siempre he tenido colesterol, incluso cuando corría». Por ello, actualmente procura mantener una dieta mediterránea, sencilla y variada.

Tampoco ha abandonado la bicicleta. «Actualmente no hago entrenamientos específicos, pero me gusta rodar unos kilómetros siempre que tengo tiempo», explicó en esa misma entrevista. Y ya han pasado tres décadas desde sus últimos años como profesional y casi todo a su alrededor ha cambiado, desde las bicicletas hasta los métodos de entrenamiento y la nutrición. De hecho, esos bocadillos de jamón y queso que recuerda son una pequeña muestra de aquella época, cuando todavía no existía el enorme despliegue de productos deportivos que acompaña a los ciclistas actuales.