La lección vital de Juan Luis Arsuaga, paleontólogo: «Hay que vivir como si la vida fuera una película»
Con sólo 7 palabras, el paleontólogo Juan Luis Arsuaga nos hace reflexionar sobre la importancia de valorar la vida
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Juan Luis Arsuaga lleva toda su vida pensando en escalas de tiempo que marean. Como codirector de las excavaciones de la Sierra de Atapuerca, en Burgos, ha pasado décadas interpretando huesos de hace 800.000 años, reconstruyendo especies desaparecidas, imaginando los mundos que habitaron nuestros antepasados más remotos. Por eso resulta especialmente llamativo cuando ese mismo hombre, acostumbrado a mirar hacia atrás millones de años, vuelve la vista al presente y lanza una pregunta incómoda: ¿estamos realmente viviendo nuestra propia vida, o simplemente la estamos dejando pasar?
La respuesta la resume en una frase que pronunció en un vídeo y que desde entonces no ha dejado de circular: «Hay que vivir como si la vida fuera una película». Siete palabras que, en boca de un científico de su trayectoria, tienen un peso particular.
¿Qué quiere decir exactamente Arsuaga con esto? La metáfora del cine no es caprichosa. Cuando uno se sienta en una sala oscura frente a la pantalla, algo ocurre: el mundo exterior desaparece, los problemas cotidianos se suspenden y la atención se concentra por completo en lo que está sucediendo ahí delante. Uno se deja absorber. No está pendiente del móvil, no está repasando mentalmente la lista de la compra ni anticipando el disgusto del día siguiente. Está, sencillamente, presente.
La provocación de Arsuaga es precisamente esa: ¿por qué somos capaces de esa entrega total cuando vemos una historia de ficción y no cuando vivimos la nuestra propia? La vida, dice el paleontólogo, también tiene sorpresa, también tiene giros de guion, también tiene belleza y también tiene drama. El problema es que la mayoría de la gente la atraviesa en modo automático, sin detenerse a observarla.
Esta idea encaja perfectamente con el pensamiento que Arsuaga ha ido desarrollando a lo largo de los últimos años como divulgador. El científico, autor de libros como El collar del neandertal o las obras escritas junto al periodista Juan José Millás, defiende lo que él llama las tres ‘aes’ de una vida con sentido: aprender, admirar y mantener un apetito constante por las maravillas. No como obligación intelectual, sino como actitud vital. Como una forma de estar en el mundo que requiere esfuerzo y decisión consciente.
«Vive deliberadamente», insiste Arsuaga citando a Henry David Thoreau y su célebre retiro en el bosque de Walden. La idea no es escapar a ningún sitio, sino tomar las riendas de la propia atención. Decidir qué libro leer, a qué conferencia ir, qué exposición visitar, a qué persona interesante conocer esta semana. Porque las cosas no solo ocurrieron en el pasado, advierte: están ocurriendo ahora, y dentro de treinta años nos daremos cuenta de que hoy era un momento histórico que dejamos pasar sin enterarnos.
Hay en todo esto una coherencia profunda con su oficio. Un paleontólogo sabe mejor que nadie que el tiempo es finito y que los rastros que dejamos son fragmentarios y casuales. En Atapuerca, cada fósil es un accidente afortunado: de los miles de individuos que vivieron en aquella sierra hace cientos de miles de años, solo han llegado hasta nosotros unos pocos huesos. La mayor parte de esas vidas se perdió para siempre sin dejar huella. Arsuaga conoce esa verdad mejor que nadie, y quizás por eso insiste tanto en no desperdiciar el tiempo que tenemos.
Vivir como si la vida fuera una película no significa dramatizarla ni convertirla en un espectáculo. Significa, simplemente, prestarle la misma atención que le prestaríamos a una buena historia. Dejar de ser espectadores distraídos de nuestra propia existencia y convertirnos, de una vez, en sus protagonistas.
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