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Los jardineros coinciden: éste es el mejor lugar para colocar los geranios en invierno y evitar que se estropeen por el frío

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Los geranios son una de las plantas más habituales en balcones, terrazas y jardines gracias a su belleza y facilidad de mantenimiento. Conocidos por sus flores de colores llamativos, normalmente se cultivan en jardines, terrazas o balcones, pero también se pueden mantener en el interior, siempre que se encuentren cerca de una ventana con mucha luz y alejados de fuentes de calor. Aunque son fáciles de cuidar, cuando llega el invierno, el frío puede convertirse en un verdadero desafío, especialmente si están en el exterior.

En este contexto, los jardineros ofrecen una serie de consejos muy valiosos para cuidar los geranios durante el invierno para mantenerse en buenas condiciones y volver a florecer cuando llegue la primavera. Uno de los aspectos más importantes es elegir una buena ubicación, ya que no vale cualquier rincón de la casa para protegerlos del frío. Cabe recordar que, aunque pueden soportar temperaturas de hasta 30 grados, no resisten bien temperaturas inferiores a 10 grados

El mejor lugar para colocar los geranios durante el invierno

Lo primero y más importante es entender por qué las heladas pueden estropear estas plantas. Los geranios, especialmente los pelargonios que se cultivan habitualmente en balcones y terrazas, proceden de regiones cálidas y no toleran bien el frío; cuando se exponen a heladas, sus hojas pueden presentar manchas oscuras, zonas resecas y otros signos de deterioro. Cuando las bajas temperaturas se prolongan durante varios días los daños pueden afectar también a los tallos y las raíces, comprometiendo su supervivencia. Por esta razón, los jardineros recomiendan adelantarse a la llegada del invierno y trasladar las macetas a un espacio protegido.

La ubicación más recomendable es una galería acristalada, un porche cerrado o una habitación fresca con abundante luz natural. Estos espacios protegen las plantas de las heladas, el viento y la lluvia y, al mismo tiempo, les ofrecen la iluminación que necesitan. Lo ideal es buscar una estancia alejada tanto de las corrientes de aire como de las fuentes de calor directo. Aunque durante los meses más fríos del año se ralentiza su crecimiento, los geranios siguen necesitando abundante luz natural.

En cuanto al riego, mantener la misma frecuencia que en verano puede provocar un exceso de humedad en la tierra y favorecer la pudrición de las raíces. «Aquí es donde suele cometerse el error: o se mantiene el mismo riego y la planta se seca, o se riega en exceso de golpe. Pero el cambio no es brusco, sino progresivo. Si en invierno regabas cada 15 o 20 días, en primavera puede pasar a ser cada 12 o 14, y más adelante cada 7 o 10, dependiendo de cómo se seque la tierra. Por eso, más que regar más, lo importante es revisar con mayor frecuencia, observar la humedad del sustrato y adaptar el riego a las necesidades reales de la planta», explica el experto en jardinería Álvaro Pedrera.

Una forma muy sencilla de comprobar si los geranios necesitan agua es introducir un palito de madera en el sustrato y sacarlo después de unos segundos. Este método permite conocer el nivel de humedad del interior de la maceta, donde se encuentran las raíces. Si el palito sale con restos de tierra húmeda adheridos, significa que todavía queda suficiente humedad y no es necesario regar. Por el contrario, si sale prácticamente limpio y seco, es posible que la planta necesite agua.

La poda también ayuda a prepararlos para afrontar los meses fríos. Antes de trasladarlos a su «ubicación de invierno», conviene retirar las hojas amarillentas, las flores marchitas y los tallos que estén secos o dañados. Si la planta ha crecido demasiado, se puede realizar una poda de mantenimiento para facilitar su conservación, pero no es necesario realizar cortes drásticos en todas las plantas. Lo importante es eliminar las partes deterioradas y mantener una estructura saludable.

Plagas y enfermedades

Entre las plagas más habituales que afectan a los geranios se encuentra el taladro del geranio, una mariposa que deposita sus huevos en los capullos y los tallos. Cuando nacen, las orugas penetran en el interior de la planta y se alimentan de sus tejidos, debilitándola y favoreciendo la aparición de hongos. Otra amenaza es la araña roja, que se alimenta de la savia y provoca manchas amarillentas, hojas enrolladas y sequedad.

Los geranios también pueden verse afectados por diferentes enfermedades. La roya se reconoce por unas manchas amarillentas que evolucionan hasta formar pequeñas pústulas de las que se liberan esporas. La bacteriosis, por su parte, produce manchas de aspecto aceitoso en las hojas y puede provocar el secado de los tallos y la caída del follaje.

Otras afecciones frecuentes son la mancha foliar del geranio, que comienza con pequeñas lesiones acuosas que pueden extenderse por las hojas, y la podredumbre gris, una enfermedad causada por hongos que suele desarrollarse en ambientes con demasiada humedad y que afecta especialmente a las flores.