El sastre de Morante revela qué esconde el traje de su última tarde en Las Ventas: las manos de Ceuta y una «M» con un mensaje íntimo
COOL ha podido hablar con Justo Algaba, el sastre que diseña los trajes de luces de Morante de la Puebla
El sastre ha contado a este medio la historia del traje que el maestro lució el pasado 12 de octubre
Hay trajes que se confeccionan para salir a la plaza y otros que empiezan a existir mucho antes de que nadie pueda verlos. En el universo de Justo Algaba, la diferencia está en todo lo que no se aprecia a primera vista: una idea que madura durante meses, un dibujo que encierra una intención, un color elegido por algo más que su belleza. Y, en ocasiones, una letra escondida en el lugar donde el cuerpo soporta su propio peso.
El pasado 12 de octubre, Día de la Hispanidad, Morante de la Puebla apareció en la plaza de toros de Las Ventas con un traje de luces verde y oro. No era una elección casual ni un ejercicio de estética taurina. Detrás estaba Justo Algaba, el sastre que lleva alrededor de quince años vistiendo al torero y que, según cuenta a COOL, todavía no ha repetido ninguno de sus diseños. El vestido tenía nombre propio: Verde Otoño. Y, como sucede con las creaciones que nacen de una idea largamente meditada, también tenía una historia que contar.
«Ayer no iba nada al azar, era un traje muy pensado para Madrid», explica Algaba. La frase sirve para entender su manera de trabajar: en su sastrería, la aguja es la última parte de un proceso que comienza mucho antes, cuando el diseño todavía es una intuición y cada detalle busca su lugar dentro de un relato.
‘Verde Otoño’: el color de una fecha
El primer gesto está en el color. Verde, sí, y con una tonalidad que recuerda a la del uniforme de la Guardia Civil, pero Algaba prefiere llamarlo de otra manera. «Yo le llamo el verde otoño», precisa. La elección respondía, en primer lugar, a la Feria de Otoño de Madrid y a la estación en la que se celebraba la cita. El 12 de octubre era, además, una fecha especialmente señalada: el Día de la Hispanidad y la festividad de la Virgen del Pilar.
El parecido con el verde de la Guardia Civil añade otra lectura visual, inevitable en una jornada de esa naturaleza, aunque el sastre sitúa el origen del nombre en el otoño y en la propia feria. El resultado es un traje que establece un diálogo con el momento, el lugar y el calendario. No se trata de vestir una fecha con un símbolo evidente, sino de dejar que el color haga su trabajo.
«Todo lo pienso bastante a la hora de diseñar un vestido para Morante de la Puebla», cuenta. Esa deliberación explica que sus creaciones no respondan a una sucesión de modelos intercambiables. Cada una tiene un destino y una personalidad propios. Algaba no diseña únicamente para un cuerpo que debe vestir, sino para un torero cuya identidad artística considera parte esencial de la pieza.
Manos Unidas: el dibujo que mira a Ceuta
El simbolismo del traje del 12 de octubre no terminaba en el verde. En el bordado, Algaba introdujo un motivo al que dio un nombre revelador: Manos Unidas. «Porque estamos todos muy unidos», explica. El dibujo partía de una idea de unión que, en sus palabras, debía reunir tanto a quienes siguen a Morante como a quienes no lo hacen, alrededor de un sentimiento compartido.
Las flores bordadas esconden, además, una forma concreta. «Las flores que van bordadas todas son como una mano abierta», señala. Es ahí donde aparece el guiño a Ceuta, incorporado al diseño mediante esa imagen de manos que se abren y se enlazan. Una referencia que adquirió una dimensión inesperada durante la jornada: en la plaza sonó el himno de Ceuta, algo que Algaba asegura que no sabía que iba a ocurrir.
La coincidencia añadió una resonancia especial a un vestido que ya había sido concebido desde la idea de la unión. El sastre no presenta el episodio como una premonición ni como un mensaje preparado de antemano para ese instante. Su explicación es más sencilla: había trabajado sobre un símbolo que consideraba importante y, después, un acontecimiento que desconocía coincidió con él.
«Cada uno se manifiesta en aquello que desarrolla diariamente», reflexiona. En su caso, esa manera de expresarse es el dibujo, el bordado y la confección. De ahí que las manos abiertas no sean un adorno añadido para completar una chaquetilla, sino la traducción visual de una idea. El vestido se convierte así en una pequeña declaración de principios: la unión como punto de partida y la artesanía como lenguaje.
Cuatro meses de trabajo y otros seis de pensamiento
El tiempo también forma parte de la historia de Verde Otoño. Algaba tardó cuatro meses en confeccionar el traje, pero la idea llevaba gestándose entre cinco y seis meses antes de que se decidiera a materializarla. Durante ese periodo barajó dos posibles escenarios para su estreno: Sevilla, con motivo de San Miguel, o Madrid, el 12 de octubre.
La elección de Las Ventas terminó de ordenar el proyecto. El otoño, la feria y el simbolismo de las manos encontraron su lugar en una misma creación. «Hay que vestirlo como un grande», afirma el sastre, consciente de que el traje debía estar a la altura de la figura para la que lo había concebido.
También la construcción de la chaqueta se apartaba de lo habitual. Algaba subraya que su parte delantera no era una chaqueta al uso y que había buscado una solución distinta, pensada específicamente para Morante. Esa exclusividad es una de las claves de su relación profesional: el diseño no se limita a adaptarse al torero, sino que aspira a expresar algo de su personalidad.
«Él, cuando se los presento, le encanta, supera sus expectativas», cuenta sobre la reacción de Morante ante sus creaciones. En aproximadamente quince años de colaboración, insiste, no ha repetido ninguno de los vestidos. No es una cuestión de acumular novedades, sino de evitar que el proceso se convierta en una rutina.
La «M» bordada en la nuca
Pero hay un detalle en el traje que Morante de la Puebla lució el pasado 12 de octubre en Las Ventas que va más allá del color, los bordados y el simbolismo de Verde Otoño. Es una letra M, incorporada a la altura de la nuca, que encierra una de las historias más íntimas de Justo Algaba y su relación con el torero.
La idea nació durante el proceso creativo de otra de sus confecciones para Morante, el traje diseñado para el Domingo de Resurrección. Mientras viajaba para visitar a su hijo en Dubái, el sastre decidió incorporar esa inicial en un lugar que para él tiene un significado especial, tanto físico como emocional.
«En nuestros hombros y nuestro cuello es donde soportamos el peso», explica Algaba. El cuello y la parte alta de la espalda representan, en su interpretación, el lugar donde se acumulan las cargas de la vida, los problemas y las dificultades que nos obligan a bajar la cabeza. De ahí que eligiera precisamente ese punto para bordar la inicial del torero. El mensaje que quiso transmitir con ella es tan sencillo como conmovedor: «Morante está detrás de ti».
La letra no es una firma visible ni un elemento pensado para llamar la atención del público. Es un mensaje personal, una forma de expresar apoyo y acompañamiento a través de un detalle que permanece oculto a los ojos de quienes contemplan el traje desde la plaza. Según cuenta Algaba, Morante ni siquiera conoce el significado que hay detrás de esa M.
Un secreto que el sastre guarda en sus creaciones y que permite comprender su particular manera de entender la sastrería taurina: no todo está hecho para ser visto. A veces, los detalles más importantes son precisamente aquellos que solo conocen quienes los han imaginado y bordado.