La subasta de los Franco se dispara: una jarra alcanza los 10.000 euros y la foto de Juan Carlos I sigue sin venderse
COOL ha seguido la subasta de los objetos procedentes del Pazo de Meirás celebrada por Magna Art Auctions
Una jarra de Talavera del siglo XVII se ha vendido por 10.000 euros, mientras que un tapiz heráldico ha llegado a los 9.000
La venta ha estado rodeada de polémica por la procedencia de los bienes retirados por la familia Franco

Durante décadas, el Pazo de Meirás fue mucho más que una residencia de verano para la familia Franco. Entre sus paredes se acumularon muebles, porcelanas, obras religiosas, tapices y objetos decorativos que formaron parte de la vida cotidiana de quienes habitaron el inmueble. Ayer, martes 27 de octubre, una parte de esa historia volvió a salir a la luz, aunque esta vez lejos de la localidad coruñesa de Sada y bajo la mirada de coleccionistas y compradores reunidos en Madrid. La casa de subastas Magna Art Auctions acogió la venta de los bienes muebles vinculados a la familia del dictador, una convocatoria rodeada de polémica por la procedencia de las piezas y el debate sobre su relación con el patrimonio histórico. COOL siguió la subasta y comprobó cómo algunos objetos alcanzaron cifras muy superiores a sus precios de salida, mientras otros lotes quedaron pendientes de conocer su desenlace. Entre todos ellos destacó una jarra de Talavera que llegó a los 10.000 euros y una fotografía de Juan Carlos I que, por el momento, continúa abierta a las pujas.
La jornada dejó resultados llamativos para piezas de muy distinta naturaleza. La adjudicación más elevada entre los lotes correspondió a una jarra de cerámica vidriada de Talavera del siglo XVII, perteneciente a la serie tricolor o del rayado naranja. Catalogada con el número 111, había salido a subasta por 350 euros y terminó vendiéndose por 10.000 euros, casi 29 veces su precio inicial. El salto fue considerable también en el caso del tapiz heráldico del lote 129, una pieza del siglo XX decorada con las armas de la Monarquía Hispánica que partía de 850 euros y alcanzó los 9.000. Por su parte, una pareja de jarrones de porcelana china de la dinastía Qing, del siglo XIX y decorados con el motivo de los cien ciervos, pasó de los 1.800 euros de salida a los 7.000 de adjudicación. Tres objetos de características muy diferentes que reflejaron el interés que despertó el catálogo y la distancia que, en algunos casos, se abrió entre las estimaciones iniciales y los precios finales.

Una de las historias más llamativas de la subasta estuvo, sin embargo, en una pintura que representaba el propio escenario del que procedían los bienes. El cuadro Vista del pazo de Meirás, de Isabel de Cubas y Gerdtzen, salió a la venta por apenas 50 euros y terminó adjudicándose por 6.000. La cifra multiplicó por 120 el precio inicial de la obra y convirtió este lote, el número 45, en uno de los ejemplos más significativos de la jornada. La misma cantidad alcanzó San Francisco orante ante el crucifijo junto a la calavera, una pintura atribuida al círculo de Luis Tristán, aunque en este caso la diferencia entre el precio de salida y el de venta fue mucho menor: había partido de 5.000 euros. La comparación entre ambas obras puso de manifiesto dos recorridos distintos dentro de una misma subasta: una pintura vinculada directamente al pazo que disparó su valor inicial y otra que ya partía de una cantidad elevada y terminó adjudicándose por 1.000 euros más.
El catálogo también reservó espacio para piezas de mobiliario, escultura y devoción religiosa que encontraron comprador por varios miles de euros. Un bargueño asturleonés del siglo XVII, elaborado en nogal y madera frutal, alcanzó los 5.500 euros frente a los 4.500 de salida. La escultura de San Rafael realizada por José María González del Campo en 1937 se vendió por 4.750 euros, después de partir de 3.000. La pieza presentaba acabado dorado y plateado, una base de mármol negro y una inscripción dedicada a Franco: «CÓRDOBA AL CAUDILLO DE ESPAÑA 1-05-43». También destacó una pintura de Santa Teresa de Jesús de la escuela española del siglo XVII, que pasó de 300 a 4.000 euros. A estos resultados se sumaron una pareja de leones de Foo de porcelana vidriada azul y verde, adjudicada por 3.500 euros, y una pintura de La Anunciación, siguiendo modelos flamencos del siglo XVI, que alcanzó esa misma cifra tras partir de 1.500 euros.

La porcelana china y los objetos de decoración volvieron a aparecer entre los lotes más disputados de los resultados consultados por COOL. Una gran pecera de porcelana decorada con flores y pájaros, acompañada de un soporte de madera, se vendió por 2.500 euros después de salir por 150; una pareja de jarrones chinos de porcelana con esmalte rojo sangre de buey y asas en forma de leones de Foo alcanzó los 2.250 euros, frente a los 250 iniciales. También se adjudicaron por 2.750 euros una sopera de porcelana de la Compañía de Indias, perteneciente al periodo Qianlong de la dinastía Qing, y un conjunto de dos albarelos de farmacia de los siglos XVII y XVIII. En el apartado de mobiliario, una escalera de biblioteca que había salido por 50 euros se vendió por 1.500, mientras que un sofá de terciopelo rojo con flecos alcanzó esa misma cantidad tras partir de 350. Las ventas incluyeron además relojes de sobremesa ingleses del siglo XVIII, alfombras, lámparas de hierro forjado, bargueños y piezas cerámicas de distintas épocas.
La fotografía de Juan Carlos I que todavía admite pujas
Entre los objetos que concentraban una atención especial por su vínculo con la historia de la familia Franco se encontraba una fotografía enmarcada en plata española, identificada con el número 457. La pieza, con marcas de Pérez Fernández y corona real, incluía una dedicatoria atribuida a Juan Carlos I y tenía un precio de salida de 200 euros. A diferencia de los lotes que ya figuraban como vendidos, esta fotografía todavía no se ha subastado y continúa ofreciendo la posibilidad de pujar. La imagen se convierte así en uno de los puntos de interés de una venta en la que algunas piezas ya han alcanzado varios miles de euros, mientras el desenlace de otras seguía pendiente.

La fotografía remite, además, a la relación entre el entonces príncipe y Franco, una circunstancia que añadía interés histórico a un objeto cuyo precio inicial era muy inferior al de las piezas que habían encabezado las adjudicaciones. La diferencia con la jarra de Talavera —vendida por 10.000 euros— o con el tapiz heráldico —que alcanzó los 9.000— era evidente, aunque todavía no podía establecerse una comparación definitiva: mientras estos lotes ya habían encontrado comprador, el proceso de puja de la fotografía seguía abierto. Su evolución permitiría conocer si el interés por el retrato se traducía también en una subida de precio o si finalmente se mantenía cerca de la cantidad de salida.
De residencia de Emilia Pardo Bazán a escenario de una disputa patrimonial
La subasta no se entendía sin la historia del Pazo de Meirás. El inmueble, situado en Sada, fue construido a finales del siglo XIX como residencia de verano de Emilia Pardo Bazán. Tras la muerte de la escritora, pasó por distintas manos y, en 1938, quedó vinculado a Francisco Franco, convirtiéndose en una de las residencias estivales de su familia. Décadas después, su titularidad volvió al centro del debate público. En 2020, la Justicia determinó que el pazo debía regresar al patrimonio público al considerar fraudulenta la operación por la que había pasado a manos del dictador. Tras la devolución del inmueble al Estado, la familia Franco retiró diversos bienes muebles que permanecían en su interior, algunos de los cuales han formado parte del catálogo de Magna Art Auctions.
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La procedencia de esos objetos y las circunstancias de su retirada alimentaron la controversia en torno a la venta. El Ministerio de Cultura sostuvo que se trataba de bienes muebles personales que no habían sido reclamados por el Estado, mientras que colectivos memorialistas cuestionaron la procedencia de algunas piezas y reclamaron que se comprobara su situación. El debate fue más allá del precio que podían alcanzar las antigüedades: afectaba también a la relación entre los objetos, la historia del pazo y la memoria de la dictadura. En el catálogo convivían piezas con un valor artístico o decorativo reconocible y otras cuyo interés residía, en buena medida, en su conexión con las personas que habían vivido en la residencia.
Antes de la subasta, José Miguel Carrillo de Albornoz, director de Magna Art Auctions, explicó a COOL cómo se había gestionado la operación y defendió las garantías del procedimiento. Según afirmó, los objetos se habían retirado con «garantías absolutas» y bajo la supervisión de los servicios jurídicos del Estado y de la Xunta. El responsable de la casa de subastas aseguró que la familia se había puesto en contacto con ellos para ofrecer las piezas y que los abogados del Estado habían comprobado su situación. Frente a las críticas que rodearon la venta, Carrillo de Albornoz expresó su rechazo a convertir los objetos en una cuestión de confrontación política con una frase contundente: «Politizar una taza me parece complicado».

El director de Magna Art Auctions también defendió el interés del catálogo por lo que permitía conocer sobre las costumbres y preferencias de quienes habitaron Meirás. «Hay retazos del alma de la familia», señaló a COOL, al explicar que los objetos conservaban huellas de sus gustos, sus aficiones y sus devociones. Entre las piezas figuraban elementos relacionados con la etapa de Franco en África, objetos vinculados a la devoción por Santa Teresa, porcelanas chinas y piezas de la Compañía de Indias asociadas a Carmen Polo. Desde esa perspectiva, el responsable de la subasta presentó la venta como «una ocasión excepcional de adquirir un recuerdo de una casa histórica de este país».