Máxima protección patrimonial en Mallorca al mayor exponente de la arquitectura señorial rural y futuro museo del vino

En el casal de Can Marc comparten espacio vivienda, bodega, lagares, huertos, establos, dependencias del servicio y noria

Catalogado como monumento también conserva mobiliario de la época, lo que permite una inmersión directa en el siglo XVIII

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Imagen del casal de Can Marc en Binissalem (Mallorca).
Indalecio Ribelles
  • Indalecio Ribelles
  • Redactor de OKBaleares, información local de Palma, social y política. Antes, redactor en EL MUNDO/ Baleares durante 20 años.

Mallorca concede la máxima protección patrimonial al mayor exponente de la arquitectura señorial rural, el casal de Can Marc uno de los exponentes más significativos y completos, ubicado en la localidad de Binissalem, y el Consell acaba de incoar el expediente de su declaración como Bien de Interés Cultural, con categoría de monumento.

De propiedad pública tras ser adquirido por el Govern esta legislatura con fondos europeos, el casal se convertirá en un centro de interpretación del vino y el viñedo en Binissalem vinculado al patrimonio vitivinícola y cultural del municipio.

El majestuoso inmueble sirve como prototipo formal y funcional de las casas mayores de la línea de la pequeña nobleza o linajes terratenientes de Binissalem (los Salom de la Torre), cuya fortuna va ligada intrínsecamente al esplendor del cultivo de la viña y la producción de vino en la comarca durante la época moderna.

Su fachada del siglo XVIII, reformada en torno a 1770, presenta tres balcones con barandillas de hierro forjado de tipo Luis XV y una asimetría característica entre el portal redondo y el balcón central.

En su interior, se conservan elementos originales como la bodega, dos prensas, los establos, el corral y el huerto. La planta baja destaca por el acceso con dos arcos y entrada directa a la bodega, el comedor y las estancias de servicio.

También conserva mobiliario de la época, que permite una inmersión directa en el siglo XVIII.

La importancia histórica del edificio radica no solo en la nobleza de su estancia residencial, sino en conservar intacta toda la topografía funcional de la producción preindustrial: la vivienda señorial convive orgánicamente con las dependencias de la explotación agrícola (bodega, lagares, huertos, establos, dependencias de servicio y noria).

Esto le convierte en un documento histórico tridimensional único de la estructura socioeconómica de la ruralía mallorquina del siglo XVIII.

A diferencia de los palacios de Palma, vinculados a la nobleza titulada y terrateniente de sangre, casales como Can Marc fueron erigidos por la aristocracia rural de la Part Forana.

Dentro de la estratificación social de la Mallorca del siglo XVIII, los Salom de la Torre no ostentaban un título nobiliario de linaje ciudadano (como condados o marquesados), sino que formaban parte del grupo de propietarios rurales ricos, grandes terratenientes locales y productores que monopolizaron el poder político y económico de los pueblos de la isla.

A partir de la segunda mitad del siglo XVII y durante todo el siglo XVIII, la ruralía de Mallorca experimentó una profunda transformación arquitectónica.

Mallorca monumento Can Marc
Imagen del interior de los establos de Can Marc en Binissalem (Mallorca).

Los linajes de la nobleza ciudadana (la aristocracia de Palma) y, especialmente, una naciente clase de propietarios rurales y terratenientes locales (los llamados señores de posesión o ciudadanos honrados establecidos en los pueblos) empezaron a construir grandes residencias urbanas dentro de los núcleos de la Part Forana.

Frente a los casales palaciegos de Palma, la arquitectura señorial de los pueblos mallorquines presenta una hibridación tipológica única: combina el aparato formal y noble de la residencia urbana con el espacio utilitario de las estructuras de producción agropecuaria.

El casal de pueblo no es nunca sólo una casa de descanso; es el cerebro de un auténtico complejo preindustrial.

La comarca del Raiguer, y de forma muy preeminente la villa de Binissalem, constituye el laboratorio idóneo de este modelo arquitectónico.

La expansión del cultivo del viñedo en la comarca a finales del siglo XVII y principios del siglo XVIII —impulsada por la fuerte demanda de exportación de aguardiente y vino hacia el norte de Europa y América— generó una época de esplendor económico sin precedentes.

Esta riqueza vinícola se tradujo en una eclosión constructiva que define la identidad de Binissalem, declarada Conjunto Histórico precisamente por la densidad y calidad de ese legado. El municipio cuenta con una de las mejores canteras de piedra viva (piedra de Binissalem, una variedad de caliza nummulítica muy dura y de tonalidad grisácea/azulada).

La disponibilidad de esta materia prima permitió el desarrollo de un gremio local de canteros y maestros de obras de gran reputación en toda la isla, los cuales dotaron a las fachadas del pueblo de una estética suntuosa y homogénea.

Dentro de este contexto, Can Marc (casas mayores de los Salom de la Torre) es, tal y como defiende la historiadora Aina Pascual, el prototipo inmaculado.

A diferencia de otros casales que sufrieron fragmentaciones hereditarias o reformas agresivas durante el siglo XX, Can Marc ha mantenido su unidad física y funcional (vivienda, bodega, establos y huerto), convirtiéndose en el testimonio material más fiel de la época dorada del Raiguer.

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